Casi seis años tardó la Comunidad Autónoma en que el Plan Director de los Molinos de Vientos fuera una realidad en 2020. Y, desde entonces, sólo ha aportado la irrisoria cantidad de 300.000 euros para que el contenido de ese informe cogiera forma sobre unas pocas unidades en la Comarca del Campo de Cartagena. El Partido Cantonal de Cartagena exige, por lo tanto, una partida en el próximo Presupuesto regional para la restauración de molinos de viento, declarados en su totalidad Bien de Interés Cultural, destinada a un nuevo programa de ayudas para sus propietarios.
En aquella primera intervención, siempre en consonancia con el texto del Plan Director que elaboraran por concurso público los arquitectos Enrique de Andrés, Coral Marín y Fernando de Retes, la Consejería de Turismo, Cultura y Deportes ofreció una línea de subvenciones a la que sólo tenían acceso los propietarios de veintinueve molinos ubicados en la franja costera del Mar Menor hasta 1.500 metros tierra adentro coincidente con una zona parcial de los municipios de Cartagena, Los Alcázares, San Javier y San Pedro del Pinatar. El PCAN considera necesario la ampliación de esta actuación al resto de ejemplares del territorio comarcal cartagenero ante el raquítico primer proyecto de trabajo. Al margen quedaron entonces la práctica totalidad de las diputaciones de Cartagena, así como los municipios de Torre Pacheco, Fuente Álamo, La Unión y Mazarrón.
El secretario general y candidato a la Alcaldía por el Partido Cantonal de Cartagena, Antonio Conesa, considera que esta única contribución regional a la recuperación de un elemento patrimonial de tal importancia resulta del todo "insuficiente". La Comunidad Autónoma cuenta con 221 molinos de viento, de los cuales 180 pertenecen al municipio de Cartagena. De esta forma, sólo los propietarios de un 13% de estos monumentos etnográficos tuvieron ocasión de optar a las ayudas de Cultura.
El pliego de condiciones concluía que el dueño del molino tenía acceso hasta el 80% del coste de la rehabilitación aunque en esta ecuación conseguían preferencia aquéllos que más cantidad aportaban de su pecunio particular. El Plan Director sugiere la conversión de estos edificios en estandarte de un nuevo modelo de gestión cultural, medioambiental y de ocio. Y abría así la puerta a la creación de centros de interpretación e incluso de alojamientos rurales. El IV Congreso Etnográfico del Campo de Cartagena también incluía otros usos como venta de productos autóctonos (quesos, vino, artesanía, harina molida en el propio molino, pinturas, esculturas, fotografías o publicaciones) o la adecuación de mini espacios culturales, tanto para exposición como para conferencias.