Región

La Vida Consagrada, una pregunta que sigue iluminando nuestro mundo

¿Para quién eres? (30° Aniversario)

Cada 2 de febrero, la Iglesia nos invita a detenernos y mirar con gratitud una realidad silenciosa, pero esencial: la vida consagrada. Coincidiendo con la fiesta de la Presentación del Señor, celebramos la XXX Jornada Mundial de la Vida Consagrada, una ocasión privilegiada para reconocer, agradecer y acompañar a tantas personas que han entregado su vida a Dios y a los hermanos.

En un mundo marcado por la prisa, la fragmentación y la incertidumbre, esta Jornada no es solo una conmemoración interna de la Iglesia. Es, sobre todo, una pregunta abierta a todos: ¿para quién vivimos?, ¿qué sentido tiene nuestra vida?, ¿qué lugar ocupa el otro en nuestro proyecto personal? Pues nuestra existencia alcanza su plenitud cuando se convierte en don para los demás.

Para Totana, hablar de Vida Consagrada es hablar de rostros concretos y de una presencia fiel en el tiempo. El convento Capuchino y la comunidad de las Hijas de la Caridad son testimonio de una entrega silenciosa que ha dejado una profunda huella en la vida espiritual, social y caritativa de nuestro municipio.

1.- ¿Quién instituyó esta Jornada y con qué motivo?

La Jornada Mundial de la Vida Consagrada fue instituida por el Papa San Juan Pablo II en 1997, con un doble propósito muy claro: por un lado, dar gracias a Dios por el don de la vida consagrada; y, por otro, ayudar a todo el pueblo cristiano a conocerla mejor, valorarla y sentirse corresponsable de ella.

Desde sus inicios, esta Jornada ha querido ser un puente entre los consagrados y el resto de la Iglesia; entre el carisma y la vida cotidiana; entre la oración y el compromiso.

2.- ¿Qué es esta Jornada?

Es una jornada de celebración, reflexión y oración, en la que se pone en el centro la vida de monjes, monjas, religiosos, religiosas, institutos seculares y nuevas formas de consagración.

No se trata de ensalzar personas concretas, sino de descubrir una forma de vida que, desde la sencillez y la fidelidad diaria, se convierte en signo de esperanza para todos.

3.- ¿Por qué es importante celebrarla?

Porque la vida consagrada recuerda a la Iglesia y al mundo algo fundamental: que Dios basta, que la vida tiene sentido cuando se entrega y que el amor, cuando es auténtico, siempre se convierte en servicio.

En tiempos de crisis vocacional, esta Jornada no es una queja ni una nostalgia del pasado, sino una llamada a renovar la cultura vocacional, a ayudar especialmente a los jóvenes a descubrir que la vida no se improvisa, se responde.

4.- ¿Qué relevancia tiene el lema de este año?

El lema de 2026, ¿Para quién eres?”, no es un simple eslogan. Es una pregunta que incomoda y despierta. Nos saca de la autorreferencialidad y nos coloca frente al sentido profundo de la vocación.

No se trata solo de preguntarse quién soy, sino para quién vivo. La Vida Consagrada responde con claridad: para Dios y para los hermanos, especialmente los más pobres, los olvidados, las periferias existenciales de nuestro tiempo

5.- Relación con la fiesta de la Presentación del Señor.

No es casual que esta Jornada se celebre el 2 de febrero, cuarenta días después de la Navidad. María y José presentan a Jesús en el Templo, lo ponen en manos del Padre.

Del mismo modo, las personas consagradas presentan su vida como ofrenda. No desde la perfección, sino desde la disponibilidad. La Iglesia, como madre, vuelve a decir ese día: aquí estamos, Señor, para lo que Tú quieras.

6- La esencia del mensaje del papa León XIV

El papa León XIV insiste en una idea clave: la Vida Consagrada está llamada a ser profecía social y levadura de esperanza. No desde los márgenes, sino en el corazón del mundo.

Invita a los consagrados a vivir con sencillez evangélica, alegría profunda y cercanía real a las personas, recordando que su misión es señalar los “bienes futuros” sin desentenderse de las heridas presentes.

7.- Un aspecto especialmente relevante hoy: la sinodalidad.

Esta Jornada se sitúa en pleno camino sinodal de la Iglesia. La Vida Consagrada aporta aquí un valor decisivo: comunidades que escuchan, disciernen y caminan juntas.

La sinodalidad no es una moda, sino un estilo evangélico que la vida consagrada lleva siglos practicando y que hoy se ofrece como modelo para toda la Iglesia.

Para concluir…

La XXX Jornada Mundial de la Vida Consagrada no es solo una celebración para unos pocos. Es una invitación para todos.

Nos recuerda que la vida encuentra su plenitud cuando se da, que el amor crece cuando se comparte y que la esperanza se hace creíble cuando se encarna.

La pregunta sigue resonando, sencilla y profunda: ¿para quién eres? Responderla, cada uno desde su propia vocación, es quizá el mejor homenaje que podemos hacer a la Vida Consagrada… y al Evangelio.

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