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Pérez Pinto: "Las campañas de concienciación son muy importantes, la información es esencial"

Entrevista con Gema Pérez Pinto psicóloga voluntaria en el proyecto PROSVIDA

El diagnóstico de cáncer de próstata suele llegar rodeado de un silencio incómodo. A diferencia de otras patologías, esta enfermedad impacta directamente en el núcleo de la identidad masculina, afectando no solo la salud física, sino también la autopercepción de virilidad, la sexualidad y el control emocional. Se estima que 1 de cada 4 pacientes con cáncer de próstata en progresión padece depresión, una cifra que revela que la verdadera batalla no solo ocurre en los quirófanos, sino en la mente.

Tras culminar su formación académica, Gema Pérez Pinto decidió que su primer reto profesional no estaría en una clínica privada, sino en la primera línea de la empatía: el voluntariado. En el proyecto PROSVIDA, se dedica a ayudar a hombres que enfrentan el cáncer de próstata, un diagnóstico que a menudo llega acompañado de miedos que la medicina no siempre alcanza a curar. Con una mirada joven pero profundamente humana, ella nos ayuda a entender por qué la salud mental es el pilar invisible del tratamiento y cómo las nuevas generaciones de psicólogos están rompiendo los tabúes sobre la masculinidad y la enfermedad.

Gema Pérez Pinto, psicóloga, se ha unido al proyecto PROSVIDA movida por la necesidad de dar voz a quienes suelen transitar el cáncer desde la soledad y el mutismo. Como voluntaria, su labor se centra en el apoyo emocional directo, facilitando herramientas de gestión del estrés y la ansiedad para pacientes y familiares. Simboliza el relevo generacional en la atención oncológica, donde el bienestar emocional deja de ser un extra para convertirse en un derecho fundamental del paciente.

Cuando terminas tu carrera, es un momento de muchas opciones. ¿Qué te llevó a elegir el voluntariado en PROSVIDA y, específicamente, el área oncológica?

Mi experiencia vital, no hay nada como ponerse los zapatos de una persona para entender sus pasos. En mi adolescencia el cáncer golpeó a familiares muy cercanos, y no nos quedó más remedio que mirarlo a los ojos y convivir con la cantidad de emociones que este huracán desata a su paso. Aprendí de una manera cruel, su significado, y pasé por todos los estados que la palabra cáncer lleva marcados a fuego, por eso suelo decir que llegué a la carrera de psicología, con las prácticas hechas en este terreno.

De esto hace más de 20 años, y afortunadamente la salud mental no tiene la misma relevancia que entonces. Ahora estar triste o asustado no es una vergüenza, ahora es una parte más del proceso. Ahora hay más herramientas, pero no las suficientes, acompañar tanto a personas que lo atraviesan, como a familiares o incluso amigos, es esencial, y gracias al voluntariado, más personas pueden verse acompañadas. Este voluntariado a nivel personal, tiene una doble recompensa, por un lado, darle un enfoque positivo a lo vivido y por otro hacer que las personas a las que acompañe sientan ese abrazo reconfortante tan necesario en un momento de vulnerabilidad.

¿Cómo percibe una psicóloga de tu generación el tabú que aún rodea a la salud masculina y al examen de próstata?

La barrera cultural de ciertas normas de género relacionadas con la masculinidad e invulnerabilidad física y emocional, están aún muy arraigadas en la sociedad. El simple hecho de escuchar el nombre construye una barrera de vergüenza, miedo e incluso homofobia asociada erróneamente a la realidad, que es el cuidado personal y la salud.

Todos los cambios llevan un proceso, y este no iba a ser menos. El cáncer de próstata es un cáncer silencioso, no porque no exista, sino porque no se habla con naturalidad, en eso las mujeres llevamos ventaja gracias a las mujeres que pusieron en marcha asociaciones para visibilizar y acompañar en el proceso.

Es solo un cambio de enfoque, cambiar la palabra vergüenza por responsabilidad, hará que más vidas se salven. La prevención es la clave para que lo que es inevitable, como es un diagnóstico, se convierta en curable.

Y en esta batalla de cambio de mentalidad, PROSVIDA es la clave, tanto para esta visibilización, como para ser ejemplo para la creación de asociaciones que ayuden a que más personas se salven.

Desde la psicología, ¿por qué a los hombres les cuesta más acudir a revisiones preventivas que a las mujeres?

Desde fuera se puede confundir con dejadez, pero la respuesta es algo más complicada. Si lo vemos desde un enfoque social, hay que tener en cuenta que el hombre construye su identidad basándose en lo que no deben ser, como débiles, dependientes… esto les lleva a una presión social que no se permiten una sola fisura en esa armadura que se han construido. Si lo vemos desde la parte emocional, ellos no se permiten tener miedo de cara a la galería, pero en su interior todo es diferente, la evitación defensiva (si no voy al médico, no me pasa nada), la amenaza a la autonomía (una posible dependencia de terceros), la falta de alfabetización emocional y los slogans rancios de la propia cultura como "aguanta como un hombre", sumado al abandono del sistema preventivo en sanidad, hacen que para una mujer acudir al ginecólogo sea lo normal desde su juventud, pero en el caso del hombre, solo acuden si hay molestias.

Esta ausencia de prevención, hace que cuando se detectan problemas, sea tarde, y no tenga solución o la solución sea más invasiva y dolorosa. Es importantísimo crear el hábito de la prevención.

Y sumado a este hábito de la prevención es importante establecer un clima de confianza plena en el profesional que atiende, ya que el paciente se enfrenta a miedos y dudas en temas que, por lo general, los hombres no hablan si van relacionados con su salud sexual, o la mal entendida "virilidad".

Por suerte, se va avanzando en el tema, ya que no es algo biológico, son conductas aprendidas, por lo que desprendernos de ellas, es posible. Hay que cambiar la "masculinidad que conocemos" por una "masculinidad positiva", donde la prevención junto al autocuidado sean un acto de responsabilidad y fortaleza hacia uno mismo y hacia los demás.

El cáncer de próstata toca fibras muy sensibles como la función sexual y la continencia. ¿Cómo se trabaja desde la psicología para que el paciente no sienta que "ha dejado de ser hombre"?

Esto es cuestión de educación sexual. Si enfocamos la vida sexual de una persona en la erección y la penetración, la frase "ha dejado de ser hombre" puede hasta cobrar algo de sentido en algunas personas emocionalmente pobres. Nadie deja de ser hombre, ni nadie deja de ser mujer por estos temas. Si abordamos el tema desde una educación sexual y afectiva sana, vemos que el placer, que es el motor de la sexualidad, está en muchas prácticas, y que hay muchas formas de dar y recibir placer además de la penetración. Si miramos al pasado no tan lejano, muchos hombres, creían erróneamente que con esa práctica habían hecho como se dice vulgarmente "un buen trabajo", siendo para la mujer un mero trámite para procrear o en el peor de los casos para "cumplir" con sus "supuestas obligaciones maritales". Una buena educación sexual, hará que sepan las etapas por las que van a pasar con los efectos secundarios de la medicación, y también sabrán que volverán con el tiempo a recuperar sus funciones. Con el añadido de haber reforzado sus lazos afectivos con sus parejas.

Asumir las enfermedades al igual que el simple paso del tiempo en nuestro cuerpo, nos hará valorar lo que realmente es importante.

¿Cómo deben las parejas abordar los cambios físicos y emocionales para que el diagnóstico no deteriore la relación?

Sé que soy muy pesada con la palabra, pero la educación emocional y afectiva es la clave. Es importante que exista previamente una buena relación de cariño, un vínculo fuerte, esto facilitará cualquier cambio de la vida. Ante un diagnóstico de este tipo, todo el entorno se va a ver afectado, y es recomendable, casi obligatorio bajo mi opinión, realizar una buena campaña de información y apoyo. Los ánimos van a decaer, y habrá momentos duros, dónde hay que apoyar y comprender. Pero también hay que recordarle y trabajar con la persona diagnosticada sobre la forma de relacionarse con su entorno, ayudarles a ambas partes en la gestión de las emociones negativas, como la rabia, el miedo e incluso la ira. Pero en el caso de la pareja, va a ser la pieza clave para sostener tanto a su pareja como a la relación.

Este camino, no va en línea recta, es una montaña rusa de emociones, y la pareja, hablo de las dos partes, se tienen que convertir en un equipo, que con una buena gestión saldrán más reforzados.

Como voluntaria, también ves a las parejas y los hijos. ¿Cuál es el error más común que comete el entorno cercano por intentar "ser fuerte" frente al paciente?

La falsedad, sin ninguna duda. Hay una clara tendencia a sobreactuar, a impostar una felicidad que se cae a pedazos. El no pasa nada, y todo sigue igual, es un enemigo. Además, aparece el porqué a él o a ella y no a mí, porque ahora nos pasa esto, etc.

Sí pasa, es una circunstancia que va a cambiar el día a día de la familia, las rutinas, y los planes de futuro, después de esto la vida nunca volverá a ser igual.

Hacer un enfoque de aprendizaje, volver a recolocar la escala de importancia en la vida de todos es una tarea que se puede convertir en una lección importante de vida. La vida pasa para todos, ayer no va a volver y mañana no se sabe, hoy es el momento. Hay que mirar al hoy con gratitud, con lo que sí tenemos, no con lo que no se sabe si vamos a perder.

Muchos hombres evitan ir al médico por miedo al diagnóstico. ¿Cómo puede la psicología ayudar a vencer ese bloqueo antes de que sea tarde?

Con la prevención, es la única arma junto a los cribados que hay. Para eso es bueno concienciar a las familias, a las mujeres que hablen en casa, que nos ayuden a los profesionales a ser altavoces frente a esta lucha. Todas las mujeres tenemos hombres en nuestra vida, con diferentes roles, padres, hermanos, abuelos, tíos, parejas, hijos… a los que queremos y que con un simple gesto pueden salvar su vida en la mayoría de los casos.

Además de aprovechar el cambio generacional que ya está en marcha de la masculinidad vista desde la perspectiva de nuestros abuelos. Con el testimonio de los hombres que han vencido esa barrera y se hacen revisiones, que hagan de altavoz para otros hombres. En la psicología van a encontrar todo el apoyo que necesiten, para pasar de sentirse avergonzados a ser héroes en la vida de millones de hombres y por ende de sus familias.

Por eso las campañas de concienciación son muy importantes, la información es esencial, y el ponerle voz, lo normaliza, si somos capaces de darle la normalidad que tiene, se conseguirá que esos cribados lleguen a tiempo y por consecuencia, que se eviten muertes de personas que queremos.

¿Cuáles son las primeras "herramientas de emergencia" emocional que le das a un hombre que acaba de recibir la noticia?

No hay una fórmula mágica, hay que adaptarse a la realidad de la persona que tienes delante, ya que hay infinitas formas de reaccionar, lo único que tenemos claro es que va a pasar un proceso de shock, o de autoengaño, de incredulidad…

Lo que sí es común a todos los casos es no ser invasivo, darle mensajes breves para que su cerebro vaya afrontando el nuevo estado, utilizar frases de anclaje intentando evitar, que su salud no corra peligro por la envergadura de la noticia, expresarle que no tiene nada que decidir, que no hay prisa, hay que desactivarle la urgencia, y que no está solo.

Las frases de validación les ayuda mucho, darle normalidad a lo que sienten dentro, incluso confirmarles que es una noticia dura, pero siempre desde la empatía, estableciendo una conexión lo más humana posible.

Una vez superada la primera fase, elaborar un plan de acción es importante. El hecho de no estar perdidos y saber que van a hacer les da seguridad. Cuando digo esto, no me refiero a que digan cómo van a gestionar todo el proceso, sino las primeras horas, si van a hablar con alguien, si necesitan silencio, hablar, llorar… y centrarles en el aquí y ahora, el futuro es incierto y hay que estabilizar esa vorágine para reducir en la medida de lo posible la ansiedad.

¿En qué momento la tristeza por el diagnóstico se convierte en una depresión clínica que requiere intervención especializada?

Cuando los sentimientos de desesperanza, inutilidad o pérdida de interés en actividades que antes disfrutaban son intensos, persistentes e interfieren en la vida diaria; dificultad para concentrarse y tomar decisiones.

Y en el caso de pensamientos suicidas, incapacidad para comer o dormir e aislamiento severo, la intervención debe ser psiquiátrica e incluso conjunta con el psicólogo.

Todo esto a grandes rasgos, pero hay que tener claro que, ante el diagnóstico, la tristeza es una respuesta normal y esperada ante la pérdida de la salud. Sin embargo, la depresión es un trastorno grave y nunca jamás una señal de debilidad, en estos casos se eleva a un 25% diagnosticados, eso no quiere decir que la cifra real sea más elevada. Ante cualquier duda, siempre hay que consultar con el equipo médico para que desde la formación que tienen valoren la situación y la necesidad de terapia o medicación.

¿Qué beneficios pueden encontrar los pacientes al compartir su vulnerabilidad, como pide el proyecto PROSVIDA?

Muchísimos, pero el más esencial es el de hermanamiento. No sentirse solo en este viaje, saber que están apoyados y acompañados por personas que lo han sufrido, lo están superando o que se han especializado en el tema que están ahí para ayudar y facilitar el proceso.

Cuando te rodeas de personas que sabes que te comprenden y que te pueden informar de cada paso, todo se ve diferente, se empiezan a ver rayos de sol entre tanto nubarrón.

Y si encima quien te lo cuenta es una persona de tu entorno, te lo tomas más en serio, porque ya no lo ves como algo lejano que le pasa a otros, es algo que te puede pasar a ti, y que prevenir es mucho mejor que curar. Ponerle voz es un buen paso para reducir la mortalidad, darle normalidad hace que los hombres que aún sienten vergüenza dejen de sentirla y lo encaren como una parte más del autocuidado. PROSVIDA ya salva vidas con su lucha por la prevención, pero si sumamos esfuerzos, a más personas llegaremos y más vidas se salvarán.

Como nueva profesional, ¿hacia dónde crees que debe evolucionar el sistema sanitario para integrar mejor la salud mental en el tratamiento del cáncer, más concretamente el de próstata?

En salud mental queda un largo camino que andar. Hemos pasado de que acudir al psicólogo o al psiquiatra era una vergüenza a creernos todos los mensajes de autoayuda que nos brinda cualquiera en redes sociales y los creemos como verídicos.

La salud mental, es esencial llevada por profesionales, pero en el caso del cáncer, y más concretamente el de próstata, deben ir unidos. Es prioritario que el sistema sanitario cree una verdadera red de apoyo que cubra tanto a la persona diagnosticada como a su entorno, ya que, si le procuramos una buena red de apoyo, su salud mental estará estable, y le amortiguaremos los golpes que el propio diagnóstico da. El miedo existe, y cuando hay que transitar por él, si se va acompañado, será menos duro, no hay que cometer el error de quedarse a vivir en él.

Y evidentemente en el tema de la prevención, ésta será efectiva si rompemos la barrera cultural, si tratamos el tema de la sexualidad masculina desde un enfoque real, humano, no de comic de Marvel, que nadie tenga que descubrir solo las consecuencias; que de antemano sepan las consecuencias unidas a las alternativas, eso da un remanso de tranquilidad entre tanta desazón.

Como psicóloga joven, te sientas frente a hombres que quizá podrían ser tus padres o abuelos y que pertenecen a una generación a la que se le enseñó a no llorar. ¿Cómo es ese choque cultural al intentar que se abran emocionalmente contigo?

Bueno, ya no soy tan joven, y eso puede ser un factor positivo a tener en cuenta en este tema. A ciertas edades, la vida ya nos ha hecho tener perdidas, y afrontar miedos tanto a las personas que acuden a mí, como a mí misma. Cuando tú miras a los ojos, con un mensaje real, humano, no con las típicas frases de "tú puedes", "si eres un campeón", "esto no va a poder contigo" que se usan por desconocimiento, y hablas desde tu propia vulnerabilidad, desde la realidad de que el miedo existe, y les das herramientas para que entienda lo que le pasa, que es el primer escalón, le haces que pueda verbalizarlo, incluso llorarlo y le acompañas en el proceso, sin juicios, no hay choque cultural que no se rompa. Se establece un vínculo de confianza, de hermanamiento en esta aventura de caminar juntos.

Si pudieras decirle algo al lector que tiene miedo de hacerse una revisión hoy mismo, ¿qué le dirías desde tu posición de voluntaria del proyecto PROSVIDA?

Le diría muchas cosas, pero que es una decisión totalmente suya, que debe tomar desde la responsabilidad y la madurez, sabiendo que cuanto más tiempo le gane a la enfermedad en el caso de que salga positivo, más opciones tiene de salir vivo, que es el primer objetivo; y menos agresivo será el tratamiento. En estos casos, suelo ser muy directa a la hora de hablar de vida o muerte, porque es la cruda realidad. La muerte es una palabra que va unida a nosotros desde que nacemos, aunque intentemos esconderla, sabemos que vamos a pasar por ella, de eso no nos va a librar nadie, pero lo que si podemos es ganarle tiempo a esta vida, para estar con los que queremos, para cumplir nuestros sueños, para vivir una vida plena, para vivirla dignamente, sabiendo que en el caso de que el diagnóstico sea positivo, el tratamiento va a ser lo más leve posible. Que miren a su familia a los ojos, que si no lo hacen por ellos mismos, que les eviten ese sufrimiento de enfermedad o perdida a sus seres queridos. Que la vida es muy bonita, si tenemos claro que, durante el camino, vamos a tropezar e incluso caer, pero que existe la posibilidad de levantarse y seguir caminando. Que piensen en un ser querido fallecido, y la de veces que hubieran dado la vida entera por un segundo más con él. Pues ese mismo sentimiento es el mismo que tendrán sus familiares con ellos sino hacen revisiones, sino evitan lo evitable.

Evidentemente cada persona necesita un mensaje diferente para reaccionar, pero por suerte y por el esfuerzo de personas que luchan por esta causa, cada vez más hombres acuden a revisiones, cada vez hay más esperanza.

Y por último, ¿Qué opinión te merece el proyecto PROSVIDA?

Pues como su propio nombre indica, una esperanza a la vida. Un proyecto que nació como las grandes cosas nacen, de las crisis. No hay tormenta en la que no salga el sol, y eso es PROSVIDA, después de una tormenta, es una esperanza para millones de personas. Es un acto de valentía, de orgullo y de generosidad, muchísima generosidad. PROSVIDA suena a lección aprendida, ¿de qué sirven los tropiezos del camino sino aprendemos a mirar por donde vamos? Eso pretende, que todos aprendan de un tropezón que costó un buen raspón en la rodilla, pero que por suerte para todos está cicatrizando.

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