Artículo de opinión Javier Fernández, fundador y director general de Fundación COPADE
Este verano está dejando imágenes devastadoras de grandes incendios forestales en España, y en los últimos díasla situación se ha agravado. El incendio deLa Mierla, en Guadalajara, se ha convertido en el mayor registrado en la historia de Castilla-La Mancha, con más de32.000 hectáreas afectadasy activo todavía.A la vez, la situación en laComunidad de MadridyÁvilase ha convertido en la más grave del país: el incendio que afecta a ambas provincias, junto con Toledo, suma ya 77.000 hectáreas quemadas, lo que lo sitúa como el mayor incendio registrado en la historia de España. Como ocurre cada año, la respuesta inmediata se centra en los medios de extinción desplegados, la coordinación entre administraciones y los planes de emergencia activados. El Gobierno aprobó en junio suPlan de Prevención y Lucha contra los Incendios Forestales 2026, con medidas que refuerzan el dispositivo respecto a años anteriores, y eso es una buena noticia. Pero junto a esa respuesta inmediata, vale la pena abrir también otra conversación, más de fondo, sobre por qué el territorio forestal español es cada vez más vulnerable al fuego.
La ciencia forestal lleva años señalando que gran parte de la explicación tiene que ver menos con la meteorología puntual de cada verano y más con quién cuida el monte durante el resto del año. Diversos estudios del ámbito forestal apuntan a una idea sencilla. Donde desaparece la actividad económica del campo, el monte se llena de matorral seco que actúa como combustible, y donde se vacían los pueblos, desaparecen también los ojos que detectan un conato a tiempo. WWF apunta en la misma dirección al señalar que el éxodo rural de las últimas décadas ha debilitado la economía capaz de mantener vivo el monte, con regiones como Castilla y León, Extremadura o Aragón entre las más expuestas.
Desde COPADE, este diagnóstico conecta con algo que llevamos años trabajando desde otro ángulo, la cooperación y el desarrollo rural. De hecho, en la propia zona de Guadalajara afectada este verano, nuestro proyecto BosquEmprende+, que desarrollamos en el Alto Tajo y la Serranía de Cuenca con apoyo de la Fundación Biodiversidad, trabaja desde hace tiempo en esa dirección, impulsando microempresas forestales dedicadas a la prevención de incendios y la restauración del territorio, en alianza con Rewilding Spain. Pero conviene ser honestos sobre el alcance de esta mirada. La reactivación económica del medio rural es una pieza importante de la prevención, no la única. La lucha contra los incendios necesita también brigadas y trabajos de prevención bien dotados durante todo el año, y una gestión forestal activa que combine varias herramientas a la vez. Pensar que la mano del hombre puede volver a abarcar, sola, toda la superficie forestal como se hacía el siglo pasado es, probablemente, poco realista. Por eso cada vez cobran más fuerza los planteamientos que devuelven a la propia naturaleza parte de esa función, con pastoreo extensivo semi natural, mosaicos de vegetación y una gestión que permite que el monte madure de forma que sea menos inflamable por sí mismo.
Ahí es donde la ganadería extensiva, la gestión forestal activa y la reactivación económica rural dejan de competir entre sí y empiezan a sumar. Greenpeace calcula que impulsar la ganadería extensiva y el silvopastoreo podría generar empleo rural a la vez que crea cortafuegos vivos en parcelas hoy abandonadas. Iniciativas como el proyecto Bosques Sinérgicos, de la Fundación Biodiversidad1, trabajan en modelos de bioeconomía forestal que combinan la lucha contra la despoblación con la prevención de incendios. Son piezas de un mismo rompecabezas, junto a la extinción, la vigilancia y la investigación de causas, no una alternativa que las sustituya.
El cooperativismo y la economía social tienen aquí un papel natural que ocupar, con cooperativas que gestionan pastoreo dirigido o que mantienen vivas las fajas cortafuegos de olivares y almendrales, devolviendo actividad a comarcas que hoy solo aparecen en las noticias cuando arden. Invertir en ese tejido rural, en la prevención durante todo el año y en dejar que la naturaleza recupere parte de su propio equilibrio son, en el fondo, tres formas complementarias de abordar un mismo problema. Seguir reforzando los medios de extinción sigue siendo imprescindible, pero acompañarlo de estas otras miradas permitiría trabajar el problema también desde el invierno, no solo desde el verano.
1BosquEmprende+ cuenta con el apoyo de la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO), a través de la cofinanciación del Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER)