¿Luz pulsada o láser vascular? Abril se convierte en el mes clave para hablar de rosácea, couperosis y telangiectasias, sin embargo es común encontrarnos ante la duda de qué láser elegir en cada caso. La Dra. Ana Suárez Valle, codirectora de la Unidad de Láser de IMR, nos explica las diferencias de estas dos tecnologías y sus aplicaciones.
Madrid, febrero 2026. Con la llegada de la primavera, muchas pieles sensibles experimentan un aumento del enrojecimiento facial. Los cambios de temperatura, el viento y la mayor exposición solar pueden agravar la rosácea y la cuperosis, alteraciones vasculares frecuentes que se manifiestan con rojeces persistentes, sensación de calor y pequeños vasos visibles. En este contexto, IMR, centro de dermatología de vanguardia, recuerda que abril es el Mes de la Rosácea, una fecha clave para fomentar la concienciación, el diagnóstico precoz y el tratamiento adecuado de esta patología crónica.
«La rosácea no es solo una cuestión estética. Es una condición inflamatoria crónica que requiere diagnóstico médico y un enfoque personalizado. Cuanto antes actuamos, mejor controlamos su evolución», explica la Dra. Ana Suárez Valle, codirectora de la Unidad de Láser de IMR. Entre las herramientas tecnológicas más eficaces para tratar las rojeces destacan la luz pulsada intensa (IPL) y el láser vascular. Aunque a menudo se confunden, no son equivalentes ni están indicadas para los mismos casos.
¿Qué entendemos por luz pulsada intensa y qué por láser vascular?
«La luz pulsada intensa emite un abanico amplio de longitudes de onda. Esa amplitud la convierte en una tecnología muy versátil», señala la especialista. «Nos permite tratar rojeces, manchas, pérdida de luminosidad y signos de foto envejecimiento en una misma sesión. Es decir, tiene un efecto global sobre la piel y es una excelente opción cuando conviven varios problemas.»
El láser vascular, en cambio, trabaja con una única longitud de onda diseñada específicamente para actuar sobre los vasos sanguíneos. «Es mucho más preciso. Es la mejor herramienta cuando hay venitas visibles, finas y bien definidas, lo que conocemos como couperosis o telangiectasias», señala.
Por otro lado, es importante la longitud de onda escogida por el especialista. «Las longitudes de onda más cortas actúan sobre vasos superficiales, mientras que las más largas penetran a mayor profundidad. El láser, al trabajar con una longitud de onda fija y específica, ofrece mayor precisión. La IPL compensa su menor especificidad con su versatilidad.»
En términos generales, el IPL suele requerir entre 3 y 5 sesiones para patología vascular, con mejorías progresivas. Sin embargo, el láser vascular puede necesitar entre 1 y 3 sesiones en casos de telangiectasias bien definidas. «A corto plazo, el láser ofrece resultados más visibles en vasos concretos, mientras que el IPL produce una mejoría más gradual. A largo plazo, ambas tecnologías son eficaces, pero debemos recordar que la rosácea y la couperosis son crónicas, por lo que el mantenimiento —habitualmente con una sesión anual— es clave» explica.
La hemoglobina, clave del tratamiento
«La hemoglobina absorbe determinadas longitudes de onda. Esa energía se transforma en calor dentro del vaso, provocando su coagulación y posterior reabsorción. Cuando el tratamiento está bien indicado, respetamos la epidermis y actuamos de forma selectiva» explica.
¿Qué tipo de rojeces responden mejor al IPL?
El IPL es especialmente eficaz en pieles foto dañadas, en las que el envejecimiento cutáneo se asocia a rojeces difusas, manchas y pérdida de luminosidad. «En estos casos buscamos una mejora global del tono y de la calidad de la piel, más que eliminar vasos muy concretos. El IPL permite abordar todo el conjunto», explica la especialista.
¿Cuándo el láser vascular es claramente superior?
El láser vascular es la opción más eficaz cuando existen:
• Telangiectasias visibles y bien definidas
• Couperosis establecida
• Vasos de mayor calibre o más profundos
• Rojeces persistentes que no han respondido a IPL
«Aquí la precisión del láser permite tratar el vaso de forma selectiva, sin afectar al tejido circundante», destaca la Dra. Suárez.
Más allá de la tecnología: el cuidado diario
Además, añade «es fundamental combinar los tratamientos con tópicos adecuados como niacinamida o ácido azelaico, una fotoprotección estricta diaria y evitar cosméticos irritantes. En algunos casos, también puede ser necesario tratamiento médico tópico o sistémico. La tecnología mejora la rojez, pero el cuidado diario mantiene los resultados.»