Con la llegada del verano, las ensaladas, los gazpachos, las verduras, las frutas de temporada y los platos fríos se convierten en protagonistas de nuestras mesas. Sin embargo, mientras dedicamos tiempo a seleccionar los mejores ingredientes, a menudo olvidamos un elemento capaz de transformar por completo cualquier receta: el aliño.
Desde Olis Bargalló, empresa familiar de Castellví de Rosanes con más de 165 años de trayectoria, recuerdan que elegir el aceite o el vinagre adecuados puede marcar una diferencia notable en el resultado final de un plato. Y es que, el aliño suele ser el último ingrediente que se añade, pero muchas veces es el primero que percibe el paladar. Por ello, un mismo plato puede cambiar casi completamente según el aceite o el vinagre que se utilice.
Elegir bien el AOVE
Aunque el aceite de oliva es un básico imprescindible en nuestras cocinas, no hay que olvidar que no todas las variedades ofrecen las mismas características organolépticas ni se comportan igual en cada elaboración. Así, por ejemplo, un Aceite de Oliva Virgen Extra Arbequina destaca por su suavidad, sus matices afrutados y su delicadeza, convirtiéndose en un excelente aliado para ensaladas frescas, tomates, quesos suaves o frutas de verano.
Por su parte, el Aceite de Oliva Virgen Extra Picual aporta mayor intensidad, cuerpo y personalidad, por lo que resulta ideal para ensaladas más complejas, verduras a la parrilla o recetas con sabores más marcados.
Y como en todo, a veces la elección de un arbequina o un de un picual es solo cuestión de gustos. Porque ambos quedan espectaculares, aportando textura, aroma y equilibrio, en gazpachos y salmorejos, dos de las preparaciones estrella durante los meses más cálidos.
Más allá del aceite, un buen vinagre y balsámico
Pero la cultura del aliño va mucho más allá del aceite. Los vinagres y las vinagretas permiten aportar frescura, contraste y complejidad a multitud de recetas estivales. Las ensaladas de hojas verdes, las verduras cocinadas, los pescados o incluso algunas frutas encuentran en los vinagres balsámicos y en las vinagretas un recurso gastronómico capaz de potenciar sabores y crear nuevos matices.
"Muchas veces pensamos en el aliño como un simple complemento, cuando en realidad es un ingrediente más de la receta. Igual que escogemos cuidadosamente los productos principales, también deberíamos prestar atención al aceite y al vinagre que los acompañan, porque son capaces de cambiar por completo el resultado final del plato", señala Francesc Bargalló, CEO de Olis Bargalló.
Por ello, desde la firma se quiere reivindicar la importancia de recuperar la cultura del aliño y de entender el aceite de oliva como un ingrediente gastronómico con identidad propia. Porque detrás de una buena ensalada, un gazpacho refrescante o unas verduras de temporada puede haber mucho más que una receta sencilla: puede haber una elección consciente de los ingredientes que marcan la diferencia.
Así pues, es el momento ideal para descubrir la gama de vinagres y balsámicos de Olis Bargalló formada por el Aceto Balsámico de Módena, el Vinagre de Vino Tinto, el Vinagre de Cabernet Sauvignon, el Agridulce de Merlot, el Agridulce de Riesling, el Vinagre de Jerez, y la Vinagreta con Vinagre Balsámico de Módena. Todos ellos, presentados en envase de vidrio de 250 ml., que los hace ideales para las mesas de los restaurantes, especialmente, la vinagreta, elaborada con un 70% de aceite de oliva virgen extra y un 30% de balsámico de Módena. Un porcentaje en su justa medida, para que las ensaladas de verano queden perfectas, ni con demasiado aceite, ni con demasiado vinagre.