Opinión

Engañosa multiculturalidad

En la posmodernidad actual, gran mentira bailotea alrededor del relativismo cultural. En realidad es una superlativa idiotez tan evidente que no llega ni a mentira. El relativismo cultural que se pasea por nuestras calles viene a afirmar que todas las culturas son iguales en importancia y todas muy respetables. Así, deberíamos aceptar la nueva realidad "multicultural" y ser tolerantes con el que opina distinto a ti. Una película demasiado bonita. Así, la cultura zulú, la tibetana, hindú, islam o el mismo cristianismo tienen el mismo valor. Ahora, lo guay es ser tolerante y respetar la diferencia.

Tengo claro que para el mundo cristiano, toda persona, independientemente de su raza, de su cultura, de su religión o de su ideología merece ser tratada con el respeto que se le debe. No con tolerancia, pero si con la dignidad que cada uno posee.

Toda ideología política, la religiosa o costumbre cultural que atente contra la dignidad del ser humano no solo no debe ser respetada ni tolerada, sino que debe ser combatida sin ningún tipo de componenda. Lo contrario sería cobardía y complicidad con el mal. Más aún, nazismo, fascismo o comunismo, si lo estiman, son ideologías totalitarias que pretenden imponer por sus pistolas unas ideas que durante el siglo pasado provocaron miles de muertes de seres humanos.

Respetar culturas que acepten la poligamia, canibalismo, tortura o el sacrificio de seres humanos también, por su cultura, debería ser respetada. El sometimiento de la mujer en estatus de inferioridad respecto al hombre, por un machismo inaudito, a más de uno debería entrarle retortijones y náuseas. Las prácticas crueles e inhumanas como lapidaciones o la ablación del clítoris, pena de muerte o mutilaciones en plazas públicas a más de uno debería volverlo a pensar.

Así, ¿cómo va a ser igual la cultura occidental que la hindú o la islámica? Hablar de Occidente es hablar de prosperidad y prosperidad. Libertad y prosperidad que han atraído y siguen atrayendo a millones de seres humanos que huyen de la miseria y del atraso cultural de las naciones, víctimas de regímenes corruptos y dictaduras atroces en la mayor parte de los casos.

Sería bueno recordar las sabias palabras de Benedicto XVI que dirigiría a la Asamblea General de las Naciones Unidas: "El reconocimiento de la unidad de la familia humana y la atención a la dignidad innata de cada hombre y mujer adquiere hoy un nuevo énfasis con el principio de la responsabilidad de proteger. Todo Estado tiene el deber primario de proteger a la propia población de violaciones graves y continuas de los derechos humanos, como también de las consecuencias de las crisis humanitarias, ya sean provocadas por la naturaleza o por el hombre. Si los Estados no son capaces de garantizar esta protección, la comunidad internacional ha de intervenir con los medios jurídicos previstos.

La acción de la Comunidad internacional y de sus instituciones, no tiene por qué ser interpretada nunca como una imposición injustificada y una limitación de soberanía. Al contrario, es la indiferencia o la falta de intervención lo que causa un daño real".

Sobra cualquier glosa. Hablar más alto es imposible. Mientras tanto, los occidentales, en lugar de intervenir para evitar que se sigan violando los derechos humanos en el mundo, miramos hacia otro lado, negociando con terroristas, hablando de multiculturalidad o proponiendo alianzas de civilizaciones con quienes pisotean cada día la dignidad de las personas.

Lo intolerable no debe tolerarse. No estaría mal el no olvidarlo.

MARIANO GALIÁN TUDELA

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