La incertidumbre en la previsión no está relacionada con la borrasca Francis, ya que se trata de un sistema amplio y bien definido, correctamente previsto por los modelos. El problema reside en los pequeños frentes y mesobajas que se formarán al interactuar las masas de aire. Estos sistemas son difíciles de predecir y pueden modificar notablemente el tiempo a nivel local. Un ligero cambio en su posición puede determinar dónde y con qué intensidad se producirán las lluvias o nevadas.
Como resultado de esta situación, el sistema frontal que se formará en la zona de contacto entre el aire mediterráneo y el aire polar continental será el responsable de las nevadas más destacadas. Estas afectarán sobre todo al Ibérico sur, al prelitoral mediterráneo, al extremo oriental del Sistema Central y, de forma puntual, a áreas del este de las mesetas.
No se descartan nevadas en amplias zonas del interior peninsular y en las principales cordilleras, incluyendo la Ibérica, Central, Cantábrica y Pirineos, donde incluso podrían darse nevadas a cotas muy bajas. También el este y sureste peninsular podrían registrar nieve localmente significativa en áreas de montaña. Las nevadas comenzarán el domingo 4 de enero en zonas montañosas del noreste de Castilla y León y, conforme el aire frío avance hacia el sur, la cota de nieve descenderá rápidamente, extendiéndose durante el lunes 5.
Las temperaturas bajarán de forma notable, con heladas generalizadas en casi todo el interior peninsular durante los días 5 y 6 de enero, quedando al margen principalmente las zonas costeras y el extremo suroeste. En los principales sistemas montañosos se esperan incluso máximas negativas. A partir del día 7, este aire frío podría ser sustituido por una masa algo más templada y húmeda de origen marítimo polar, asociada a la llegada de nuevos frentes atlánticos. No obstante, será necesario seguir de cerca la evolución, ya que este cambio podría favorecer nuevas nevadas en cotas medias o bajas, con posibles efectos en áreas pobladas.