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Ni manchas ni cicatrices. Así debes cuidarte la piel este verano para que no deje huella

La radiación solar, el calor, el cloro y la sal del mar pueden comprometer la recuperación de la piel y favorecer la aparición de manchas y cicatrices permanentes si no se adoptan las medidas adecuadas. La Dra.. Laura Santos, médico estético de DEMYA, explica cómo proteger la piel durante los meses de verano y qué tratamientos conviene posponer hasta el otoño.

Madrid, agosto 2026. El verano invita a pasar más tiempo al aire libre, pero también es una de las épocas del año en las que la piel se enfrenta a un mayor número de agresiones.. La exposición al sol, las altas temperaturas, la sudoración, el agua salada o el cloro de las piscinas pueden alterar la barrera cutánea y dificultar la correcta recuperación de heridas, cicatrices o lesiones inflamatorias, favoreciendo la aparición de manchas que, en algunos casos, pueden permanecer durante meses o incluso hacerse permanentes.

«La radiación ultravioleta es el principal factor responsable de que aparezcan o se agraven las alteraciones de la pigmentación», explica la Dra. Laura Santos, médico estético de DEMYA. «Cuando una herida, una quemadura, una picadura o incluso un brote de acné cicatrizan mientras la piel recibe radiación solar, aumenta el riesgo de desarrollar una hiperpigmentación postinflamatoria».

Una cicatriz sigue necesitando cuidados mucho después de cerrarse

Uno de los errores más habituales, consiste en pensar que una cicatriz deja de requerir atención una vez que la piel ha cicatrizado superficialmente. «Sin embargo, su proceso de maduración puede prolongarse entre 12 y 18 meses, periodo durante el cual continúa siendo especialmente vulnerable a la radiación ultravioleta», incide.

«Retirar las costras antes de tiempo, utilizar productos irritantes sin supervisión médica, descuidar la hidratación o exponerse al sol sin una protección adecuada son algunos de los hábitos que pueden retrasar la recuperación y hacer que la cicatriz resulte más visible. Del mismo modo, bañarse en piscinas o en el mar antes de que una herida haya cicatrizado completamente puede aumentar el riesgo de irritación e infección» explica la Dra. Santos.

La fotoprotección, el mejor tratamiento preventivo

La prevención, por supuesto, continúa siendo la herramienta más eficaz para evitar que el verano deje huella en la piel. Según la especialista, el uso diario de un fotoprotector de amplio espectro frente a la radiación UVA y UVB es fundamental, especialmente en personas con tendencia a desarrollar manchas o que presenten cicatrices recientes.

«En estos casos recomendamos utilizar un protector solar SPF 50+, aplicarlo en cantidad suficiente y renovarlo cada dos horas durante la exposición solar», señala la Dra. Santos. A ello conviene añadir medidas físicas de protección, como sombreros, gafas de sol o ropa adecuada, además de evitar la exposición durante las horas centrales del día. La especialista recuerda también que la radiación UVA atraviesa tanto las nubes como los cristales, por lo que la protección debe mantenerse incluso cuando no se toma el sol de forma directa.

No todas las manchas son iguales

Tras el verano pueden aparecer distintos tipos de alteraciones pigmentarias. Los lentigos solares son consecuencia de la exposición acumulada al sol a lo largo de los años y suelen localizarse en las zonas más expuestas, como el rostro, el escote o las manos. El melasma, por su parte, se manifiesta como placas marronáceas simétricas relacionadas con factores hormonales, predisposición genética y radiación solar. A ellos se suma la hiperpigmentación postinflamatoria, frecuente después de heridas, quemaduras, acné o determinados procedimientos estéticos.

No obstante, desde DEMYA recuerdan que cualquier mancha que cambie rápidamente de tamaño, forma o color, presente bordes irregulares, diferentes tonalidades o sangre de forma espontánea debe ser evaluada por un dermatólogo para descartar patologías que requieran un diagnóstico precoz.

¿Qué tratamientos pueden realizarse en verano?

Aunque muchos procedimientos dermatológicos pueden adaptarse a la época estival, la especialista insiste en individualizar cada caso. «Durante el verano pueden realizarse tratamientos poco invasivos, como determinadas técnicas de hidratación, bioestimulación o infiltraciones, siempre que el paciente mantenga una correcta fotoprotección y siga las indicaciones médicas. En cambio, los tratamientos que provocan una inflamación más intensa de la piel, como algunos láseres ablativos, suelen reservarse para los meses de otoño e invierno, cuando disminuye el riesgo de alteraciones pigmentarias. Los avances tecnológicos de los últimos años, como los láseres más selectivos, las permiten abordar manchas y cicatrices con mayor precisión, menor tiempo de recuperación y un perfil de seguridad cada vez más favorable» explica al detalle.

Cuando acudir al especialista

Si después del verano aparecen nuevas manchas con cambios llamativos, crecimiento rápido, sangrado o picor persistente, o si una cicatriz se oscurece progresivamente o permanece muy enrojecida durante meses pese a una correcta protección solar, es recomendable consultar con un dermatólogo.

El diagnóstico precoz permite instaurar el tratamiento más adecuado, que puede incluir desde despigmentantes tópicos y peelings químicos hasta láseres, luz pulsada intensa, microneedling o terapias regenerativas. En muchos casos, el otoño constituye el momento más adecuado para iniciar estos procedimientos, ya que la menor exposición solar favorece una recuperación más segura y eficaz.

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