Los incendios forestales en Cantabria no son un fenómeno nuevo; son una repetición de eventos que se presentan con alarmante regularidad, especialmente entre los meses de enero y abril.
Una idea recurrente entre ciertos sectores es que el paisaje de Cantabria ha sido moldeado por el fuego durante milenios, y que gracias a ello disfrutamos de un mosaico de pastos, matorrales y bosques que nos identifican como un paraíso natural. Sin embargo, esta visión es reduccionista. Modelar un paisaje no implica necesariamente conservarlo. Nuestro paisaje es fruto de un proceso complejo que involucra tanto dinámicas naturales como la intervención humana.
El falso debate sobre la criminalización de la ganadería extensiva
Es cierto que el fuego no debe ser visto exclusivamente como un acto delictivo o como una expresión de "maldad", como a veces se señala en algunos foros.
La ganadería tiene un papel en la gestión del territorio, especialmente desde un punto de vista social, ayudando a mantener vivos nuestros pueblos y su población. Sin embargo, no debe presentarse como una solución única ni debe defenderse sin cuestionamientos.
En la actualidad la ganadería extensiva en Cantabria está basada principalmente en el vacuno y en menor medida en el equino, escaseando la presencia de ganado menor, como la oveja o la cabra, lo que impide un manejo adecuado de los pastos en grandes extensiones. Este modelo es comprensible desde una perspectiva económica, ya que prioriza la rentabilidad y la facilidad de manejo, sin olvidar los riesgos inherentes a los ataques de fauna silvestre. No obstante, su consecuencia inevitable es la matorralización de vastas superficies que se convierten en pasto para el fuego.
Es injusto demonizar toda la ganadería extensiva, pero debemos reconocer que una gran parte de los incendios en Cantabria se originan directa o indirectamente por esta actividad. En gran medida debido al manejo del ganado impulsado por el sistema de ayudas de la Política Agraria Comunitaria (PAC) cuyo papel es crucial en la perpetuación de este ciclo de incendios y que no puede ser ignorado.
Urge un debate más complejo sobre las prácticas ganaderas sostenibles y las políticas públicas que se necesitan para afrontar los desafíos ambientales de manera integral. El fuego es un síntoma visible de un conflicto estructural que no se resuelve con medidas populistas o soluciones simplistas.
El papel de los montes públicos: un patrimonio común mal gestionado
Un aspecto que generalmente pasa desapercibido en este debate es que la mayoría de los montes que se queman en Cantabria son públicos, catalogados como de utilidad pública. Los incendios son mucho menos frecuentes en los suelos forestales privados, lo que debería llevarnos a reflexionar sobre las causas subyacentes. Los Montes de Utilidad Pública pertenecen en su mayoría a entidades locales, lo que implica que son un patrimonio de todos los vecinos de los pueblos, no solo de los ganaderos que los utilizan como si fueran privativos. Sin embargo, en lugar de gestionarse con un enfoque de bienestar común y conservación, se privilegia un modelo de explotación que antepone los intereses inmediatos de un sector, sin considerar los impactos ambientales y sociales.
La necesidad de una gestión forestal integrada y coherente
El verdadero reto está en reformular el modelo de gestión de los montes y la ganadería en Cantabria. El fuego, en muchos casos, es solo una herramienta más de gestión cuando no existen o no son viables otras alternativas. Sin embargo, no debe ser considerado como la única solución, el "remedio" que lo resuelve todo. En los últimos años, Cantabria ha sufrido anualmente la pérdida de unas 9.500 hectáreas en aproximadamente 750 incendios. A pesar de que las quemas controladas, con una de las regulaciones más laxas de España, se promueven como una solución, los resultados han sido contrarios a lo esperado. En la zona pasiega, donde más se realizan estas quemas controladas, se producen también el mayor número de incendios y las mayores superficies quemadas. Quienes defienden este modelo frente a su fracaso argumentan que el problema radica en un enfoque teórico desconectado de las realidades del territorio y las necesidades productivas.
Las políticas actuales, inicialmente aplaudidas, no han logrado resultados satisfactorios, y ahora, frente a su fracaso, se busca profundizar en ellas sin autocrítica alguna, y poniendo el foco del fracaso en la escasa implicación de la administración y de los recursos públicos destinados a las mismas, cosa que no es cierta. Esta falta de reflexión pone de manifiesto la ausencia de voluntad para revisar un modelo que, claramente, no está funcionando.
Existen modelos silvopastorales que permiten la coexistencia entre la actividad ganadera y la conservación del medioambiente de manera mucho más respetuosa. Estos modelos, más sostenibles y adaptativos, combinan el uso ganadero con la recuperación de suelos y la promoción de la biodiversidad, permitiendo preservar los paisajes sin los efectos negativos de un modelo de ganadería extensiva mal regulado.
La sostenibilidad a largo plazo de un ecosistema depende también de otras estrategias, como la promoción de bosques autóctonos, que pueden ser más beneficiosos para la sociedad en el futuro.
Conclusión: Un futuro forestal sostenible es posible
La gestión de los incendios forestales en Cantabria requiere un cambio de paradigma. No basta con culpar a los "incendiarios" ni asumir que el fuego es inevitable debido a factores climáticos. En Cantabria los incendios son el resultado de un modelo de gestión inadecuado, que se basa en intereses cortoplacistas y que no tiene en cuenta la sostenibilidad a largo plazo. Para romper este ciclo destructivo, es urgente una reforma en la gestión del monte y de las políticas de ayudas, que promueva un modelo ganadero sostenible, respetuoso tanto con el medio natural como con las comunidades locales. Solo así podremos avanzar hacia una Cantabria donde los montes públicos, patrimonio natural de todos, sean gestionados primando el interés público, integrando las necesidades productivas, sociales y ecológicas, y garantizando así un futuro mejor para las generaciones venideras.