La falta de conectividad rural, la inversión inicial y la formación digital continúan frenando la adopción tecnológica entre las explotaciones agrícolas de menor tamaño
Según el Observatorio de la Digitalización del Sector Agroalimentario Español (Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación y Cajamar), el 96% de las explotaciones agrícolas españolas ya usa al menos una herramienta digital, aunque solo un 2 % recurre a soluciones específicas para detectar plagas y enfermedades
Durante siglos, la productividad agrícola dependió casi por completo de la experiencia acumulada del agricultor: el conocimiento del terreno, la lectura del clima y la intuición desarrollada a lo largo de sucesivas temporadas. Esa forma de gestionar el campo convive hoy con satélites, sensores, algoritmos y robots que permiten tomar decisiones con un nivel de precisión impensable hace apenas una década.
El sector agro se ha convertido así en uno de los ámbitos donde la transformación digital avanza con mayor intensidad, impulsada por la presión regulatoria, el encarecimiento de los insumos, la escasez de mano de obra y una exigencia creciente de sostenibilidad. Esta es una de las principales conclusiones del análisis realizado por expertos de Stratesys sobre la evolución tecnológica del sector agro.
El análisis señala que el sector está entrando en una nueva etapa de la agricultura de precisión. Frente a una primera fase caracterizada por la incorporación de herramientas digitales independientes, la denominada Agricultura de Precisión 2.0 se basa en la conexión entre sistemas, la integración de los datos y la automatización de las decisiones dentro de la operativa diaria de las explotaciones.
"La tecnología no viene a sustituir el conocimiento acumulado por los agricultores. Su función es complementar esa experiencia con información más precisa, anticipar riesgos y ayudar a utilizar mejor unos recursos que cada vez son más escasos y costosos", explica Luis Piguillem, director asociado de Stratesys y responsable de la industria agro.
Cinco tecnologías que están redefiniendo la actividad agrícola
En este sentido, los expertos de Stratesys identifican cinco grandes bloques tecnológicos que están impulsando la transformación del sector:
Sensores e internet de las cosas. Los sistemas de medición permiten conocer variables como la humedad del suelo, el nivel de nutrientes, la radiación solar o las condiciones ambientales. Esta información ayuda a aplicar agua, fertilizantes o semillas de manera diferenciada en cada zona de la explotación.
Satélites y drones. La observación remota facilita la monitorización del estado de los cultivos y la detección temprana de plagas, deficiencias nutricionales o situaciones de estrés hídrico. De este modo, los agricultores pueden actuar únicamente en las áreas que necesitan una intervención.
Inteligencia artificial y analítica predictiva. Los algoritmos combinan información procedente de sensores, imágenes satelitales y previsiones meteorológicas para anticipar riesgos, recomendar actuaciones, estimar el volumen de las cosechas y optimizar los calendarios de siembra, riego y fertilización.
Robótica y automatización. La maquinaria autónoma comienza a asumir labores como la siembra, la pulverización selectiva o el mantenimiento de los cultivos, reduciendo la necesidad de supervisión continua y contribuyendo a hacer frente a la escasez de mano de obra.
Blockchain y trazabilidad alimentaria. La tecnología de cadena de bloques permite registrar información sobre el origen del producto, la fecha de cosecha, los tratamientos aplicados, las condiciones de transporte y almacenamiento o su huella de carbono, reforzando la transparencia de toda la cadena alimentaria.
La aplicación conjunta de estas tecnologías permite avanzar desde una gestión uniforme de las explotaciones hacia un modelo de intervención selectiva, en el que los recursos se utilizan únicamente donde y cuando son necesarios.
El margen de crecimiento, sin embargo, es todavía amplio. Según el informe del Observatorio de la Digitalización del Sector Agroalimentario Español —impulsado por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación y Cajamar, y elaborado a partir de 3.434 encuestas a explotaciones e industrias del sector—, el 96% de las explotaciones agrícolas españolas ya utiliza al menos una herramienta digital de uso general, pero solo un 21% emplea soluciones digitales específicas para la detección temprana de plagas y enfermedades. Esa distancia entre digitalización básica y tecnologías de precisión es, precisamente, el espacio que Stratesys sitúa en el centro de la Agricultura de Precisión 2.0.
De acumular información a tomar mejores decisiones
Uno de los principales cambios detectados por Stratesys es la evolución de las necesidades de las explotaciones agrícolas. Después de años generando grandes cantidades de información, el sector comienza a demandar plataformas capaces de integrar esos datos y traducirlos en recomendaciones directamente aplicables.
"La tecnología solo aporta valor cuando simplifica la toma de decisiones. El agricultor no necesita recibir más datos, sino saber qué debe hacer, en qué momento y sobre qué zona concreta de su explotación", apunta Piguillem.
La interoperabilidad será, en este contexto, uno de los elementos determinantes para la evolución del sector. La posibilidad de conectar maquinaria de diferentes fabricantes y centralizar la información en una única plataforma puede contribuir a prolongar la vida útil de los equipos, reducir la dependencia de ecosistemas tecnológicos cerrados y mejorar la rentabilidad de las inversiones.
Además, una gestión integrada de los datos facilitará el cumplimiento de las nuevas obligaciones regulatorias relacionadas con el uso de fertilizantes, los tratamientos aplicados, la trazabilidad de los alimentos y la medición del impacto ambiental.
Conectividad, inversión y formación: los principales retos
Pese al avance tecnológico, la adopción sigue siendo desigual. El coste inicial de los equipos continúa siendo una barrera para las explotaciones pequeñas y medianas, mientras que las limitaciones de conectividad en determinadas zonas rurales dificultan el uso de plataformas en la nube y de soluciones que requieren intercambio continuo de información.
A ello se suma la necesidad de reforzar la formación digital de los profesionales del campo y de establecer modelos claros sobre la propiedad, el almacenamiento y el uso de los datos generados por las explotaciones. La confianza constituye un requisito previo para compartir información. Los agricultores necesitan saber quién controla esos datos, dónde se alojan, quién puede acceder a ellos y con qué finalidad se utilizan.
Sin estas garantías, las explotaciones difícilmente pondrán en común información productiva, económica o agronómica que consideran estratégica. Esta falta de intercambio limitaría la capacidad de conectar distintas fuentes, alimentar modelos predictivos fiables y disponer de una visión completa sobre la que apoyar las decisiones.
"El reto no es exclusivamente tecnológico. Para que esta transformación llegue al conjunto del sector es necesario facilitar la conectividad, desarrollar soluciones compatibles y accesibles, acompañar a los agricultores durante todo el proceso de adopción y establecer garantías de seguridad y transparencia que permitan a cada explotación mantener el control sobre su información", sostiene el director asociado de Stratesys.
Según la compañía, la digitalización dejará progresivamente de ser un elemento diferencial reservado a las explotaciones más avanzadas para convertirse en una condición necesaria para competir, responder a las exigencias del mercado y avanzar hacia una producción más eficiente y sostenible, siempre como apoyo al criterio y al conocimiento profesional del agricultor.