Totana

Dos enterramientos del siglo VI descubiertos en Las Cabezuelas reescriben la historia de Totana

El equipo arqueológico desveló el hallazgo en una conferencia celebrada en el CTA con motivo del Día Internacional de los Museos

Totana vivió el pasado sábado una de esas noches que trascienden la simple programación cultural para convertirse en una auténtica experiencia de descubrimiento. Enmarcada en la celebración del Día Internacional de los Museos, la jornada organizada por la Concejalía de Cultura y la Asociación Kalathos culminó con una conferencia que consiguió algo poco habitual: mantener al público en absoluto silencio durante más de una hora mientras arqueólogos y especialistas desvelaban, pieza a pieza, los secretos ocultos bajo la tierra del yacimiento de Las Cabezuelas.

Lo que comenzó como una intensa jornada de visitas guiadas al patrimonio histórico del municipio terminó convirtiéndose en un viaje de 3.000 años hacia el pasado de Totana. Y no un pasado abstracto ni lejano, sino uno profundamente humano. Porque la gran revelación de la noche no fueron únicamente las estructuras arqueológicas o las piezas halladas, sino la posibilidad de mirar directamente a los rostros, las enfermedades, las costumbres y hasta el sufrimiento físico de dos hombres enterrados hace aproximadamente 1.500 años.

La explanada y las dependencias del antiguo Centro Tecnológico de Artesanía (CTA) fueron el escenario de una cita que reunió a vecinos, aficionados a la historia, colaboradores del proyecto arqueológico y numerosos curiosos atraídos por el hallazgo realizado durante la campaña de excavaciones de 2025. Tal fue el interés que parte del público tuvo que seguir la conferencia de pie.

Música para abrir una noche especial

Antes de la conferencia, el ambiente quedó marcado por la actuación del grupo local Low Brass Quartet, integrado por jóvenes músicos totaneros de viento metal cuya interpretación sirvió como elegante preludio de la velada.

Los asistentes premiaron con un largo aplauso una actuación que fue destacada también por el propio González Guerao, quien al tomar la palabra afirmó que el cuarteto "tiene un futuro musical impresionante" y que sus interpretaciones son "una verdadera maravilla". Aquella apertura musical ayudó a crear una atmósfera especial para una noche que terminaría oscilando entre la divulgación científica, la emoción y la reflexión sobre el paso del tiempo.

Poco después tomó la palabra la concejal de Cultura, Maribel Rubio, quien agradeció la asistencia del público y repasó las distintas actividades celebradas durante toda la jornada con motivo del Día de los Museos.

La edil recordó las visitas realizadas durante la mañana al yacimiento argárico de La Bastida y al cementerio municipal junto al cronista Juan Cánovas Mulero, así como las visitas guiadas al Museo de la Torre y a la colección museística de la Policía Local  a cargo de Andrés Martín, artífice de aquella colección. Rubio insistió en la importancia de acercar el patrimonio a los vecinos y reivindicó la necesidad de conocer mejor la historia local: "A veces no conocemos nuestro patrimonio tan bien como pensamos." La concejal definió la conferencia sobre Las Cabezuelas como "el broche de oro" de toda la programación cultural del día.

Ciencia, divulgación y trabajo colectivo

La conferencia estuvo dirigida por los arqueólogos José Antonio González Guerao y Juan Antonio Ramírez Águila, junto a la arqueoantropóloga María Inés Fregeiro Morador, especialista en antropología física y análisis osteológico.

Desde el inicio quedó claro que la intención del equipo no era únicamente presentar hallazgos arqueológicos, sino también explicar el enorme trabajo científico y humano que existe detrás de cada excavación. González Guerao comenzó con una presentación de su compañero Ramírez Águila que arrancó risas entre el público: "No me equivoco si digo que está en el top tres de los arqueólogos de la Región de Murcia. El único defecto que tiene es que no es totanero, que es de Alhama", bromeó.

El arqueólogo quiso también reivindicar el papel de los voluntarios y miembros de la Asociación Kalathos, recordando que la parte visible de una excavación —los quince o veinte días de campaña sobre el terreno— es solo una pequeña fracción del trabajo real. "El proyecto sobrevive gracias a ellos", afirmó antes de pedir un aplauso para todos los colaboradores presentes en la explanada. Detrás de esos días de excavación estival existe un esfuerzo constante de limpieza, clasificación, restauración, documentación y análisis de materiales que se prolonga durante todo el año, todos los martes por la tarde en las dependencias del CTA cedidas por el Ayuntamiento.

La reivindicación del valor científico fue otro de los ejes de la conferencia. González Guerao insistió en que el proyecto no solo cumple una función divulgativa, sino que se ha ido abriendo paso en congresos nacionales e internacionales: Granada, Ciudad Real, Córdoba. "La ciencia sin la divulgación no es nada, pero también estamos haciendo muchísima ciencia", subrayó.

También quiso agradecer la colaboración de Visanfer, los propietarios de la finca, que aportan materiales y apoyo logístico al proyecto, así como al equipo de La Bastida, que dejó equipamiento necesario para la conferencia. González Guerao anunció además que el grupo de investigación de Antigüedad Cristiana de la Universidad de Murcia ha mostrado interés en visitar el yacimiento dada la relevancia del periodo descubierto.

El Villar de las Cabezuelas: un yacimiento de 3.000 años

La primera gran parte de la charla estuvo dedicada a contextualizar históricamente el yacimiento. Juan Antonio Ramírez Águila explicó que el equipo ha recuperado la denominación histórica de "Villar de las Cabezuelas", documentada en textos del siglo XVI. El término "villar" hacía referencia a un asentamiento antiguo despoblado, definición que encaja perfectamente con la naturaleza del enclave.

Situado en el Valle del Guadalentín, en posición intermedia entre Lorca y Murcia, el yacimiento ocupa una suave elevación próxima a la Rambla de la Santa y a la antigua Rambla de los Molinos, curso de agua que históricamente llegó a mover hasta once molinos y que el arqueólogo describió como "un auténtico río permanente" hasta el siglo XIX, recurso fundamental que permitió la ocupación humana del lugar durante milenios.

Uno de los aspectos más interesantes de la conferencia fue la extraordinaria complejidad cronológica del yacimiento. A diferencia de La Bastida, asociada a una cultura relativamente homogénea, Las Cabezuelas presenta una ocupación prácticamente continua durante cerca de 3.000 años. González Guerao recurrió a la imagen que utiliza habitualmente con los grupos escolares: una "tarta de capas de chocolate". Cada capa representa un periodo distinto: Bronce Final, mundo ibérico, época romana, etapa tardoantigua y periodo andalusí. Todo ello concentrado en apenas unos metros de terreno, lo que convierte la excavación en un trabajo extremadamente complejo.

La gran herida de 1972

Uno de los momentos más impactantes llegó cuando el equipo recordó la enorme destrucción sufrida por el yacimiento en 1972. El propietario de la finca decidió explanar gran parte del cerro con maquinaria pesada para transformarlo en terreno agrícola, arrasando más de la mitad de la superficie arqueológica.

Fueron vecinos y maestros de Totana quienes alertaron al entonces director del Museo Arqueológico de Murcia, Manuel Jorge Aragoneses, quien se personó en el lugar y detuvo los trabajos. La intervención que siguió, sin embargo, careció del rigor científico necesario. Aficionados que buscaban "piezas bonitas" despreciaban o destruían directamente los materiales medievales e islámicos. "Nos contaban cómo aparecían ollas enteras y las tiraban", relató Ramírez Águila. El yacimiento quedó entonces etiquetado casi exclusivamente como un gran enclave ibérico, cuando en realidad era mucho más.

El renacimiento del proyecto en 2014

El auténtico relanzamiento científico no llegó hasta 2014, cuando el equipo empezó a trabajar de forma sistemática con escasos medios pero enorme implicación personal. "Hubo quien nos dijo: '¿Pero dónde vais? Ahí no hay nada, está todo destrozado'", recordó González Guerao. La imagen de decenas de colaboradores excavando en pleno agosto "por un bocadillo y un refresco" resume bien el carácter casi vocacional del proyecto.

El trabajo no termina en el yacimiento. En el laboratorio del CTA, cada martes por la tarde, el equipo lava, clasifica, restaura, inventaría, dibuja y analiza los materiales. Algunos de los jóvenes que aparecen en las primeras fotografías del proyecto son hoy ya arqueólogos graduados.

Cerámicas de lujo y contactos con Córdoba

Las excavaciones en el Sector 1 han proporcionado hallazgos materiales notables. En los silos medievales reutilizados como vertederos aparecieron piezas cerámicas excepcionales datadas entre los siglos IX y X, algunas posiblemente vinculadas a talleres califales relacionados con Medina Azahara. Su presencia demuestra que los habitantes del yacimiento mantenían conexiones comerciales y culturales con los grandes centros políticos de Al-Ándalus.

Los investigadores plantearon la hipótesis de que gran parte de aquella población fuera mozárabe, es decir, cristianos viviendo bajo dominio islámico. Las fuentes árabes, concretamente las memorias del rey Abdullah de Granada sobre el asedio cristiano al Castillo de Aledo durante el siglo XI, mencionan que cristianos de la zona ayudaban a los refugiados en la fortaleza. "Muchos de ellos eran de aquí, de este yacimiento, porque es contemporáneo", explicaron.

El Sector 1 también deparó una pieza ibérica excepcional decorada con representaciones zoomorfas: aves, peces y un posible ciervo. Su importancia radica en que este tipo de representaciones no se asocia habitualmente al ámbito bastetano en el que se sitúa históricamente Totana. "Nos estaríamos moviendo en el ámbito de los contestanos", señaló González Guerao, añadiendo que la pieza "va a generar mucho interés en la comunidad científica".

El Sector 3 y el hallazgo inesperado

El verdadero núcleo emocional y científico de la conferencia llegó con los descubrimientos del Sector 3. En apenas cien metros cuadrados se superponen tres periodos históricos distintos. Y fue en el fondo de uno de los silos medievales donde, en la Navidad de 2024, apareció inesperadamente un cráneo humano.

"Podéis imaginar a la voluntaria que estaba excavando ese silo", explicó González Guerao. "Para nada esperábamos que pasase esto." A partir de ese momento comenzó una excavación extremadamente delicada que terminó revelando dos tumbas cuidadosamente preparadas, construidas con fosas delimitadas por mampostería y ladrillos romanos reutilizados, algunos de ellos con digitaciones visibles.

Las pruebas de Carbono-14 realizadas en el laboratorio Cirán, situado en la zona de Burdeos (Francia), gracias a la gestión de la Universidad de Murcia, ofrecieron una datación extraordinaria: siglo VI d.C. Ese resultado sitúa los enterramientos en plena Antigüedad Tardía y abre una nueva etapa histórica para el yacimiento, un periodo "bastante desconocido en la Región de Murcia", en palabras de González Guerao. El contexto histórico es el de la llegada de los bizantinos a la península en el 552 d.C., aunque los arqueólogos fueron cuidadosos: "No estamos diciendo que sean bizantinos, no lo podemos decir abiertamente, pero sí que están en ese contexto."

Los paralelos más cercanos se encontraron en la necrópolis tardoantigua de Eliocroca (Lorca), publicada por Silvia Yus en 2021, y en la necrópolis tardorromana de La Molineta en el Puerto de Mazarrón, cuyo sistema constructivo de enterramientos es muy similar al documentado en Las Cabezuelas.

María Inés Fregeiro: cuando los huesos empiezan a hablar

La intervención más impactante de la noche fue, sin duda, la de la arqueoantropóloga María Inés Fregeiro Morador, quien lleva diecisiete años vinculada a Totana a través del yacimiento de La Bastida. Esta fue su primera experiencia en el mundo romano y tardoantiguo. "Fue maravilloso", confesó. "Intenté usar solo tres palabras para definir al equipo: entusiasmo, dedicación y generosidad."

Con un lenguaje cercano y enorme capacidad divulgativa, la especialista fue guiando al público por el análisis osteológico de ambos individuos.

Individuo 1: el joven de aspecto grácil

El primer esqueleto correspondía a un hombre joven de entre 27 y 29 años. Y aquí llegó uno de los momentos más humanos y divertidos de la conferencia: Fregeiro confesó que, cuando le entregaron el cráneo ya con un nombre masculino asignado por el equipo, estuvo a punto de contradecirles. "No me cuadraba. Pensé que era mujer." La gracilidad del cráneo, con indicadores sexuales muy poco marcados, la llevó a dudar de sus propias capacidades: "Dije, puedo haber perdido actitudes. Hace cinco años que no excavaba." Fue al levantar el esqueleto completo y examinar los coxales cuando todo se aclaró. "¡Es varón! Así que Perico Salchichón, ¿no? ¡Tenías razón!"

La precisión en la determinación de la edad —entre 27 y 29 años— fue posible gracias a que la epífisis de la clavícula, el último hueso en fusionarse en el cuerpo humano, estaba aún en proceso. "Cuando somos bebés tenemos 300 huesos. Cuando somos adultos, 200. Y cuando somos ancianos, menos, porque algunos se fusionan", explicó la investigadora con una claridad que dejó al público sin palabras.

El individuo presentaba además una sutura metópica en el cráneo, un rasgo anatómico poco frecuente que podría resultar útil en futuros estudios genéticos para investigar posibles relaciones de parentesco con el segundo individuo. También mostraba hipoplasia del esmalte dental, señal de episodios de fiebre alta o desnutrición sufridos durante la infancia.

El análisis de la posición de los huesos permitió además reconstruir el ritual funerario: el cuerpo fue depositado con el brazo izquierdo estirado y la mano derecha sobre la pelvis, envuelto en una mortaja muy ajustada que, al descomponerse junto con un posible cojín vegetal bajo la cabeza, desplazó las vértebras cervicales y forzó la posición de clavículas y hombros hacia adelante. Dos clavos de hierro hallados en la tumba sugieren que pudo estar cubierto por una madera.

Individuo 2: una vida marcada por la enfermedad

El segundo individuo causó una enorme impresión. Un hombre de unos cuarenta años, de menor estatura y complexión más robusta, con piernas cortas y brazos largos, cuyo esqueleto contaba una historia de sufrimiento prolongado.

Fregeiro describió un cuadro clínico que comenzó siendo un enigma: sin artrosis en ninguna articulación —lo que debería indicar un hombre joven— pero con el esternón fusionado y el cartílago tiroides osificado, indicadores ambos de una persona mayor de cuarenta años. "Yo decía: 'No entiendo'. Tiene todas las vértebras juveniles, las manos con cero artrosis... No entiendo."

La respuesta llegó al analizar las costillas. Casi todas las del lado derecho mostraban reacciones pleurales, es decir, alteraciones en la membrana que recubre los pulmones: desde lesiones regenerativas hasta lesiones líticas con procesos de destrucción ósea que sugerían focos de pus. El periostio —la membrana externa de los huesos— mostraba reacciones inflamatorias en tibias, fémures, peronés y el brazo izquierdo. "Este hombre padeció una enfermedad pulmonar crónica que posiblemente le ocasionó fatigas, dolor, molestias. Y en casos clínicos recientes los pacientes describen 'que el hueso duele desde dentro'."

La especialista explicó que probablemente la enfermedad le impedía hacer esfuerzos físicos, lo que explicaría la ausencia de artrosis. "Por eso este caso tan críptico más o menos puede llegar a buen puerto."

El momento más sobrecogedor llegó con la fractura de una costilla izquierda. El hueso mostraba un intento incompleto de regeneración, señal de que la lesión seguía activa en el momento de la muerte. "La formación del callo no llegó a fraguar, lo cual es un indicador indirecto de que murió en ese momento, con esto activo." La investigadora planteó la posibilidad de que un ataque violento de tos pudiera haber provocado aquella fractura como episodio final de la enfermedad.

La hipótesis principal: una posible tuberculosis. "Es compatible, pero no lo sé. El estudio genético que posiblemente se pueda hacer podrá determinarlo."

Y sobre el individuo 1: "Murió de algo que el hueso ni se enteró", explicó Fregeiro aplicando el concepto de paradoja osteológica: enfermedades muy agudas no dejan huella en el esqueleto. La causa de su muerte seguirá siendo, por ahora, una incógnita.

Un laboratorio abierto a los vecinos

Tras finalizar la conferencia, muchos asistentes bajaron al laboratorio donde los esqueletos habían sido preparados por Fregeiro "de manera espectacular", en palabras de González Guerao. Allí pudieron observar directamente los restos y conversar con los investigadores.

Las preguntas se sucedieron: la diferencia entre ambos cráneos, la dentadura, la posibilidad de parentesco, la conservación de los huesos, la posición de los brazos. Fregeiro respondió una a una con la misma paciencia y entusiasmo de la conferencia, convirtiendo el laboratorio en un aula improvisada de antropología.

El equipo invitó además a todos los presentes a participar en las jornadas de puertas abiertas que organizarán durante las fiestas de Santiago, cuando el yacimiento estará abierto al público con posibilidad de asistir a la excavación. "Tenemos azadas para el que quiera también", bromeó González Guerao. "Por bocadillo y refresco."

Totana mira al pasado para entenderse mejor

La noche terminó entre aplausos y agradecimientos. Los arqueólogos insistieron en que Las Cabezuelas continúa siendo un yacimiento abierto, lleno todavía de preguntas sin resolver. El siglo VI descubierto bajo la tierra de Totana apenas empieza a revelar sus secretos.

Pero quizá la mayor enseñanza de la noche fue otra. Durante unas horas, los asistentes dejaron de ver la arqueología como una acumulación de piedras antiguas y comenzaron a entenderla como una forma de recuperar vidas humanas reales.

Aquellos dos hombres enterrados hace quince siglos dejaron de ser simples esqueletos. Volvieron a tener rostro, edad, enfermedades, gestos y una historia.

Y eso, precisamente, fue lo que convirtió esta conferencia en algo mucho más profundo que una simple charla sobre excavaciones. Fue un diálogo directo entre Totana y su propia memoria. 

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