El paisajista propone un cambio de paradigma: del jardín ornamental a una herramienta clave frente a incendios, fenómenos extremos y crisis climática.
Sus proyectos integran agua, accesibilidad y regeneración natural como sistemas activos de defensa del territorio.
Arquitectos y administraciones públicas, llamados a incorporar el paisajismo desde el inicio como una infraestructura estratégica, no solo estética o utilitaria.
En un contexto marcado por el aumento de incendios forestales, fenómenos meteorológicos extremos y la creciente vulnerabilidad del territorio, Fernando Pozuelo, fundador de FERNANDO POZUELO Unique Landscapes, lanza una propuesta radical: el jardín está evolucionando hacia una infraestructura esencial de protección y resiliencia y deja de ser un elemento meramente decorativo.
En sus recientes proyectos y reflexiones, el diseñador defiende una evolución del paisajismo hacia una disciplina estratégica capaz de prevenir riesgos, mejorar la calidad de vida y proteger tanto entornos naturales como urbanos.Además, este enfoque no solo actúa como medida de protección, sino que también contribuye a reducir riesgos estructurales y a revalorizar activos como viviendas o desarrollos urbanísticos.
"Durante años hemos concebido el jardín como un lujo o un complemento estético. Hoy eso ha cambiado. El paisaje es una herramienta activa que puede salvar territorios, proteger viviendas y, en muchos casos, incluso vidas", señala Fernando Pozuelo.
Del jardín ornamental a la ingeniería del territorio
La base de su enfoque es que el paisaje no es "lo que rodea a la arquitectura", sino "lo que la sostiene, la protege y la conecta con su entorno". Este cambio de enfoque implica pasar de una jardinería ornamental a una verdadera ingeniería del territorio.
El paisajismo contemporáneo incorpora criterios de seguridad, gestión del agua, prevención de incendios y resiliencia climática. Diseñar un entorno natural ya no significa solo seleccionar especies o crear composiciones estéticas, sino comprender cómo se comportará el agua, cómo circulará el aire y cómo puede propagarse —o detenerse— un incendio. "El paisaje se convierte en una infraestructura viva. Puede actuar como barrera frente al fuego, como regulador térmico o como sistema de drenaje natural. Son decisiones que no son estéticas, sino estructurales", explica Pozuelo.
Paisajes que previenen, no solo que reaccionan
Uno de los ejes principales de su planteamiento es la necesidad de trabajar sobre la prevención, no únicamente sobre la reacción. Mientras la lucha contra incendios se suele centrar en la extinción, o en la recuperación después de la catástrofe, el paisajismo preventivo interviene desde el diseño. Entre las soluciones planteadas destacan la creación de redes de agua integradas en el paisaje, con sistemas de hidrantes y depósitos estratégicos, así como jardines inundables capaces de retener humedad y reducir la inflamabilidad del entorno.
Además, el diseño del suelo adquiere un papel fundamental. Tras un incendio, la pérdida de estructura y nutrientes puede ser irreversible si no se actúa con criterio. Por ello, Pozuelo defiende técnicas que favorezcan la regeneración natural y eviten intervenciones agresivas. "El paisajista no debe imponer un nuevo paisaje, sino facilitar que el ecosistema se recupere por sí mismo. La naturaleza ya sabe hacerlo. Nosotros debemos acompañar ese proceso", afirma.
Diseñar para la extinción: cuando el fuego ya ha comenzado
Más allá de la prevención, el paisajismo puede mejorar la eficacia de los equipos de emergencia. El diseño de caminos, accesos, zonas de maniobra y puntos de agua operativos acelera la respuesta y multiplica la eficiencia de los medios. Pozuelo insiste en que la accesibilidad del territorio es clave: "Un buen diseño paisajístico permite que los equipos lleguen antes, actúen mejor y tengan más recursos disponibles. No se trata solo de evitar el fuego, sino de estar preparados cuando ocurre".
Estanques, piscinas o depósitos pueden integrarse en el diseño del jardín combinando una doble función: estética y operativa. Del mismo modo, se pueden prever espacios destinados a centros de operaciones, refugios o áreas de descanso para los equipos que trabajan en condiciones extremas.
Arquitectura y paisaje: una alianza imprescindible
Las propuestas de Pozuelo no se limitan al ámbito rural o forestal. También tiene una clara aplicación en la arquitectura y el urbanismo contemporáneo. Según defiende, uno de los errores más extendidos es considerar el paisajismo como una fase final del proyecto. Frente a ello, defiende su integración desde el inicio, como parte esencial de la arquitectura.
"Un edificio sin un paisaje bien diseñado es un edificio vulnerable. El entorno puede proteger, regular y mejorar el comportamiento del propio edificio. No integrar el paisajismo es diseñar incompleto", afirma. Cubiertas vegetales, jardines inundables, corredores ecológicos o espacios públicos diseñados desde la naturaleza forman parte de una nueva infraestructura urbana que ya no es opcional.
Este planteamiento no solo incrementa la seguridad y la resiliencia de los entornos construidos, sino que también aporta un valor añadido tangible, elevando el valor inmobiliario, la eficiencia energética y la calidad de vida de los usuarios.
Una propuesta enfocada hacia el futuro
Pozuelo es crítico al enfoque actual sobre la ciudad del futuro, y plantea una reivindicación necesaria: menos discurso, más acción. A su juicio, gran parte del debate se centra en la tecnología, la movilidad o la eficiencia energética, mientras que la ecología se aborda desde un plano más teórico que práctico. "Se habla mucho de sostenibilidad, pero pocas veces se traduce en soluciones reales, medibles y aplicables. El paisajismo es una de esas soluciones, y está disponible hoy", subraya.
Esta reivindicación sitúa al paisajista como un profesional clave en los equipos multidisciplinares, capaz de aportar soluciones concretas a problemas complejos.
El paisaje como sistema vivo
En el fondo, la propuesta de Fernando Pozuelo implica un cambio cultural. El jardín deja de ser un espacio pasivo para convertirse en un sistema vivo, en constante evolución, capaz de adaptarse, regenerarse y aportar valor a lo largo del tiempo.
Este enfoque no solo tiene implicaciones técnicas, sino también económicas y patrimoniales. Un paisaje bien diseñado no se degrada, sino que mejora con los años, aumentando el valor del conjunto. "No se adquiere solo un jardín, sino un sistema que crece, madura y acompaña la vida. Es una inversión en inteligencia del territorio", concluye.
10 tendencias clave de Fernando Pozuelo hacia un jardín resistente
Paisajismo preventivo: diseño orientado a evitar riesgos antes de que ocurran.
Integración del agua: redes de captación, almacenamiento y uso estratégico del agua.
Jardines inundables: espacios capaces de absorber y gestionar episodios extremos de lluvia.
Selección de especies resilientes: vegetación adaptada al clima y menos inflamable.
Accesibilidad operativa: caminos y espacios diseñados para facilitar la intervención de emergencias.
Puntos de agua estratégicos: estanques, piscinas y depósitos como recursos para la extinción.
Gestión del suelo: protección frente a erosión y recuperación tras incendios.
Infraestructura verde urbana: cubiertas vegetales, corredores ecológicos y espacios públicos resilientes.
Diseño basado en procesos naturales: favorecer la autosucesión y la regeneración del ecosistema.
Integración arquitectura-paisaje: el paisajismo como parte estructural del proyecto, no como añadido final.