El exceso de sudoración afecta a miles de personas condicionando su confianza, relaciones sociales y vida laboral. La Dra. Helenca Navarro de IMR, explica cómo diferenciar la hiperhidrosis de la sudoración normal y cuáles son los tratamientos más eficaces para controlarla.
«Sudar es un mecanismo natural del organismo que permite regular la temperatura corporal», como señala la Dra. Navarro. Sin embargo, cuando la sudoración aparece de forma excesiva, sin calor o esfuerzo físico y llega a condicionar en la vida cotidiana puede tratarse de hiperhidrosis. En este contexto, la Dra. Navarro explica que la «hiperhidrosis es cuando la cantidad de sudor es desproporcionada respecto al estímulo o aparece sin una causa evidente» y añade que «puede manchar la ropa constantemente, dificulta dar la mano o sujetar objetos y generar inseguridad en situaciones sociales o laborales».
¿Cuándo conviene tratar la hiperhidrosis?
No existe una edad determinada para iniciar el tratamiento. Lo más importante es analizar cómo afecta la sudoración en la vida del paciente.
La especialista recuerda que la hiperhidrosis no es un problema estacional que afecte únicamente en los meses de verano. «Muchos pacientes conviven con este exceso de sudor durante todo el año y buscan tratamiento porque condiciona su día a día, independientemente de la época del año» afirma la Dra. Navarro.
Diferentes tratamientos adaptados a cada tipo de paciente
Actualmente existen diferentes alternativas para tratar la hiperhidrosis y la elección del tratamiento depende de la intensidad, la zona afectada y las necesidades de cada paciente. Entre las opciones disponibles se encuentran:
1. Fármacos tópicos: pueden reducir la sudoración, aunque su eficacia suele ser limitada y requieren un uso constante, pudiendo provocar irritación cutánea.
2. Iontoforesis: opción que no provoca irritación, pero requiere constancia y el uso de un dispositivo en el domicilio.
3. Tratamientos orales: se utilizan en casos de hiperhidrosis generalizada, aunque son limitados por la posible aparición de efectos secundarios.
4. Neuromoduladores: una de las opciones más utilizadas en consulta por su eficacia, seguridad y resultados temporales de aproximadamente seis meses.
«Es uno de nuestros tratamientos preferidos en IMR porque se trata de una técnica no invasiva, prácticamente indolora y con muy buenos resultados», señala la Dra. Navarro.
5. Energía térmica: tratamiento mediante energía de microondas que permite eliminar de forma duradera gran parte de las glándulas sudoríparas axilares, reduciendo además el olor corporal y parte del vello de la zona. «Es el único tratamiento no quirúrgico que consigue una reducción permanente de la sudoración axilar», explica la especialista.
6. Cirugía: la simpatectomía torácica endoscópica apenas se utiliza actualmente debido a sus riesgos y a la posibilidad de desarrollar sudoración compensatoria en otras zonas del cuerpo.
Tratamientos seguros con efectos secundarios limitados
Los tratamientos para la hiperhidrosis pueden producir efectos secundarios, aunque suelen ser leves y transitorios. Por ejemplo, los neuromoduladores pueden producir pequeñas molestias o hematomas en la zona tratada, mientras que la energía térmica puede ocasionar inflamación o sensibilidad temporal durante los primeros días. En el caso de los tratamientos tópicos y orales, los principales efectos pueden ser irritación local o síntomas como sequedad de boca.
No obstante, conviene señalar que, en general se tratan de efectos pasajeros que no suelen limitar la elección del tratamiento.
En definitiva, en la actualidad existen diferentes tratamientos que permiten controlar el exceso de sudor e incluso eliminarlo en determinadas zonas del cuerpo. Un diagnóstico y una elección del tratamiento adecuado son claves para mejorar la calidad de vida de los pacientes.