El restaurante Élkar retoma su emblemático ciclo ‘A 4 Manos’ el próximo 19 de marzo, fusionando la maestría de La Hoja del Carrasco con la alta cocina de Fran Vicente y Pablo Verdúguez.
Dicen que no hay mejor forma de demostrar afecto que compartiendo una mesa excepcional. Este año, el Día del Padre alcanza una nueva dimensión —literalmente—. El próximo 19 de marzo, el restaurante Élkar invita a los paladares más exigentes a tocar el cielo de Madrid para celebrar una de las tradiciones más queridas con el regalo que todo padre espera: un menú exclusivo donde el cerdo ibérico es el gran protagonista.
Ubicado en la planta 33 de Torre Emperador Castellana, a 160 metros de altura, Élkar se convierte en el escenario de un reencuentro gastronómico épico. Bajo la dirección de Aramark España, el restaurante reinicia su aclamado ciclo “A 4 Manos”, uniendo el legado centenario de La Hoja del Carrasco con el ingenio de los chefs Fran Vicente y Pablo Verduguez.
Del campo a las nubes: Una inmersión en el alma del ibérico
La jornada no es solo una cena; es un viaje sensorial que comienza mucho antes de sentarse a la mesa. La experiencia arranca con una inmersión de 40 minutos liderada por Joaquín Carrasco, cuarta generación de la legendaria casa de Guijuelo.
Los asistentes descubrirán los secretos de la montanera y la curación artesanal mientras disfrutan de un cóctel de bienvenida que es, en sí mismo, una declaración de intenciones:
Cata de piezas exclusivas de la mano de un maestro cortador.
Jamón y papada ibérica de bellota.
Consomé reconfortante de los montes salmantinos.
Croqueta creativa de sobrasada ibérica.
El ibérico en seis pases: técnica y producto
Ya en la mesa, el menú degustación presenta la versatilidad del ibérico a través de seis pases de alta cocina. La secuencia comienza con un carpaccio de presa ibérica armonizado con escabeche de azafrán, seguido de un lagarto ibérico salteado donde prima la precisión en el punto de cocción.
La propuesta continúa explorando el binomio mar y montaña con un tournedó de rape con guiso de rabitos ibéricos, dando paso al plato principal: un arroz de carrilleras y trufa que destaca por su melosidad y su cocción a fuego lento. Para finalizar, y tras un sorbete de remolacha y manzana verde diseñado para refrescar el paladar, el menú concluye con unos chocolates ibéricos, una combinación que resalta los matices compartidos entre el cacao y el producto de bellota.