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Eddie: el equilibrista de dos orillas

“La música no entiende de fronteras, pero el alma del que la hace, sí”

Por José Luis Ortiz Güell

La luz de Córdoba se cuela por la ventana de un estudio de grabación en Lisboa. Es una contradicción geográfica que solo tiene sentido en la cabeza de Eddie. Sobre la mesa hay una fotografía de la Mezquita-Catedral junto a una guitarra portuguesa. Antes de que formule la primera pregunta, él la señala y dice: “Este es el mapa de mi vida. No está en ningún atlas, pero es el único donde me sé orientar”. Así, con la naturalidad de quien ha aprendido que la identidad no se declara, se construye, comienza nuestra conversación.

1- La paradoja de la identidad
En un mundo que empuja a los artistas a etiquetarse para ser vendidos, tú hablas de encontrar un “equilibrio” entre no exagerar tus raíces portuguesas y no diluirlas. Eso es caminar sobre una cuerda floja. ¿Cuántas veces te has caído?

Lo vivo como una cuestión de coherencia. No suelo pensar la identidad en términos de equilibrio forzado, ni como una etiqueta que haya que exhibir o corregir. En mi caso, aparece de una forma natural, porque forma parte de mi recorrido, de mi escucha y también de mi manera de estar.

Resido entre Portugal y España. Hay en mí un sentimiento ibérico fuerte. Mi identidad no vive en la división ni en la frontera, sino en el puente. En esa conexión entre Portugal, España, la lusofonía y también América Latina, que forma parte real de mi vida y de mi trabajo.

Además, mi vínculo con Andalucía viene de hace más de tres décadas, y eso también ha dejado huella en mi forma de sentir y de crear. También hay influencias del fado, del flamenco o incluso del cante alentejano que forman parte de mi imaginario y de mi memoria musical, no como géneros que reproduzca literalmente, sino como referencias que me acompañan.

Más que responder a etiquetas externas, procuro que todo eso esté presente con verdad y sin artificio. Cuando la base es real, cada cosa acaba encontrando su lugar.

2- El precio de la autonomía
Has dicho: “Autonomía no tiene que ser aislamiento. Es responsabilidad sobre el camino que elijo construir”. Esa frase tiene la contundencia de un manifiesto. Pero seamos sinceros, en la industria, esa responsabilidad tiene un precio: renunciar a atajos, a fórmulas, a un éxito quizás más rápido. ¿Qué has perdido por el camino al mantenerte firme en esa elección? ¿Y qué has ganado que no cambiarías por nada?

Es curioso que me preguntes eso, porque esa frase surgió en otra entrevista, cuando hablaba precisamente de mi posición como productor, compositor y artista. Quizá también venga de ahí mi manera de entender este camino.

En mi caso, la autonomía no tiene que ver con el aislamiento ni con una idea romántica de independencia. Tiene que ver con responsabilidad y con capacidad real para levantar un proyecto. Conozco el proceso por dentro, sé cómo se hace y tengo bastante claro lo que quiero artísticamente.

Estoy dentro del mercado, abierto a trabajar en equipo, a colaborar y a sumar. A lo largo del tiempo ha habido propuestas y conversaciones con agentes, editoras y otros profesionales. En algunos casos no coincidíamos del todo en la visión; en otros, simplemente no era el momento.

Esa elección también puede tener un precio. A veces significa renunciar a atajos, a fórmulas más rápidas o a decisiones pensadas solo para generar impacto inmediato. También puede hacer que algunas cosas tarden más en asentarse.

A cambio, me ha dado libertad, dirección e identidad. Me ha permitido construir un recorrido propio, con fundamento y con voz propia.

3- El poder de la extensión natural
Tu música circula por el eje ibérico, la lusofonía y América Latina. Dices que esa conexión con Latinoamérica es una "extensión natural" de tu vínculo con España. ¿Puedes explicar esa química? Porque no es solo el idioma, es algo más profundo.

Esa conexión viene de un lugar genuino. La lengua acerca, claro, pero hay algo más. Hay una sensibilidad, una manera de comunicar, de sentir y de vivir la música que reconozco mucho en esos territorios y con la que me identifico.

Mi vivencia en España, la circulación y el trabajo que desarrollo refuerzan todo eso. La presencia de América Latina se siente en la calle, en la música, en los bares, en las conversaciones y en los encuentros. También encuentro muchas de esas afinidades en las diásporas portuguesas y lusófonas, y en el propio Brasil, donde hay formas de emoción, cercanía y expresión que me resultan muy familiares.

Todo eso ha ido entrando en mí de forma orgánica y ha acabado marcando mi escucha, mi vida y también mi creación. En “El Otro Lado de Mí”, por ejemplo, la inspiración está claramente en Andalucía, pero también hay elementos rítmicos y un piano con cierto aire salsero que muestran bien esa apertura y ese diálogo con otros lenguajes sonoros. Algo de esa relación vuelve a aparecer ahora en “Sueño”, rodado recientemente en Sevilla, que me lleva de nuevo hacia ese imaginario andaluz.

Ya he estado en México presentando mi música, y fue una experiencia importante en ese proceso. La vinculación con la Academia Latina de la Grabación, de la que soy miembro, también me mantiene en contacto regular con ese ámbito de una forma muy viva. Del mismo modo, formar parte de la Recording Academy en Estados Unidos, dentro del Florida Chapter, donde la comunidad latina tiene una presencia muy fuerte, amplía esa mirada y esa conversación internacional. A eso se suma también mi labor como mentor en GRAMMY U, que me mantiene cerca de nuevas generaciones de creadores y de otras sensibilidades dentro de la música.

Por eso hablo de extensión natural. En mi caso, la conexión con América Latina no aparece como estrategia. Aparece como una prolongación real de mi vínculo con España, de mi relación con la lusofonía y de ese sentimiento ibérico que forma parte de mí.

4- La paciencia como forma de resistencia
Eddie, cuando escucho tus palabras sobre la "construcción" frente a la "reacción", o cuando describes cómo la guitarra portuguesa apareció en “A Luz Dentro de Mí” porque la canción "la pedía", no oigo solo a un productor meticuloso. Oigo a alguien que ha hecho de la paciencia una forma de resistencia. ¿Contra qué, o contra quién, resistes?

La paciencia forma parte de mi naturaleza y de mi manera de trabajar.

Tengo una relación bastante natural con el tiempo de las canciones, de los discos y de los procesos. Hay cosas que piden maduración, escucha, silencio. Lo entiendo más como una forma de respetar lo que cada obra necesita que como una postura calculada.

Si hay algún tipo de resistencia, quizá tenga más que ver con la prisa, con el exceso de ruido y con esa idea de que todo tiene que ocurrir rápido y ya definido. Me interesa más construir que reaccionar.

Cuando digo que una canción “pidió” un determinado elemento, como ocurrió con la guitarra portuguesa en “A Luz Dentro de Mí”, hablo precisamente de ese lugar de escucha. Hay decisiones que surgen de la propia canción, a medida que va mostrando el camino.

5- La doble mirada: artista y productor
Has mencionado que tu proyecto artístico nace después de más de una década como productor musical. Esa "doble mirada" (la del creador puro y la del técnico que conoce los engranajes) debe ser a veces un diálogo y otras una lucha interna. ¿En qué momento del proceso creativo el productor que llevas dentro le dice "no" al artista, y viceversa?

Esa doble mirada existe, claro, porque forma parte de los procesos creativos. En mi caso, quizá por llevar más de dos décadas trabajando a diario en estas realidades, he aprendido a integrarlas con claridad. Hoy, el artista y el productor conviven en mí con fluidez, y muchas decisiones nacen ya de esa mezcla, de esas dos miradas.

Ambas comparten algo fundamental: servir a la canción, proteger la identidad del proyecto y, al mismo tiempo, entender cómo todo eso dialoga con el mercado y con el público.

Cuando estoy creando, lo más importante es percibir lo que la música pide. A veces eso exige más libertad; otras, más contención, más estructura o una visión más amplia del conjunto. En algunos casos, además, se suma una mirada más ligada a la dirección artística: cómo se va a defender esa canción en escena, qué atmósfera necesita, cómo dialogan la luz, la puesta en escena, el vestuario o incluso la forma de interpretarla, ya sea en solitario o en dúo.

Más que vivirlo como un pulso interno entre una parte y otra, lo vivo como una madurez de recorrido. Las dos dimensiones se complementan y avanzan hacia un mismo propósito.

6- Conexión, memoria y continuidad
Hablas de valorar la "ligação, memória e continuidade" por encima de los números. Esa es una frase muy poderosa en la era del streaming y las playlists efímeras. Cuéntame, ¿cuál ha sido la conexión más inesperada o conmovedora que has tenido con alguien que escucha tu música?

Más que una historia aislada, lo que me ha marcado a lo largo de los años ha sido ver cómo ciertas canciones acaban entrando de forma real en la vida de las personas. He recibido muchísimos mensajes privados en ese sentido, y eso suele ocurrir cuando entro en temas con otra densidad en la escritura, en la emoción y en la reflexión.

Puedo dar algunos ejemplos en los que eso se hizo más visible. En “Tempo”, por la forma en que la canción toca cuestiones de vida, elección, conciencia y del paso de los años. En “Dime Dónde Estás”, porque muchas personas se reconocen en el dolor de la separación. “A Luz Dentro de Mí” también tuvo un impacto fuerte, igual que “Oração”, que nace de un lugar íntimo y espiritual.

Valoro los números y les presto atención, pero no lo explican todo. Cuando una canción llega a personas en distintos países o suena en grandes medios, hay una huella que no siempre se puede medir. También hay reconocimientos y presencias que dejan marca aunque no se traduzcan de inmediato en cifras.

Me gusta pensar mi recorrido como una obra viva, algo que con el tiempo también pueda quedar como legado. Por eso sigo valorando el álbum en formato físico, con sus fotos, letras y créditos. Me interesa que la música no quede suspendida solo en lo digital, sino que pueda acompañar, permanecer y dejar huella.

Ahí es donde esa idea de conexión, memoria y continuidad cobra toda su fuerza. Cuando una canción deja de ser solo mía y pasa a formar parte de la vida de otra persona, ya está cumpliendo una función que no se debe reducir a un número.

La luz de Lisboa ha cambiado, ahora es más dorada. La entrevista termina, pero la imagen del mapa inexistente sobre la mesa sigue en mi cabeza. Mientras Eddie guarda la fotografía de la Mezquita de Córdoba, le pregunto qué viene ahora. Su respuesta es un susurro: “Ahora, seguir construyendo el puente. Y esperar a que la próxima canción me diga dónde quiere nacer”.

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