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¿Es malo «pincharse» desde joven?

El auge de la medicina estética en jóvenes de 16 a 24 años pone el foco en la edad ideal para empezar a «pincharse»

La Dra. Carmen Górriz, subdirectora de la Unidad de Medicina Estética de IMR, nos da las claves de una tendencia que surge principalmente de la moda y las redes sociales, pero en otras, tal y como explica, de una necesidad de mejora de la autoestima del paciente.

Baby botox, Russian lips o rellenos dérmicos son algunos de los tratamientos de medicina estética que mayor popularidad han ganado entre los jóvenes durante los últimos años. Protocolos que modas y redes sociales se han encargado de sacar a la palestra, gracias, en parte, a celebrities tan internacionales como las hermanas Hadid o las Jenner e, incluso, patrias como Laura Escanes, Esther Expósito o Violeta Mangriñán. De la misma manera que un millennial acudía a la peluquería con el último peinado de Jennifer Aniston – la mítica Raquel Green de Friends – ahora es la Gen Z quien acude a su médico de confianza con la foto de la it girl del momento.

Las redes sociales han cambiado por completo el acceso a la medicina estética explica la Dra. Górriz. Antes los pacientes venían buscando resultados naturales; ahora muchas veces acuden con una foto de una influencer o un «antes y después» de TikTok o Instagram. Esto tiene una parte positiva —mayor información y menos estigma—, pero también exige mucha responsabilidad por parte del profesional: explicar los límites, adaptar las expectativas y no replicar rostros, sino armonizar facciones. Es frecuente que nos pidan resultados similares a los de personajes públicos como Bella Hadid o Kylie Jenner, pero cada rostro es único y el objetivo siempre debe ser mejorar sin perder identidad.

Por si fuera poco, estas it girls han perdido el miedo a reconocer cuál es el último tratamiento al que se han sometido. Cuando antes todo era puro misterio – nunca los labios de Kylie Jenner dieron tanto que hablar -, ahora se torna naturalidad y es precisamente esa naturalidad la que, en parte, ha hecho deducir a sus miles y miles de followers, que la medicina estética es cosa de coser y cantar.

El momento del «pinchazo»: cuál es la edad más adecuada

Más que una edad ideal, aclara la especialista, lo importante es tener una indicación clara, un diagnóstico estético adecuado y expectativas realistas. La medicina estética no debería seguir una moda, sino una necesidad concreta — ya sea preventiva, correctiva o regenerativa —. En pacientes jóvenes, solemos actuar en casos muy específicos: asimetrías faciales marcadas, ojeras muy profundas hereditarias, acné inflamatorio que deja cicatrices importantes, o incluso prevención del envejecimiento si hay factores de riesgo (exposición solar intensa, pérdida precoz de colágeno, gesticulación muy marcada, etc.).

A cada edad, su activo

Además de tener en cuenta el enfoque preventivo, correctivo o regenerativo, en IMR, centro de dermatología de vanguardia, tienen muy en cuenta el activo más adecuado según la edad y necesidades del paciente. En torno a los 20-25 años, la Dra. Górriz recomienda vitaminas, exosomas, polinucleótidos, inductores de colágeno suaves como la hidroxiapatita cálcica muy diluida o los skinboosters con ácido hialurónico no reticulado.

A partir de los 30 la cosa cambia: neuromoduladores si hay líneas dinámicas marcadas, inductores de colágeno más potentes y rellenos estructurales si hay pérdida de volumen o deseo de realce natural. El objetivo siempre es preservar la naturalidad y prevenir, no transformar, añade.

Ventajas e inconvenientes de empezar a pincharse a una edad temprana

Aunque parezca que todo son desventajas, la Dra. Górriz lo matiza. Sí hay ventajas si se hace bien: prevención del envejecimiento, mejora de la calidad de piel, corrección de inseguridades estéticas que afectan a la autoestima y evitar tratamientos más agresivos en el futuro. Los riesgos vienen cuando se banaliza el tratamiento: si se inicia demasiado pronto, sin indicación, o si se aplican técnicas inadecuadas (exceso de volumen, cambios en estructuras que aún no han terminado de desarrollarse). Además, un inicio precoz sin control puede generar una dependencia estética o distorsión de la autoimagen.

El papel de la medicina estética: más allá de las redes sociales

La medicina estética bien aplicada no consiste en seguir tendencias, sino en preservar la salud cutánea, prevenir el envejecimiento prematuro y mejorar el bienestar emocional del paciente. El auge en pacientes jóvenes nos obliga a hacer una medicina estética aún más ética, basada en la prudencia, el diagnóstico personalizado y la educación sobre la autoimagen. Apostar por lo natural, por intervenciones sutiles y respetuosas con la anatomía facial es clave para que los tratamientos no solo sean eficaces, sino también sostenibles en el tiempo.

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