Disponible desde el 20 de febrero a través de Atlantic Records, es su primer álbum en solitario y la obra donde voz, cuerpo y tecnología alcanzan su máxima intensidad
Un trabajo de 13 canciones producido junto a Alizzz y Pau Riutort que convierte la polifonía, la electrónica y la memoria en una declaración artística definitiva
AMA es una palabra polisémica. Es imperativo —amar—, es afirmación —ama como dueña de su voz y de su visión artística— y es también origen: la “A”, la vocal más abierta; la “M”, la primera consonante que aprendemos a articular al mamar del pecho de nuestras madres. Dos sonidos primarios que atraviesan todos los idiomas y que remiten a lo materno, a lo inicial, a aquello que funda. Para Maria Arnal, esos fonemas funcionan como el comienzo de una nueva voz. Y es desde ahí —desde ese punto cero— que nace AMA, su primer álbum en solitario, publicado el 20 de febrero a través de Atlantic Records. AMA no es solo un título: es afirmación, autoría y decisión. El momento en que Maria asume plenamente su historia, su carrera y su visión artística..
Trece canciones que amplían el territorio abierto previamente con sus singles, ‘Ama’, ‘Pellizco’ y ‘Que me quiten’, y que ahora revelan su sentido completo: una arquitectura sonora y vital que desplaza el foco hacia las violencias —históricas y cotidianas— que han moldeado la experiencia de las mujeres. El disco recorre castigos físicos, simbólicos y emocionales ligados al control del cuerpo y del deseo, señalando tanto las estructuras patriarcales como las formas más sutiles de misoginia. Cada repetición insiste en aquello que se intentó silenciar; cada capa vocal devuelve conciencia.
Si los adelantos marcaban direcciones —la expansión coral y tecnológica en ‘Ama’, el cortejo rítmico y terrenal de ‘Pellizco’, la confrontación frontal de ‘Que me quiten’—, el álbum integra esas líneas en una obra íntima, cohesionada y madura. Aquí la polifonía tradicional convive con coros sintéticos; la electrónica avanzada sostiene una ambición pop clara y la innovación se pone al servicio de la emoción. La voz —multiplicada, expandida, y llevada a sus límites— no se diluye: se afirma. La voz física, entrenada y luminosa, pero deliberadamente humana e imperfecta, canta “a la antigua” mientras dialoga con sus réplicas digitales.
AMA es el resultado de tres años de trabajo atravesados por experiencias colaborativas con Marcos Morau, la banda sonora de Polvo Serán, instalaciones como Maria Choir y un proceso de investigación desarrollado junto al Barcelona Supercomputing Center y el Intelligent Instruments Lab de Reikiavik. La inteligencia artificial no aparece aquí como gesto futurista, sino como herramienta rigurosa para explorar la voz humana —el instrumento más antiguo que existe y el único que es también cuerpo—. Como ha explicado la artista, se trata de investigar cómo esa voz física, con respiración y error, puede convivir con otras voces digitales que la acompañan sin sustituirla. Tecnología aplicada desde un marco ético y artesanal, donde innovación y emoción se sostienen mutuamente.
Con AMA, Maria Arnal no inaugura simplemente una etapa: la consolida. Un álbum que no suena a transición, sino a llegada. Una obra donde todo lo anterior encuentra su sentido y donde la artista se muestra en uno de los momentos más sólidos y conscientes de su trayectoria. Un disco que no solo dialoga con su tiempo, sino que lo interpela desde la conciencia del propio cuerpo y desde la convicción de que la tecnología, cuando se usa con conciencia, puede amplificar lo más humano.