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El 70% de los jóvenes sufre estrés: cómo afrontar la presión en plena temporada de exámenes

La temporada de exámenes vuelve a situar la salud mental de los adolescentes en el foco, con un aumento notable de ansiedad, dificultades de concentración y alteraciones del sueño entre estudiantes preuniversitarios

La psicóloga Blanca Fernández Tobar propone cinco claves prácticas para gestionar el estrés académico y fortalecer la resiliencia emocional de los estudiantes.

A medida que avanza el segundo trimestre, la presión académica vuelve a situarse en el centro del debate sobre salud mental juvenil. Servicios de orientación, psicólogos y centros educativos detectan un repunte de episodios de ansiedad, dificultades de concentración y trastornos del sueño entre estudiantes de Bachillerato, coincidiendo con la preparación de evaluaciones de alta exigencia.

No se trata solo de una percepción: según los últimos datos recogidos por el Estudio Internacional de Salud Mental 2025 del Grupo AXA, el 70% de los jóvenes de entre 18 y 24 años en España afirma sufrir estrés, y un 23% reconoce problemas de ansiedad, una tendencia que preocupa especialmente a los expertos que trabajan con población en edad preuniversitaria.

Por su parte, el informe longitudinal EMOChild sitúa los síntomas de ansiedad en adolescentes entre el 20,5% y el 26%, confirmando que el malestar emocional afecta ya a una parte significativa de quienes cursan etapas previas a la universidad.

Ante este escenario, algunos centros educativos han comenzado a reforzar sus programas de apoyo emocional. Blanca Fernández Tobar, doctora en Psicología clínica, forense y de la salud y experta en ansiedad, impartió recientemente una sesión formativa en Highlands School El Encinar, con el objetivo de proporcionar a los alumnos herramientas prácticas que les ayuden a gestionar el estrés de cara a uno de los momentos más decisivos del curso.

Los expertos coinciden en que la presión escolar ha cambiado: las expectativas académicas son mayores, la competitividad ha aumentado y los adolescentes conviven con más distracciones y estímulos que generaciones anteriores. Este cóctel provoca que muchos jóvenes no solo necesiten invertir más horas de estudio para alcanzar sus objetivos, sino que lo hagan con una carga emocional significativamente mayor.

Fernández Tobar expuso a los alumnos la importancia de distinguir entre estrés, una reacción adaptativa que puede impulsar el rendimiento, y ansiedad, que surge cuando la presión supera los recursos de afrontamiento y puede bloquear la capacidad de estudio. A partir de esta diferenciación, la especialista propuso cinco claves para proteger el bienestar emocional durante los periodos de exámenes:

1. Reducir la exposición al móvil durante el estudio

Las interrupciones constantes (mensajes, notificaciones o redes sociales) fragmentan la atención y fomentan la sensación de falta de control.

2. Establecer ciclos de estudio y descanso realistas

Alternar concentración y pausas evita la fatiga mental y mejora la retención de información.

3. Priorizar el sueño como herramienta académica

Dormir alrededor de ocho horas potencia la asimilación de los contenidos y disminuye la irritabilidad y la ansiedad.

4. Utilizar técnicas activas de aprendizaje

Los métodos que implican práctica, elaboración o reflexión como mapas mentales, la técnica de Feynman o la memorización activa, son mucho más eficaces que estrategias pasivas como subrayar o copiar apuntes.

5.. Evaluar no solo cuánto se estudia, sino cómo

Revisar hábitos, adaptar técnicas y reconocer signos de saturación permite evitar la frustración y optimizar el rendimiento.

“No se trata de estudiar más, sino de estudiar de manera consciente y cuidar cómo nos sentimos mientras lo hacemos: eso es lo que realmente potencia el aprendizaje”, señalan desde el centro. Y destacan que este tipo de sesiones permite a los alumnos “frenar, observarse y desarrollar conciencia sobre sus hábitos diarios”, un aspecto cada vez más valorado por especialistas en salud mental.

Más allá de mejorar resultados, estos programas buscan que los jóvenes aprendan a regular sus emociones en situaciones de presión, una competencia clave también fuera del ámbito académico.

Las cifras confirman que el estrés académico sigue creciendo, pero la experiencia muestra que aún hay margen para intervenir antes de que el malestar emocional se cronifique y el estrés termine imponiéndose como protagonista del trimestre.

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