Cultura

"VI Estación" emociona en su estreno y marca el momento más intenso del II concierto de Cuaresma de la Verónica

La nueva marcha de Luis Fernández Ramos, recibida con una gran ovación, destaca en una noche de música, memoria y profundo sentimiento cofrade en el Convento de las Tres Avemarías

El Convento de las Tres Avemarías acogió esta noche uno de esos actos que trascienden lo musical para instalarse en la memoria colectiva. El II concierto de Cuaresma de la Agrupación Musical de la Verónica llenó el templo y confirmó, una vez más, el profundo arraigo de la formación en el sentir cofrade de Totana.

No fue solo un concierto. Fue un relato. Una historia hilada con música y palabra que conectó generaciones, emociones y recuerdos bajo una misma identidad.

Bajo la dirección musical de Francisco Javier García Zafra y con la narración de José Daniel Montoro Carretero, el público fue guiado por un recorrido cargado de simbolismo. Desde el inicio, la voz del narrador situó al espectador en una atmósfera íntima, evocando la llegada de la Semana Santa a través de imágenes profundamente reconocibles: el sonido del tambor, el olor a cera, el silencio de las calles y la emoción de todo un pueblo.

Uno de los ejes del concierto fue la mirada al origen de la agrupación. A través de un relato que se remonta a 1990, se evocó a aquel grupo de niños que, entre juegos y sueños, comenzaron a dar forma a lo que hoy es una formación consolidada. Aquella historia, cargada de inocencia y vocación, sirvió como hilo conductor para entender el presente de la banda: más de tres décadas de esfuerzo, constancia y evolución musical.

El repertorio, cuidadosamente seleccionado, reforzó ese viaje emocional. Marchas como Santo Rostro, Eccomi o En la Cena del Señor fueron precedidas por pasajes narrativos que aportaban contexto y significado, como la escena de la hospitalidad y el pan compartido, recreando con sensibilidad momentos clave de la tradición cristiana.

También tuvieron un papel destacado composiciones como Tú eres Victoria y El Eco de Nuestra Pasión, esta última concebida como un reconocimiento a todos los músicos que, ensayo tras ensayo, han convertido la agrupación en una verdadera familia.

Uno de los momentos más emotivos de la noche llegó con el homenaje al coordinador de la banda, Ismael Tudela. A través de unas palabras cargadas de emoción pronunciadas por su hija, se puso en valor su papel como guía, sostén y figura esencial dentro del grupo, en un reconocimiento que fue ampliamente aplaudido por los asistentes.

El punto culminante del concierto fue el estreno de la marcha propia VI Estación, obra de Luis Fernández Ramos. La pieza, inspirada en el gesto de la Verónica al enjugar el rostro de Cristo camino del Calvario, fue introducida con un relato que destacó la valentía y el simbolismo de ese momento, definiéndolo como la huella del “rostro del amor”.

La interpretación, dirigida por el propio compositor, fue recibida con una intensa ovación del público. Posteriormente, el autor recibió una placa conmemorativa en agradecimiento por su aportación al patrimonio musical de la hermandad.

El tramo final del concierto reflejó la cercanía entre músicos y público. Ante la insistencia de los asistentes, la agrupación interpretó dos marchas fuera de programa, una de ellas Por los siglos de los siglos. Como cierre definitivo, la banda volvió a interpretar VI Estación, esta vez bajo la dirección de García Zafra, permitiendo al compositor escuchar su obra desde otra perspectiva, en un gesto cargado de complicidad y respeto artístico.

El acto concluyó con los agradecimientos institucionales por parte de la hermandad, dirigidos al Ayuntamiento de Totana, al Ilustre Cabildo Superior de Procesiones y, de forma especial, al Padre Pedro por su colaboración y disposición.

Con el eco de la música aún presente y la emoción compartida en cada rincón del templo, el concierto dejó una certeza clara: la Agrupación Musical de la Verónica no solo interpreta marchas, sino que construye memoria, identidad y sentimiento en torno a la Semana Santa de Totana.

Noticias de Cultura

La emblemática pintura al óleo, que data de mediados de los años 60, ha sido intervenida por el escultor totanero Alberto Marín para frenar su deterioro y asegurar su conservación en los desfiles procesionales