En la fértil vega del Guadalquivir, donde se asentó la antigua Ilipa Magna, tiene lugar cada Jueves Santo una de las manifestaciones más singulares y arraigadas de la religiosidad popular andaluza. En la localidad sevillana de Alcalá del Río, la Hermandad de la Vera-Cruz inicia su estación de penitencia desde la Real Ermita de San Gregorio de Osset a las 18:00 horas, en el marco de una Semana Santa de Alcalá del Río que ostenta la declaración de Interés Turístico Nacional de Andalucía desde 2003.
La Antigua, Real, Ilustre y Fervorosa Hermandad y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Vera-Cruz constituye uno de los pilares históricos y devocionales de la villa. Su imagen titular, el Santísimo Cristo de la Vera-Cruz, es atribuida al escultor de origen flamenco Roque Balduque, quien la habría realizado entre 1557 y 1561, si bien algunos estudiosos sitúan su ejecución en fechas anteriores. La talla, de notable realismo y profunda expresividad, presenta unas dimensiones singulares ,apenas 1,15 metros, que remiten a su primitiva función procesional, cuando era portada en brazos por un clérigo.
Junto a esta venerada imagen, recibe culto la Santísima Virgen de las Angustias Coronada, obra que la tradición atribuye al imaginero sevillano José Montes de Oca hacia 1726, atendiendo a su afinidad estilística con otras creaciones documentadas del autor. La imagen mariana, de extraordinaria belleza y clasicismo, procesiona bajo palio con un manto verde oscuro bordado en oro, pieza de estética decimonónica donada en 1903 por el célebre torero Antonio Reverte Jiménez, quien ostentó el cargo de Hermano Mayor de la corporación.
La sede canónica de la Hermandad se encuentra en la citada Real Ermita de San Gregorio de Osset, templo vinculado históricamente a la protección de los Reyes Católicos, quienes promovieron su dotación a finales del siglo XV. Desde este enclave parten los actos que, desde primeras horas del día, marcan el pulso festivo de la jornada, destacando la tradicional “diana floreada” que anuncian las bandas de música y que convoca a hermanos y fieles.
Uno de los ritos más característicos es el denominado “paseo”, que precede a la salida procesional. Esta comitiva, integrada por nazarenos y formaciones musicales, recorre las calles céntricas con un ritmo evocador, rememorando la antigua costumbre de acompañar al Santísimo Sacramento en su traslado a los enfermos durante la tarde del Jueves Santo. En la actualidad, este acto cumple además una función organizativa y simbólica, sirviendo de anuncio público de la inminente estación de penitencia y facilitando la ordenación de un nutrido cortejo que supera ampliamente el millar de participantes.
Una vez iniciada la procesión, el Santísimo Cristo de la Vera-Cruz avanza sobre un monte de claveles de intenso color rojo, símbolo del sacrificio redentor. A sus pies, una imagen de María Magdalena, de vestir y notable expresividad, intensifica la carga emocional del conjunto. El crucificado incorpora, además, elementos iconográficos de gran significado, como el velo de tul y oro que pende del madero horizontal, evocación del velo del templo rasgado tras la muerte de Cristo, y la representación del pelícano, símbolo eucarístico por excelencia.
El cortejo se enriquece con la presencia del grupo romano, popularmente conocido como “armaos”, así como con diversas formaciones musicales que acompañan a los pasos a lo largo de la tarde, la noche y la madrugada. La Virgen de las Angustias Coronada, por su parte, recorre las calles ilipenses bajo palio, recibiendo el fervor de vecinos y visitantes en un ambiente de intensa devoción y solemnidad.
Especial mención merece la participación de las denominadas “Santas Mujeres”, cerca de cuatrocientas hermanas ataviadas con mantilla negra que preceden al paso de palio. Esta tradición, mantenida de forma ininterrumpida a lo largo de los siglos, constituye uno de los rasgos distintivos de la Semana Santa de Alcalá del Río, evocando el duelo por la muerte de Cristo y anticipando la solemnidad de la jornada del Viernes Santo.
La Hermandad conserva asimismo formas tradicionales de portar sus pasos, siendo estos llevados al hombro por hermanos nazarenos sin antifaz, ceñidos con cincho de esparto y revestidos con peto de terciopelo verde bordado en oro. Este singular modo de procesionar, transmitido de generación en generación, refuerza la identidad propia de la corporación.
El cortejo incorpora, además, valiosas reliquias, entre ellas el Lignum Crucis, así como otras vinculadas a San Gregorio de Osset y a San Francisco de Asís, enriqueciendo el significado espiritual de la procesión.
En definitiva, la salida procesional de la Hermandad de la Vera-Cruz en Alcalá del Río constituye una expresión de extraordinario valor histórico, artístico y devocional, en la que tradición, fe y patrimonio se conjugan para ofrecer una de las estampas más emblemáticas de la Semana Santa andaluza.
Fotografía Antonioi Rendón Domínguez