· El 20 % del consumo mundial de petróleo pasa por el estrecho de Ormuz, por lo que las interrupciones actuales ya están provocando un aumento de los precios.
· Al inicio de la jornada bursátil del lunes por la mañana, el petróleo Brent subió más de un 10 %, lo que refleja un aumento de la prima de riesgo geopolítico.
· Las interrupciones prolongadas o repetidas podrían empujar al Brent a alcanzar los tres dígitos, con la posibilidad llegar al récord de 2008 (147 USD/barril).
La escalada militar entre Estados Unidos, Israel e Irán está ejerciendo una presión extrema sobre los mercados energéticos. Aunque aún no se han registrado interrupciones importantes en el suministro, los riesgos que rodean al estrecho de Ormuz suponen una amenaza para la economía mundial si el conflicto continúa.
«Un conflicto limitado a unos pocos días o semanas, el escenario más probable en la actualidad, debería tener un impacto limitado. Sin embargo, si el conflicto continuara, su impacto macroeconómico podría ser significativo y trascender la cuestión de los precios de la energía», Ruben Nizard, director de Investigación Sectorial de Coface.
Un efecto inmediato a corto plazo en los mercados energéticos
Los ataques de Estados Unidos e Israel en Irán marcan un importante punto de inflexión para los mercados energéticos. Al inicio de la jornada bursátil del lunes por la mañana, el Brent subió más de un 10 %, lo que refleja principalmente un aumento de la prima de riesgo geopolítico más que interrupciones inmediatas y concretas del suministro.
Antes de esta escalada, los mercados petroleros registraban un amplio superávit. La abundante oferta, impulsada por los productores no pertenecientes a la OPEP+ y la rápida reposición de existencias, mantenía los precios bajo presión (con una media de 68 libras por barril en 2025). El conflicto cambia las reglas del juego, reintroduciendo una incertidumbre extrema sobre la seguridad del suministro.
El estrecho de Ormuz, un punto estratégico para el suministro energético
El principal riesgo reside en el estrecho de Ormuz, por el que transita aproximadamente el 20 % del petróleo que se consume en todo el mundo y casi el 30 % de los envíos marítimos de petróleo crudo. Las interrupciones actuales ya están provocando un aumento de los precios.
La capacidad para sortear este estrecho es limitada e insuficiente para absorber una crisis importante. Las interrupciones prolongadas o repetidas podrían empujar al Brent a alcanzar los tres dígitos, con la posibilidad de superar el máximo de febrero de 2022 (122 USD/barril) o incluso el récord de 2008 (147 USD/barril).
Petróleo: el riesgo de destrucción de infraestructuras
Aunque Irán no es el principal productor de la región, una interrupción de su suministro tendría un impacto inmediato en unos mercados ya frágiles. Con más de 3 millones de barriles diarios producidos y casi 1,5 millones exportados, principalmente a China, una interrupción obligaría a los compradores, especialmente en Asia, a recurrir a alternativas más caras, lo que aumentaría la presión al alza sobre los precios del petróleo.
Más allá del suministro iraní o del posible cierre del estrecho de Ormuz, Irán también podría atacar las infraestructuras petroleras de otros países del Golfo. El impacto dependería entonces de la magnitud de los daños y la duración de la interrupción, en un contexto en el que la capacidad excedentaria de la OPEP+, de entre 4 y 5 millones de barriles diarios, sigue siendo limitada y concentrada, especialmente en Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos, donde los flujos logísticos comerciales podrían verse interrumpidos.
Efectos en cadena mucho más allá del petróleo
Lo que está en juego va mucho más allá del mercado petrolero. El estrecho de Ormuz también es crucial para el transporte de gas natural licuado (GNL), fertilizantes, metales industriales (aluminio) y productos petroquímicos. Además, otros puntos estratégicos, como Bab el-Mandeb[1] o el canal de Suez, también podrían verse afectados en caso de una escalada regional. Esto podría aumentar los costes de transporte y las primas de los seguros marítimos.
Esta interrupción gradual de las cadenas de suministro plantea un riesgo creciente de escasez y presiones inflacionistas, especialmente para las economías más dependientes de las importaciones de energía.
El riesgo a largo plazo: una crisis macroeconómica mundial
Un escenario extremo en el que los precios del petróleo se mantuvieran por encima de los 100 dólares por barril provocaría un nuevo repunte de la inflación mundial y probablemente obligaría a los bancos centrales a invertir su estrategia, pasando de la flexibilización monetaria a una restricción generalizada. Un aumento prolongado de 15 dólares en los precios del crudo Brent podría reducir así el crecimiento mundial en alrededor de 0,2 puntos porcentuales y añadir casi 0,5 puntos porcentuales a la inflación. En tal contexto, el riesgo de estanflación —una combinación de crecimiento débil e inflación elevada— volvería a convertirse en una amenaza creíble para la economía mundial, con graves consecuencias para las empresas y el comercio