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La revisión del T-MEC anticipa unanegociación compleja, pero no romperá la integracióncomercial de Norteamérica

EE.UU., Canadá y México revisan el acuerdo firmado en 2020

La revisión del T-MEC anticipa una negociación compleja, pero no romperá la integración comercial de Norteamérica

La revisión oficial del T-MEC comienza en un contexto de fuertes tensiones comerciales, con Estados Unidos buscando renegociar aspectos clave del acuerdo

La elevada interdependencia industrial entre EE.UU., Canadá y México, especialmente en sectores estratégicos como la automoción y la energía, limita el margen para una ruptura del acuerdo

El comercio entre EE.UU. y sus dos socios aumentó de 615.000 millones de dólares en 2019 a cerca de 800.000 millones en 2022, superando a China como principal socio comercial estadounidense

Aunque las negociaciones podrían prolongarse hasta 2027, el escenario más probable sigue siendo un compromiso que preserve el acceso preferencial al mercado estadounidense

Con EE.UU, Canadá y México habiendo iniciado la revisión formal del T-MEC (Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá), las negociaciones se prevén especialmente complejas y con importantes implicaciones para el comercio en Norteamérica. Sin embargo, pese a las crecientes tensiones entre los tres socios y a las exigencias de la Administración Trump para modificar aspectos clave del acuerdo, los economistas de Coface consideran poco probable una ruptura de la integración económica, debido al profundo grado de interdependencia industrial entre los tres países. Y es que, las exportaciones a Estados Unidos representan el 30% del PIB de México y el 17 % del de Canadá.

Una revisión del T MEC bajo intensa presión

El 1 de julio marca el inicio de la primera revisión oficial del T MEC, que entró en vigor en 2020 para sustituir al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Esta revisión, inicialmente concebida como una simple actualización, se está desarrollando finalmente en un contexto de importantes tensiones comerciales.

La administración Trump desea renegociar en profundidad varias disposiciones del tratado, en particular las reglas de origen para el sector automovilístico, las relaciones comerciales con China, el acceso al mercado canadiense de productos lácteos y determinadas políticas energéticas mexicanas. Ante estas exigencias, México y Canadá tienen sólidos motivos para mantenerse firmes en sus posiciones, lo que sugiere que las negociaciones serán largas y complejas.

Una integración económica cada vez más difícil de cuestionar

Desde la entrada en vigor del T MEC, el valor total del comercio entre Estados Unidos y cada uno de sus dos vecinos ha aumentado de alrededor de 615.000 millones de dólares en 2019 a casi 800.000 millones de dólares en 2022, superando así a China como principal socio comercial de Estados Unidos.

Esta interdependencia resulta especialmente evidente en sectores estratégicos. Canadá y México representan el 51 % de los vehículos importados por Estados Unidos y el 58 % de los componentes de automoción que el país adquiere en el extranjero. En algunos casos, un componente automovilístico cruza la frontera entre Estados Unidos y México entre cinco y siete veces antes de incorporarse a un vehículo terminado. Estas complementariedades son igualmente fuertes en el sector energético, donde Canadá representa el 60 % de las importaciones estadounidenses de petróleo crudo.

En otras palabras, las cadenas de valor norteamericanas se han vuelto demasiado integradas como para que una reversión pueda producirse sin un elevado coste económico.

La guerra comercial refuerza la importancia estratégica del tratado

En el marco de la actual guerra comercial, la relevancia del acuerdo no ha hecho más que aumentar. El cumplimiento de las normas del T-MEC se ha convertido en el principal medio para que las empresas canadienses y mexicanas obtengan exenciones arancelarias. Los productos conformes con el T-MEC han quedado exentos de la mayoría de los aranceles impuestos sucesivamente por la Casa Blanca.

Esta situación otorga actualmente a Canadá y México una importante ventaja competitiva frente a otros socios comerciales de Estados Unidos, especialmente China. En un contexto de reorganización de las cadenas de suministro mundiales, el acceso preferencial al mercado estadounidense se está convirtiendo en un activo estratégico de primer orden para ambos países.

Sin embargo, este éxito también está aumentando las tensiones en torno al tratado. A medida que se amplía la diferencia entre las condiciones de acceso concedidas a los socios norteamericanos y las impuestas a China, Washington teme que su política comercial sea eludida y que Pekín siga manteniendo influencia en determinadas cadenas de suministro regionales. Precisamente por ello, Estados Unidos pretende endurecer ciertas disposiciones del acuerdo, especialmente las reglas de origen para el sector automovilístico y el marco que regula las relaciones comerciales entre sus vecinos y China.

Una resolución rápida parece improbable, pero sigue siendo posible un compromiso

Las conversaciones podrían prolongarse hasta 2027. Las posiciones defendidas actualmente parecen difíciles de conciliar y las primeras conversaciones preparatorias no han logrado reducir las diferencias.

No obstante, el escenario de una retirada total de Estados Unidos sin una solución alternativa sigue siendo poco probable. Una decisión de este tipo provocaría importantes perturbaciones en las cadenas de suministro norteamericanas y en numerosos sectores industriales de los tres países.  

Por tanto, un compromiso pragmático sigue siendo el desenlace más creíble. Este podría adoptar la forma de concesiones específicas que permitan a cada parte proteger sus intereses estratégicos, manteniendo al mismo tiempo un marco preferencial para el comercio regional.

“Las negociaciones que comienzan ahora serán largas y conflictivas. Pero la integración industrial construida durante tres décadas está demasiado arraigada como para ponerse en cuestión de la noche a la mañana. Incluso en caso de bloqueo en torno al T-MEC, es probable que Canadá y México mantengan algún tipo de acceso preferencial al mercado estadounidense, ya que el coste económico de una ruptura sería considerable para los tres países”, afirma Marcos Carias, economista para Norteamérica de Coface.

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