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Vivir solo sin sentirse aislado: el nuevo reto del alojamiento para estudiantes

La búsqueda de independencia convive con la necesidad de construir vínculos al comenzar una nueva etapa en otra ciudad, en un contexto de déficit estructural de alojamiento universitario

Mudarse para estudiar suele representar el inicio de una etapa marcada por la autonomía, pero también obliga a reconstruir rutinas y relaciones en un entorno nuevo.

Esta necesidad de crear nuevos vínculos cobra especial relevancia entre las generaciones más jóvenes. Según el Estudio sobre juventud y soledad no deseada en España, el 25,5% de las personas de entre 16 y 29 años afirma sentirse sola actualmente, una realidad que pone el foco en la importancia de contar con entornos que faciliten la conexión y el sentimiento de pertenencia.

A esta dimensión social se suma la dificultad para acceder a un alojamiento adecuado. Según el último informe de Savills, España cerró 2025 con 118.762 camas operativas en residencias de estudiantes, un 62% más que hace una década, pero todavía mantiene un déficit superior a 528.000 plazas.

Ante esta falta de oferta, la búsqueda de alojamiento se está abriendo a fórmulas que van más allá de la residencia universitaria y el alquiler tradicional. El reto no se traduce únicamente en sumar nuevas plazas, sino en responder a una doble necesidad: ofrecer entornos que garanticen flexibilidad, privacidad y autonomía, sin renunciar a espacios que promuevan la creación de vínculos al llegar a una nueva ciudad.

En este escenario, el alojamiento flexible está ganando peso como una alternativa capaz de integrar ambas dimensiones. Según datos internos de EPISODE, la plataforma de alojamiento flexible, el número de estudiantes en ciudades como Madrid ya representa un 25% del total de residentes, un porcentaje que la compañía prevé que aumente hasta situarse entre el 30% y el 35% tras la temporada alta de reservas, que se concentra entre julio y septiembre.

Independencia y comunidad dentro de un mismo entorno

El alojamiento flexible plantea una solución intermedia entre la convivencia más estructurada de una residencia universitaria y las gestiones asociadas al alquiler tradicional. Su modelo combina unidades privadas, servicios integrados y espacios compartidos que permiten mantener una rutina propia dentro de un entorno residencial más amplio.

EPISODE aplica este planteamiento en Madrid mediante alojamientos preparados para estancias temporales, en los que conviven estudiantes, jóvenes profesionales y personas que se encuentran en un momento de transición académica o laboral.

La propuesta combina unidades individuales equipadas con espacios destinados al estudio, el trabajo, el deporte y el descanso. El valor de estas zonas no reside únicamente en los servicios que ofrecen, sino también en su capacidad para generar encuentros cotidianos y facilitar que los residentes establezcan vínculos de manera natural.

“Quienes se trasladan solos suelen valorar especialmente disponer de su propio espacio, pero también encontrar un entorno que les permita conectar con otras personas y con la ciudad. El reto está en respetar la independencia y, al mismo tiempo, evitar que el alojamiento se convierta en un espacio aislado”, explica Esteve Almirall, fundador de EPISODE.

El diseño también influye en la adaptación

La adaptación a una nueva ciudad no depende únicamente del lugar en el que se vive. Sin embargo, la configuración del alojamiento puede facilitar también la creación de nuevas rutinas y relaciones.

Los espacios de uso cotidiano y las experiencias vinculadas al entorno funcionan como puntos de conexión entre residentes con intereses y momentos vitales similares. No se trata de organizar su vida social, sino de ofrecer un contexto en el que relacionarse resulte más accesible.

Esta visión de la comunidad parte de una lógica adulta: cada residente mantiene la intimidad de su unidad y decide cómo vincularse con el resto del entorno. La privacidad y la conexión dejan así de plantearse como opciones incompatibles.

A ello se suman servicios como los suministros, el wifi o la limpieza, que reducen las gestiones habituales de una mudanza temporal y permiten centrar la atención en la nueva etapa académica.

En un mercado marcado por la falta de plazas, ampliar la oferta también implica prestar atención a cómo se vive la llegada a una nueva ciudad. Para muchos estudiantes, elegir alojamiento no consiste únicamente en encontrar una habitación, sino en disponer de un entorno desde el que desarrollar su independencia sin quedar desconectados de la vida que los rodea.

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