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La otra cara del verano: más soledad y mayor riesgo de deterioro cognitivo para miles de mayores

Francisco González, psicólogo del Centro Médico Vithas en Granada, aborda el impacto en las personas mayores de los cambios de rutinas y periodos de soledad

La OMS señala la soledad como un factor de riesgo para la salud física y mental de los mayores

El verano suele asociarse al descanso, las vacaciones y el tiempo en familia. Sin embargo, para muchas personas mayores esta época del año puede suponer justo lo contrario: una reducción de la actividad social habitual, cambios en las rutinas diarias y como resultado lo que se ha dado en calificar como "soledad no deseada", que afecta a un número creciente de personas mayores en nuestro entorno.

Desde Vithas Granada, los expertos alertan de que esta disminución de las relaciones sociales durante los meses estivales puede contribuir al empeoramiento de problemas de memoria establecidos, favorecer síntomas pseudodepresivos y acentuar el deterioro cognitivo incipiente en personas especialmente vulnerables.

La Organización Mundial de la Salud ha identificado la soledad y el aislamiento social como factores de riesgo para la salud física y mental, especialmente en la población mayor. Numerosos estudios científicos han demostrado además que las personas con escasa interacción social presentan un mayor riesgo de deterioro cognitivo, depresión y pérdida de autonomía funcional.

Según datos del INE, más de dos millones de mayores de 65 años viven solos en España. En la provincia de Granada se estima que cerca de 100.000 personas residen en hogares unipersonales.

Según explica el psicólogo del Centro Médico de Vithas Granada, Francisco González Fuentes, "el cerebro necesita mantenerse activo no solo a través de ejercicios cognitivos, sino también mediante las relaciones sociales. Conversar, compartir experiencias, participar en actividades grupales o mantener contacto frecuente con familiares y amigos supone una estimulación constante para funciones tan importantes como la memoria, la atención o el lenguaje".

Durante el verano, muchas personas mayores ven alteradas sus rutinas habituales. El cierre temporal de algunas actividades, los desplazamientos vacacionales de familiares o la disminución de contactos cotidianos pueden incrementar la sensación de aislamiento. "Con frecuencia asociamos la soledad exclusivamente al plano emocional, pero sus efectos van mucho más allá. Sabemos que el aislamiento social prolongado puede influir en el funcionamiento cerebral y actuar como un factor que favorezca la aceleración del deterioro cognitivo en personas predispuestas", señala el especialista.

La evidencia científica también apunta a que la soledad puede estar relacionada con un mayor riesgo cardiovascular, alteraciones del sueño, ansiedad y síntomas depresivos, factores que a su vez repercuten negativamente sobre la salud cerebral.

Los expertos recuerdan que la prevención del deterioro cognitivo debe abordarse desde una perspectiva integral. Además de controlar los factores de riesgo cardiovascular, realizar ejercicio físico y seguir una alimentación equilibrada, mantener una vida social activa constituye una de las medidas más eficaces para preservar las capacidades cognitivas a medida que avanza la edad.

"Muchas veces pensamos que proteger la memoria consiste únicamente en hacer pasatiempos o ejercicios específicos, pero mantener vínculos sociales de calidad es una de las herramientas más potentes que tenemos para cuidar el cerebro. Una llamada telefónica diaria, participar en actividades comunitarias o compartir tiempo con otras personas, especialmente con la familia y amigos cercanos puede marcar una diferencia significativa", añade el psicólogo Francisco González.

Desde Vithas Granada, los especialistas recomiendan prestar especial atención a aquellas personas mayores que viven solas o que durante el verano reducen de forma significativa sus interacciones habituales. Detectar precozmente situaciones de aislamiento y promover la participación social puede contribuir a mejorar tanto su salud emocional y cognitiva. "El envejecimiento saludable no depende únicamente de factores biológicos sino también psicosociales. La conexión con otras personas sigue siendo una necesidad básica a cualquier edad y desempeña un papel fundamental en la protección de la salud cognitiva", concluye.

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