El 59% de las horas de trabajo actuales en España son técnicamente automatizables mediante el uso de las tecnologías existentes (en Europa esta estimación es del 58%, cifra similar a la de Estados Unidos).
Las ofertas de trabajo que requieren "fluidez" en IA en España se han multiplicado un 440% entre 2023 y 2025, superando el ritmo de crecimiento de los perfiles puramente técnicos.
En Europa, la automatización podría generar hasta 1,9 billones de dólares en valor económico para 2030.
La inteligencia artificial y la robótica han dejado de ser promesas de futuro para convertirse en los motores de una reconfiguración profunda del mercado laboral. Así lo recoge el nuevo informe del McKinsey Global Institute (MGI), Agentes, robots y nosotros: Cómo la IA rediseña el trabajo y las competencias en Europa, que analiza cómo las tecnologías existentes están transformando hoy el mercado laboral en diez economías europeas. Además, analiza el caso de España, con datos que revelan que se encuentra ante una oportunidad histórica de aumentar su productividad a través de la IA, siempre que logre gestionar la transición hacia un modelo colaborativo entre humanos y máquinas.
Productividad con un modelo colaborativo
El informe aboga por considerar la inteligencia artificial como el catalizador de una nueva etapa de prosperidad global y no como un sustituto de la fuerza laboral. En un contexto marcado por el estancamiento de la productividad y los retos demográficos, la capacidad de las economías avanzadas para integrar de forma eficaz agentes y sistemas automatizados será determinante para su posición en el escenario internacional.
Una automatización de 1,9 millones de dólares en Europa
A nivel europeo, la oportunidad económica derivada de la automatización podría alcanzar hasta 1,9 billones de dólares en 2030. El informe de McKinsey introduce además una distinción clave en el origen de este valor; el 82% provendrá de "agentes" de software, mientras que el 18% restante estará impulsado por la robótica física. Esta diferencia responde a la mayor escalabilidad de la inteligencia artificial generativa y los agentes virtuales, que requieren una inversión en infraestructura significativamente menor que los sistemas robóticos industriales.
El análisis, basado en 1.800 puestos de trabajo y más de 10.500 habilidades, pone de manifiesto que la automatización en Europa no se limita a tareas manuales. Por primera vez, las profesiones de "cuello blanco" en ámbitos como las finanzas, la consultoría y la gestión se sitúan en el epicentro de la transformación. Este proceso se enmarca, además, en una necesidad estructural: el envejecimiento demográfico reducirá la fuerza laboral en Europa en los próximos años, y la automatización se perfila como una palanca clave para sostener el crecimiento del PIB. El informe advierte, no obstante, de que una adopción más lenta de estas tecnologías limitaría el impacto a 1,1 billones de dólares, ampliando la brecha de competitividad frente a Estados Unidos y China.
El tercer eje del estudio apunta a una transformación más profunda en Europa del propio modelo de trabajo. Aunque el 90% de las empresas europeas ya ha iniciado proyectos de IA, solo una proporción reducida está obteniendo beneficios significativos. Según el informe, la principal limitación no es tecnológica, sino organizativa, ya que muchas compañías siguen centradas en automatizar tareas aisladas en lugar de rediseñar procesos completos de extremo a extremo.
De cara a 2030, McKinsey anticipa un cambio estructural en la actividad laboral, en el que el tiempo dedicado a la ejecución disminuirá de forma significativa en favor de funciones de supervisión y dirección. En este contexto, el éxito empresarial dependerá de la capacidad de las organizaciones para liderar procesos de re-skilling a gran escala, capacitando a sus equipos para colaborar con agentes virtuales, automatizar lo rutinario y potenciar el juicio humano en la toma de decisiones.
El factor humano resiste en España
España tiene ante sí una oportunidad de 167.000 millones de dólares gracias a la adopción de tecnologías de automatización de aquí a 2030. El impacto económico será especialmente profundo en el comercio, la industria y el sector público, áreas estratégicas donde el rediseño de las tareas permitirá capturar el máximo potencial de la inteligencia artificial.
Según el informe, el 59% de las horas de trabajo en España son técnicamente automatizables con la tecnología existente. De ese porcentaje, un 44% corresponde a tareas que podrían asumir "agentes" software diseñado para ejecutar funciones cognitivas y un 15% a "robots", orientados a tareas físicas. Esta capacidad para liberar tiempo de trabajo resulta especialmente relevante en un contexto marcado por los retos demográficos y la necesidad de impulsar la productividad, una realidad compartida por el conjunto de Europa.
En paralelo, el mercado laboral español está experimentando una transformación acelerada en las competencias demandadas. Desde 2023, la demanda de perfiles con "fluidez en IA" es decir, la capacidad práctica para utilizar y supervisar sistemas de IA en el trabajo diario se ha multiplicado por 4,4 en España. Este crecimiento supera ampliamente al de las habilidades técnicas especializadas y refleja cómo la IA está dejando de ser una herramienta reservada a perfiles altamente técnicos para convertirse en una competencia transversal dentro del mercado laboral.
Por áreas de actividad, los perfiles más demandados en España se concentran en informática y matemáticas, seguidos de gestión y de operaciones comerciales y financieras. Más allá del conocimiento técnico, las empresas buscan profesionales capaces de coordinar y supervisar sistemas automatizados para mejorar la eficiencia en tareas de análisis y coordinación, permitiendo que el factor humano se centre cada vez más en la toma de decisiones y el juicio estratégico.
Gráfico 1: Empleados en profesiones en las que al menos el 5% de las ofertas de empleo requieren habilidades relacionadas con la inteligencia artificial (Fuente: McKinsey)
Pese al elevado despliegue de tecnologías, el informe es claro; el 85% de las habilidades humanas actuales en España seguirán siendo necesarias en el nuevo entorno laboral. Esto se explica porque aproximadamente el 75% de las competencias demandadas por las empresas se aplican en entornos híbridos, donde la inteligencia artificial complementa, pero no sustituye, la intervención humana. En este sentido, el talento humano se consolida como un filtro esencial de calidad, ética y toma de decisiones estratégicas.
Para España, el desafío no reside en la desaparición del empleo, sino en su transformación. La integración de agentes y robots permitirá reducir la carga operativa de muchos puestos de trabajo, facilitando que los profesionales se concentren en áreas de mayor valor añadido como la creatividad, la resolución de problemas complejos y la inteligencia emocional, ámbitos en los que la ventaja humana sigue siendo diferencial frente a cualquier sistema automatizado.
El verdadero dividendo económico de esta transformación solo se materializará si las personas se sitúan en el centro del proceso, en un modelo colaborativo entre humanos y tecnología. Esto implica priorizar la formación continua y el desarrollo del pensamiento crítico, con el objetivo de convertir la automatización en un multiplicador del talento y del ingenio humano, en lugar de una simple herramienta de sustitución.