Miguel y Ana Sánchez de Educania reconocen en el pregón de la Feria del Libro de Murcia la labor de libreros, distribuidores y editoriales y reclaman más apoyo institucional para asegurar la supervivencia de las librerías y "que Murcia no se transforme en una ciudad sin identidad propia"
Hace 50 años el negocio de los libros era muy diferente a lo que se conoce hoy en día. Sin internet ni correo electrónico, ni mucho menos con las herramientas digitales que hoy ya están extendidas, los pedidos se hacían apoyados en catálogos de papel, una herramienta imprescindible junto al teléfono, aunque en aquel momento solo servía para hacer llamadas. Dedicarse a la distribución requería también conocer las librerías y cada ejemplar, porque el distrubuidor era un puente entre las editoriales y librerías, los libros y los lectores. Hace medio siglo Miguel Sánchez se adentró en este mundo que hizo de la literatura su compañera de vida.
Sin darse cuenta, inculcó a su hija Ana Sánchez que detrás de un libro siempre "hay alguien que está buscando algo, aunque muchas veces no sepa exactamente qué". Su infancia pasó entre cajas, libros y lectores, cuando acompañaba a su padre a las primeras ferias del libro de Murcia que se celebraban en la plaza Santa Isabel, Santo Domingo, Plaza del Romea y finalmente Alfonso X el Sabio. No era de extrañar que se sumara al negocio familiar en su nave en Puente Tocinos, con la visión de segregar el negocio para abrir mercado en la distribución escolar. Llegaron a tener un punto de venta físico en la propia nave hasta que hace 14 años, siguiendo las peticiones de los clientes, abrió sus puertas Educania en el centro de Murcia, conviviendo ambos proyectos hasta que Miguel Sánchez Libros cerró en 2020 y su gerente empezó su merecida jubilación.
En todos estos años, Educania consiguió conervirse en uno de los grandes templos de la literatura en la ciudad, siempre con la mirada puesta en los más pequeños. El pasado mes de junio bajó la persiana y ayer, gracias al pregón de la Feria del Libro de Murcia 2026, volvió a cobrar vida.
La Fundación Mediterráneo fue testigo de un auténtico homenaje a las personas y distribuidores que hay detrás de cada libro, librería y editorial, y que hacen posible que esta maquinaria cultural funcione. El primero en intervenir fue Miguel Sánchez, que hizo un guiño a la memoria de la literatura de hace medio siglo atrás. "El libro salía de las librerías y se encontraba con los ciudadanos en la calle, eso no ha cambiado", indicó, aunque sí ha cambiado la curiosidad de la gente, porque el libro había que tocarlo, mirarlo, abrirlo y preguntar, y muchas vesces dejarse aconsejar. Recordó cómo las librerías "han dejado una pequeña huella de la historia del libro de nuestra ciudad" y cómo ha permanecido ese trato humano y conocimiento que traspasa más allá de los nuevos hábitos de lectura y compra.
"En una época en la que recibimos información constantemente, en la que vivimos rodeados de pantallas y en la que todo parece suceder cada vez más deprisa, detenerse ante un libro sigue siendo un acto extraordinariamente sencillo y extraordinariamente poderoso", indicó Miguel, asegurando que "las ferias eran y siguen siendo un lugar de encuentro".
Un templo de fantasía
Ana Sánchez no quería abrir simplemente una tienda: "Quería crear un lugar que no existía en la ciudad; un espacio de fantasía y un lugar en que los niños pudieran entrar y sentir que estaban entrando en otro mundo", contaba en su pregón. Eso hizo que muchos niños llegaran con sus padres y se sentaran allí a jugar sin querer irse, y que volvieran de adolescentes a buscar nuevas lecturas.
Romántico fue el momento en el que se recuperó la Feria del Libro de Murcia y Ana Sánchez volvía a esas casetas, ahora como responsable de un negocio. "Yo no llegaba a la Feria por primera vez, pero esta vez había algo diferente: ahora los libros que llevábamos eran también parte de nuestro proyecto y volvimos a llenar las calles de historias", compartió, recordando cómo cambia la ciudad gracias a este encuentro. Aprovechó para dar las gracias a quienes respaldaron esta tienda física, a quienes brindaron conversaciones, risas, llantos y confesiones en sus paredes, como una despedida que ahora ha tenido su momento de gratitud pública. "He aprendido que cerrar una puerta no significa necesariamente terminar una historia", indicó, mostrando su orgullo de abrir la Feria Bonica junto a su padre en este pregón, como si fuera un cierre de círculo a lo vivido, a la vez que abre una nueva etapa para Educania en ferias y otros proyectos culturales.
Padre e hija transmitieron la necesidad de cuidar librerías, libreros y ferias para que se encuentren con la gente, en una labor fundamental como el cuidado de la cultura y el futuro de los niños y niñas, reclamando apoyo institucional para respaldar al pequeño comercio y "que Murcia no se trasnforme en una ciudad sin identidad propia".
"La mejor manera de entender una profesión como la nuestra no es hablar de años, cifras, empresas o editoriales, sino hablar de continuidad, de personas que transmiten a otras el amor por los libros y de generaciones que encuentran nuevas maneras de acercarlos a los lectores. Porque mientras alguien siga abriendo un libro y leyendo sus páginas, todo seguirá teniendo sentido", concluyó Miguel Sánchez.
"Veinte años en una librería infantil son una generación entera de lectores murcianos, y muchos de ellos pasearán mañana por el Paseo Alfonso X el Sabio sin saber que el primer libro que tuvo en las manos, se lo dieron Miguel o Ana", señaló el director de la Feria del Libro de Murcia, Jesús Boluda del Toro, poniendo en valor el trabajo de los libreros independientes que siguen levantando la persiana cada mañana.
Por su parte Belén López, concejala de Educación del Ayuntamiento de Murcia, también resaltó que "quizás no recordemos todos los libros que hemos leído a lo largo de nuestra vida, pero casi todos podemos recordar a aquella persona que nos puso uno en nuestras manos en un momento adecuado".
Recuerdo a José Ballesta
Boluda del Toro hizo un homenaje durante el pregón a José Ballesta, alcalde de Murcia hasta su fallecimiento el pasado 10 de mayo y "un grandísimo lector", que durante la inauguración del pasado año dijo con cariño y orgullo que la Feria Bonica estaba a la altura de cualquier feria del libro del país.
Justo esta edición se celebra diez años después de que un grupo de escritores y artistas se juntaran para dar vida de nuevo a la Feria del Libro, aunque no llegaría hasta el centro de la ciudad hasta 2018. En todo este tiempo ha conseguido crecer de unas pocas casetas a 76 que aglutina en esta ocasión, con un centenar de actividades que llenan salas, atraen público y generan impacto económico, comercial y cultural en la ciudad.
"Gracias a este trabajo conjunto entre administraciones y sector privado vamos a disfrutar de una feria que va a batir récords", auguró el director general de Patrimonio Cultural de la Consejería de Turismo, Cultura, Juventud y Deportes, Patricio Sánchez López.
Mañana viernes, a las 12:00 horas, tendrá lugar la inauguración oficial con el recorrido a las casetas, en el que estará presente la consejera de Turismo, Cultura, Juventud y Deportes, Carmen Conesa; la alcaldesa de Murcia, Rebeca Pérez, y el director de la Feria Bonica, Jesús Boluda del Toro, entre otras autoridades locales y regionales.