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Terapia de luz roja. Toda la verdad sobre la tendencia beauty del momento

La terapia de luz roja o bioestimulación se ha convertido en toda una tendencia, pero en realidad lleva décadas de estudio. Hoy en día combina usos domésticos, deportivos y clínicos, ofreciendo beneficios con resultados progresivos que dependen de la constancia y del dispositivo. Las doctoras Marta González y Clara Lacasta de IMR, explican sus beneficios en el campo de la dermatología y los ritmos circadianos

Madrid, febrero 2026. Tanto la luz roja como la luz azul se han puesto de moda por sus excepcionales beneficios en la terapia LED o de bioestimulación, no solo para el cuidado de la piel, sino para el descanso. Mientras la luz roja se utiliza para mejorar la producción de colágeno, reducir inflamación y mejorar el sueño, la luz azul es de sobra conocida por sus beneficios para combatir el acné al eliminar bacterias. Deportistas, celebrities y amantes de la salud, han hecho de la luz roja un adalid de la belleza - en especial gracias a las gafas con cristales rojos, como solución milagrosa al uso de pantallas azules – o el uso de máscaras LED, paneles y una sucesión de gadgets para utilizar cómodamente desde casa.

Los resultados no pueden ser más prometedores: una mejora del sueño, el bienestar y la salud, gracias a su capacidad para contrarrestar la melatonina, en el caso de las viralísimas gafas, o una mejora del estado general de la piel en el caso de aplicaciones dermatológicas. Sin embargo, ¿qué hay de cierto? Las Dras. Marta González, directora de la Unidad de Medicina Estética, y Clara Lacasta, especializada en dermatología médico-quirúrgica, medicina estética y capilar, nos dan las claves. En este caso y como punto de partida para que la terapia de luz roja tenga éxito, los beneficios dependen de la regularidad, los parámetros adecuados de tiempo y potencia, así como de un dispositivo de calidad. Los resultados, tal y como explica la Dra. Lacasta, dependen de la constancia y del dispositivo utilizado. .

Luz roja y fotobiomodulación: origen y aplicaciones en dermatología

Aunque puede parecer una novedad, explica la Dra. González, la terapia con luz roja cuenta con varias décadas de investigación. De hecho, fue en los 60 cuando se empezaron a explorar las aplicaciones terapéuticas de los LEDs, y en los últimos años se ha popularizado su uso en dispositivos domésticos, generando curiosidad, dudas en consulta y gran expectación.

En el campo de la dermatología estética, la luz roja utiliza longitudes de onda entre 630 y 760 nm, que llegan hasta la dermis, estimulando la producción de colágeno, mejorando la textura y favoreciendo la reparación de los tejidos. En resumidas cuentas, se desencadena una respuesta biológica en la piel, actuando como una señal que el tejido interpreta. Entre sus principales beneficios se incluyen el rejuvenecimiento cutáneo, la mejora de la cicatrización y la luminosidad, y es excepcional en la modulación de la inflamación, añade.

Por tu parte, la Dra. Lacasta añade: la luz LED, especialmente la roja y el infrarrojo cercano, tiene evidencia científica en dermatología basada en la fotobiomodulación, con efectos demostrados a nivel celular y antiinflamatorio. Se utiliza principalmente para estimular la regeneración cutánea, mejorar la calidad de la piel y como apoyo en procesos inflamatorios o de reparación tisular (acné leve, envejecimiento de la piel, piel sensible y rojeces, mantenimiento tras tratamientos en consulta...). Por otro lado, mejora la luminosidad de la piel, la textura y el aspecto de líneas finas, además de reducir inflamación y favorecer la cicatrización, de manera progresiva.

Resultados del uso doméstico vs el clínico

Los dispositivos domésticos, tal y como explica la Dra. González, permiten incorporar la luz roja a la rutina diaria, aunque los resultados suelen ser más lentos. En dermatología estética, su uso a domicilio se ha popularizado sobre todo como tratamiento antiaging para pacientes de 30-35 años en adelante. En la clínica, los aparatos son más potentes y los protocolos están basados en la evidencia científica, lo que permite optimizar los resultados y los efectos son visibles de manera más rápida y duradera. Además, se aplica a todas las edades, combinándolo con otros tratamientos según las necesidades de cada paciente.

Luz roja y ritmos circadianos: las famosas gafas con lentes rojas

En general, explica la Dra. González, la luz roja tiende a interferir mucho menos en el ritmo circadiano (reloj interno biológico que regula los ciclos de sueño-vigilia) que por ejemplo la luz azul, que es la que más puede retrasar la señal de “noche” en el organismo. Aun así, añade, algunas personas pueden notar más activación o dificultad para conciliar el sueño. Nosotros recomendamos utilizarla por la mañana o por la tarde, evitando sesiones justo antes de acostarse.

Si tengo que hablar de mitos respecto a la luz roja, es que funciona igual en todos los dispositivos. En realidad, el resultado depende el aparato, de la potencia que irradia el mismo y de la longitud de onda real. Por otro lado, la fotobioestimulación es progresiva y los cambios, por ejemplo, los relativos al colágeno, necesitan tiempo.

¿Es segura la terapia de luz roja?

Tal y como explica la Dra. González, se trata de un tratamiento seguro, no invasivo y bien tolerado, aunque existen algunas limitaciones y precauciones. Pacientes con enfermedades fotosensibles o medicación fotosensibilizante deben evitarlo. Además, no hay estudios que garanticen su seguridad durante el embarazo, por lo que, lo más prudente es evitarlo. Adicionalmente, en el uso doméstico, si existe alguna patología concomitante (acné, melasma, vitíligo…) es recomendable acudir al dermatólogo para que valore al paciente y le paute de manera individualizada un plan de tratamiento.

Resultados y progresión de la terapia de luz roja en dermatología

Los efectos suelen notarse de manera gradual, generalmente a partir del segundo mes. En los dispositivos domésticos se recomienda elegir un dispositivo de calidad y un uso de 3-4 veces por semana, mientras que en clínica los especialistas ajustan la frecuencia según cada caso, añade la Dra. González. Además, recalca que el secreto reside en la constancia y en adaptar la terapia al tipo de piel y al objetivo de cada paciente.

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