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El diseño de las ciudades y los hábitos cotidianos explican que España sea uno de los países más longevos del mundo, aunque la calidad de vida de mujeres y hombres en la vejez no sea la misma

España debe su longevidad a una combinación de factores, entre ellos, la dieta mediterránea, un estilo de vida activo y social, el acceso a la sanidad pública y el diseño de sus ciudades.

Aunque las mujeres españolas viven más años que los hombres, pasan gran parte de ese tiempo adicional de vida con enfermedades crónicas o limitaciones funcionales que reducen su autonomía.

También la experiencia en las ciudades de mujeres y hombres es distinta: ellas caminan más, usan más el transporte público y se desplazan con patrones más complejos que los hombres por las tareas de cuidado que asumen mayoritariamente, como llevar a los niños al colegio, atender a personas dependientes o hacer la compra.

Expertas en urbanismo, sociología, epidemiología y envejecimiento analizan en el pódcast Salud con Perspectiva, de Organon, esta realidad, y apuntan a las políticas públicas transversales como clave para abordarla.

España es uno de los países con mayor esperanza de vida en el mundo: 85,8 años en mujeres y 80,3 en hombres. Sin embargo, esa longevidad convive con una desigualdad: las mujeres pasan más años con peor calidad de vida, una realidad que puede atribuirse, en parte, al entorno en el que vivimos. Y es que la Organización Mundial de la Salud estima que uno de cada cinco problemas de salud está directamente relacionado con la contaminación, el ruido, la falta de zonas verdes o la desigualdad en el acceso a servicios básicos. Estas han sido algunas de las cuestiones que se han abordado recientemente en el pódcast Salud con Perspectiva, de Organon.

Para Vânia de la Fuente, médica, antropóloga y experta internacional en envejecimiento saludable, esta longevidad no fue el resultado de un plan deliberado: "No nos propusimos ser longevos. Simplemente se dieron una serie de condiciones y una forma de vida saludable que, sin darnos cuenta, han contribuido a llegar a este nivel". Carmen Gallardo, doctora en Epidemiología, ex decana de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Rey Juan Carlos y presidenta de FUNDADEPS, comparte esa visión: "Envejecer no es un problema ni una enfermedad. Es una etapa fisiológica de la salud humana. Y lo que más influye en cómo la vivimos son los estilos de vida: la actividad física, la alimentación... Pero para conseguirlo hay que trabajar desde mucho antes de ser personas mayores".

Una idea que conecta directamente con lo que señalan Susana García Bujalance, arquitecta y urbanista, y Ana María López Narbona, socióloga, ambas profesoras de la Universidad de Málaga: la forma en la que están diseñadas nuestras ciudades influye directamente en la actividad física diaria, en la conexión social y, por tanto, en la salud de quienes las habitan.

Esa relación entre entorno y salud se manifiesta de forma distinta en mujeres y hombres. "Las mujeres caminan más, usan más el transporte público y se desplazan con patrones más complejos que los hombres porque sobre ellas recaen mayoritariamente las tareas de cuidado: llevar a los niños al colegio, atender a personas dependientes o hacer la compra", explica García Bujalance.

Un urbanismo pensado principalmente para los desplazamientos directos entre la vivienda y el centro de trabajo, añade la experta, no siempre responde a esta realidad: "Genera una mayor carga de tiempo y estrés para las mujeres y una exposición a sistemas de transporte público a menudo deficientes, insuficientes o poco adaptados a estas necesidades de movilidad". Ese desgaste cotidiano es, según las expertas, uno de los factores que ayudan a explicar por qué vivir más años no se traduce, para muchas mujeres, en vivir con mejor salud.

Y es que, aunque las mujeres viven más años que los hombres, la mayor parte de ese tiempo adicional transcurre con enfermedades crónicas (como artritis, osteoporosis, depresión o dolor lumbar) o con limitaciones funcionales que, sin ser letales, reducen su autonomía y calidad de vida. De la Fuente advierte, además, que algunos de los hábitos que sostienen la longevidad española están hoy en riesgo, también por el ritmo de vida que impone el entorno urbano actual: "Tenemos más estrés, más aislamiento, las dietas están cambiando, tenemos menos tiempo para cocinar y para socializar. Para mantener esta ganancia en años de vida, y sobre todo para añadir calidad a esos años, necesitamos un esfuerzo más intencional".

Las políticas públicas, clave para un envejecimiento y unas ciudades más saludables

Tanto en el urbanismo como en el envejecimiento, las expertas coinciden en que la respuesta no puede limitarse al ámbito sanitario. Para Carmen Gallardo, revertir esta situación exige superar la fragmentación que a veces existe a nivel institucional: "No podemos seguir trabajando en compartimentos estancos. La promoción de la salud tiene que abarcar lo físico, lo emocional, lo económico y lo social. Y en todas esas políticas tiene que estar la salud con perspectiva, integrada desde el principio y aplicada desde el primer momento".

De la Fuente coincide en la necesidad de una respuesta institucional a la altura del reto demográfico: "El envejecimiento afecta todas las esferas de la vida. Esto va a requerir un pacto de Estado y, potencialmente, la creación de un consejo ministerial que pueda velar por una implementación y una visión del envejecimiento desde diferentes sectores". Una agenda que, según la experta, debe construirse desde edades tempranas: "Hay tanto estigma en la vejez que no pensamos en esta etapa hasta que casi estamos precipitados dentro de ella. Hay que imaginarla desde joven para poder demandar, a lo largo de toda la vida, las políticas que necesitamos", concluye.

Los episodios completos están disponibles en las principales plataformas. Puedes escuchar Ciudades saludables para mujeres y hombres en iVoox y Spotify; y la conversación sobre Las mujeres y los hombres en el envejecimiento, también está disponible en iVoox y Spotify.

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