Empresa

La agricultura menos intensiva mejora la capacidad del suelo para regular el carbono

La agricultura menos intensiva mejora la capacidad del suelo para regular el carbono

Un estudio internacional liderado por el CEBAS-CSIC ha demostrado que la forma en la que se maneja el suelo agrícola influye directamente en su capacidad para regular el carbono, un proceso fundamental para la fertilidad del suelo y la lucha contra el cambio climático.

El trabajo, publicado en la prestigiosa revista Nature Communications, revela que las prácticas agrícolas menos intensivas, como el uso de fertilización orgánica o la reducción del laboreo, favorecen determinados procesos biológicos del suelo que contribuyen a un funcionamiento más eficiente del ciclo del carbono.

Un proceso clave para entender el carbono del suelo

El estudio se centra en el llamado “efecto priming”, un mecanismo biológico mediante el cual los microorganismos del suelo reaccionan a la entrada de carbono fresco —por ejemplo, procedente de las raíces de las plantas— activando la descomposición de la materia orgánica.

Este proceso resulta clave porque ayuda a explicar cómo se comporta el carbono en el suelo y, por tanto, su capacidad para almacenarlo o liberarlo a la atmósfera. De hecho, la investigación demuestra que el efecto priming es un indicador fiable para predecir el contenido de carbono del suelo, incluso a gran escala.

El microbioma, protagonista del funcionamiento del suelo

Para llegar a estas conclusiones, el equipo liderado por el investigador Felipe Bastida, analizó suelos agrícolas de distintos países europeos dentro de una red de experimentos a largo plazo. Los resultados muestran que los suelos gestionados con baja intensidad agrícola presentan un efecto priming más elevado, lo que indica una mayor actividad microbiana y un sistema biológico más dinámico. 

Por el contrario, los sistemas más intensivos —basados en fertilización mineral y laboreo convencional— reducen este efecto e incluso pueden llegar a generar respuestas negativas, reflejando un menor dinamismo biológico del suelo.

El estudio pone de manifiesto el papel central del microbioma del suelo, es decir, el conjunto de microorganismos que viven en él. Estos organismos son los responsables de transformar la materia orgánica y regular los flujos de carbono. Según José Siles, investigador del CEBAS-CSIC y participante en el estudio, “entender cómo responde el microbioma del suelo a las prácticas agrícolas es clave para diseñar agroecosistemas más sostenibles que mantengan su fertilidad y, al mismo tiempo, potencien su capacidad para almacenar carbono a largo plazo”.

En los suelos menos intensivos, su mayor abundancia y actividad permiten responder con mayor eficacia a los aportes de carbono, activando procesos que mejoran el funcionamiento del ecosistema.

Claves para una agricultura más sostenible en Europa

Aunque el efecto priming implica una mayor actividad en la descomposición de la materia orgánica, los resultados del estudio indican que, en sistemas agrícolas sostenibles, este proceso forma parte de un equilibrio global que favorece la acumulación y estabilidad del carbono a largo plazo. En este sentido, prácticas como la fertilización orgánica o laboreo reducido no solo mejoran la salud del suelo, sino que también refuerzan su papel como aliado frente al cambio climático.

Los resultados tienen importantes implicaciones para el diseño de estrategias agrícolas en Europa, ya que demuestran que el manejo del suelo no solo afecta a su productividad inmediata, sino también a su capacidad para almacenar carbono y mantener funciones esenciales del ecosistema. Además, el estudio aporta una herramienta clave para mejorar los modelos que predicen el comportamiento del carbono en el suelo a gran escala, lo que puede contribuir a desarrollar políticas más eficaces en materia de sostenibilidad y transición ecológica.

Ciencia internacional para retos globales

El trabajo forma parte del proyecto europeo EJP Soil MINOTAUR y ha contado con la participación de más de 20 instituciones de distintos países.

Desde el CEBAS-CSIC, Felipe Bastida ha coordinado este estudio, destacando que “estos resultados demuestran que prácticas agrícolas más sostenibles no solo benefician al medio ambiente, sino que también mejoran el funcionamiento biológico del suelo, clave para garantizar la productividad futura y la resiliencia de este recurso natural”. 

El trabajo subraya, además, la importancia de la colaboración científica internacional para abordar los grandes retos del sistema agroalimentario y avanzar hacia modelos productivos más equilibrados, resilientes y basados en el conocimiento. 

Noticias de Empresa

La Asociación Española de Directores de Recursos Humanos avisa del aumento del absentismo y pide reforzar las políticas de prevención en las empresas

El gasto en salud en España pasa del 4,1%, pero no se traduce en una mejor percepción por los ciudadanos