Santiago Abascal aplaude el divorcio del PP con el PSOE, pero ignora que su formación ha perdido a todos sus fundadores históricos y a la mayoría de sus líderes territoriales. La pregunta no es si Vox sube en las encuestas, sino cuánto le queda antes de implosionar
Hay gestos que desnudan la realidad. Este jueves, mientras Santiago Abascal celebraba con teatralidad la ruptura del PP con el PSOE ese divorcio que la ultraderecha exigía a gritos, en Murcia se producía otro episodio que ilustra la paradoja mortal de Vox: la dimisión en bloque de toda la dirección regional, dejando solo a su presidente territorial, José Ángel Antelo .
La ironía es demoledora. Un partido que aplaude cuando otros rompen alianzas por "principios", es incapaz de mantener unidas sus propias filas. Desde su fundación en 2013, Vox ha perdido a prácticamente todos sus fundadores históricos y a buena parte de sus líderes territoriales. No por traición, sino por un patrón sistemático de purgas, autoritarismo y desprecio a la democracia interna que Abascal nunca se ha atribuido.
La lista de los "traidores" que resultaron tener razón
El éxodo comenzó pronto. En 2014, apenas un año después de la fundación, Alejo Vidal-Quadras el hombre que financió la primera campaña electoral de Vox con dinero de la resistencia iraní abandonó la formación junto al exministro de UCD Ignacio Camuñas y el filósofo José Luis González Quirós. Tres fundadores que enviaron una carta a Abascal explicando su desilusión: creían que Vox no estaba capacitado para luchar solo contra el "populismo de izquierdas" y el "bipartidismo histórico" .
Ese mismo año, Cristina Seguí otra fundadora denunció irregularidades económicas internas y abandonó el partido. En 2015, González Quirós también se fue. El primer presidente de Vox, José Antonio Ortega Lara, duró apenas meses antes de ser sustituido por Abascal en septiembre de 2014 .
La segunda ola de abandonos llegó con el éxito electoral. En 2020, Francisco Serrano, líder de Vox en Andalucía, fue expulsado tras una causa judicial por subvenciones. En 2022, el terremoto Macarena Olona: la candidata a la Junta de Andalucía y portavoz en el Congreso no solo abandonó Vox, sino que denunció "machismo" interno, equiparó a la formación con "una organización nazi" e insinuó desvíos de dinero hacia la Fundación Disenso, presidida por el propio Abascal. El líder de Vox se limitó a decir que "no sabría explicar qué ha pasado" .
El terremoto de 2023-2024: cuando la cúpula se desmorona
El agosto de 2023 marcó un punto de inflexión. Iván Espinosa de los Monteros, secretario general y portavoz parlamentario, renunció a su escaño alegando "motivos personales". La realidad era otra: Abascal le había apartado de la toma de decisiones diarias y confeccionó las candidaturas para el 23J sin consultarle. Su marcha destapó la guerra entre las "dos almas" de Vox: el sector liberal, encabezado por Espinosa, y el ultracatólico-tradicionalista de Jorge Buxadé, vinculado al Opus Dei y con pasado falangista .
Tras él, la debacle territorial. En octubre de 2024, Rocío Monasterio, líder de Vox en Madrid desde su fundación, fue destituida "a dedo" como presidenta regional. Su reemplazo, José Antonio Fúster, fue nombrado sin consulta interna. Monasterio denunció la falta de democracia interna y abandonó la política: "A la vista de que hoy no soy la persona de confianza del secretario general ni del presidente, me parece lógico y honesto entregar mi acta de diputada" .
En 2025, Juan García-Gallardo, vicepresidente de Castilla y León, dimitió alegando "discrepancias con la estrategia nacional". Fue expulsado junto a Ana Isabel Hernando y Javier Teira. Su pecado: criticar la democracia interna del partido. El nuevo portavoz, David Hierro, y el presidente del Parlamento, Carlos Pollán, fueron impuestos desde Madrid. Solo las provincias de Burgos y Salamanca mantenían lealtad a García-Gallardo; el resto, "alineadas a las ideas del líder" .
La purga de julio de 2024: cinco vicepresidentes sacrificados
El 11 de julio de 2024, Abascal ordenó a sus cinco vicepresidentes autonómicos Aragón, Murcia, Extremadura, Comunidad Valenciana y Castilla y León que abandonaran los gobiernos de coalición con el PP. La excusa: la acogida de menores extranjeros no acompañados. La realidad: Vox había quedado por debajo del 10% en las europeas y necesitaba un "efecto llamada" para recuperar votos .
Los vicepresidentes obedecieron, pero no todos aceptaron el sacrificio. En Extremadura, Ignacio Higuero prefirió romper con Vox antes que abandonar el gobierno de María Guardiola. En Aragón, Alejandro Nolasco dimitió alegando: "Nosotros tenemos palabra, tenemos conciencia, no estamos aquí por sillones". En Murcia, José Ángel Antelo hizo lo propio .
Estos no fueron casos aislados. En Baleares, Idoia Ribas, Sergio Rodríguez y Agustín Buades dimitieron en bloque del grupo parlamentario, dejando el partido pero no el escaño. En Extremadura, las tensiones por la negociación con el PP provocaron más bajas. En todas partes, el mismo patrón: la dirección nacional imponía, los territorios obedecían o se iban .
Murcia, febrero de 2026: la gota que colma el vaso
El 26 de febrero de 2026, cinco de los seis miembros del Comité Ejecutivo Provincial de Murcia dimitieron en bloque. No por discrepancias ideológicas, sino por una "grave crisis de cohesión interna" y desacuerdo con la gestión de Antelo. El objetivo: forzar su salida mediante la disolución del órgano y la imposición de una gestora desde Madrid .
Es el mismo método que en Madrid, Castilla y León y Extremadura: si el líder territorial no es "de confianza" de Abascal, se le purga. La democracia interna es inexistente. Los nuevos comités se nombran "a dedo" desde la dirección nacional. Y si alguien protesta, es expulsado o se va.
¿Por qué se van realmente? Los motivos ocultos
Las razones de los abandonos no son "motivos personales" ni "discrepancias estratégicas". Son sistemáticas:
1. Autoritarismo absoluto: Abascal controla todo desde Madrid. No hay líderes territoriales genuinos, solo ejecutores de órdenes. Como denunció Monasterio, no hay democracia interna, solo nombramientos a dedo .
2. Purga de liberales: El sector más pragmático, representado por Espinosa de los Monteros y Steegmann, ha sido sistemáticamente marginado. Steegmann denunció el "neofalangismo" de Vox y su deriva "antiliberal" y "anticientífica", especialmente la postura negacionista de Buxadé sobre las vacunas .
3. Finanzas opacas: Olona insinuó desvíos hacia la Fundación Disenso. Seguí denunció irregularidades económicas en 2014. Nunca se han aclarado.
4. Machismo institucional: Olona denunció tratamiento vejatorio por parte de Abascal. La fuga de mujeres líderes Monasterio, Olona, Seguí es significativa.
5. Incoherencia estratégica: Romper gobiernos autonómicos para recuperar votos, pero luego exigir entrar en otros. Celebrar la ruptura del PP-PSOE mientras se desangra internamente.
Las encuestas mienten: el desgaste real
Sí, Vox sube en las encuestas. Según Key Data, acumula cuatro meses de crecimiento y se sitúa en el 14-15% de intención de voto. En Aragón, duplicó escaños en febrero de 2026. En Extremadura, también creció ..
Pero las encuestas no miden la salud orgánica. Vox es un partido desmantelado territorialmente:
- Sin fundadores históricos (todos se han ido o han sido expulsados)
- Sin líderes territoriales sólidos (purga tras purga)
- Con estructuras autonómicas en crisis (Murcia, Madrid, Castilla y León, Extremadura, Baleares)
- Con una dirección nacional que impone, no que debate
El PP lo sabe. Por eso ahora quiere "abrazar" a Vox ofreciéndole gobiernos autonómicos: para desgastarlo. Como señaló Juan Manuel Moreno, "Vox solo empezará a bajar cuando entren en los Gobiernos y asuma responsabilidades" . En Valencia, Vox se libró de gestionar la DANA gracias a que salió del ejecutivo cuatro meses antes. "De no haber roto con el PP, hoy Vox no existiría en España", reconoce un barón popular .
¿Cuánto le queda de vida?
Vox no es un partido, es un vehículo personalista. Cuando Abascal se equivoca como al romper los gobiernos autonómicos en 2024, no hay nadie que le contradiga porque ha expulsado a todos los que podían hacerlo. La estrategia de "control total sin urnas ni oposición interna", como definió su propia reorganización de 2024, le ha blindado en el cargo, pero le ha dejado solo .
El problema es estructural. Un partido que nació como escisión del PP por su "inmovilismo" ante Cataluña y la corrupción, ha reproducido esos mismos vicios: inmovilismo estratégico (solo inmigración y antifeminismo), opacidad financiera, y purga de disidentes.
Las encuestas actuales reflejan el voto de protesta contra Sánchez, no adhesión a un proyecto sólido. Pero cuando Vox tenga que gestionar si es que vuelve a hacerlo o cuando Abascal cometa un error grave sin nadie que le frene, la estructura colapsará.
El tiempo juega en contra. Los fundadores se han ido. Los líderes territoriales están siendo sustituidos por leales sin peso propio. La militancia está "cribada" (solo 35.000 afiliados con derecho a voto tras expulsar a los críticos) .Y el electorado joven que le da el 28% de intención de voto en la franja 18-24 años , no es fiel: es volátil, protestario, y puede migrar a otras opciones (como ya hizo con el auge de Alvise Pérez).
La paradoja final
Abascal celebra la ruptura PP-PSOE como una victoria, pero es un espejismo. El PP juega con él: le ofrece gobiernos para desgastarlo, sabiendo que si entra, se quema; y si no entra, queda como irrelevante. Mientras tanto, Vox se desangra por dentro, perdiendo a sus mejores cuadros por purgas autoritarias.
El líder de Vox nunca se pregunta si el problema es él. Nunca asume responsabilidades. Siempre es la culpa de los medios, de la "izquierda", de los "traidores". Pero cuando todos los fundadores, todos los líderes territoriales originales y buena parte de los cuadros intermedios se han ido, quizás la pregunta no es por qué se van ellos, sino por qué se queda él.
Vox sube en las encuestas, pero es un castillo de naipes. Y Abascal está retirando las cartas de la base, una por una, creyendo que el techo no caerá sobre él.
El partido que aplaude las rupturas ajenas no es capaz de mantener la suya propia. La tragedia es solo suya, pero el coste lo pagará toda la democracia si este personalismo autoritario termina por explotar.
Jose Antonio Carbonell Buzzian