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El pueblo será nuestra nueva oficina

Llegó el tiempo de los nómadas digitales y la oportunidad definitiva para la España vaciada y las zonas remotas

Teletrabajo, nomadismo digital o trabajaciones son conceptos diferentes con sus propios matices, pero que redundan en lo mismo: la necesidad de pasar de la rigidez a la flexibilidad; del control a la confianza y del sedentarismo a una nueva manera de estar en el mundo

El teletrabajo y el nomadismo digital traen consigo un nuevo paradigma de concepción del trabajo y de la vida que tendrá importantes repercusiones a escala económica, social y territorial que redundará en la reactivación de la actividad de núcleos rurales y zonas más remotas

La pregunta es ¿están preparadas las empresas? ¿Y los destinos? Las claves son capacitación, conectividad y un cambio cultural de mentalidad, además de big data.

Los expertos aseguran que España es un país envidiable en conectividad, aunque esto, aún, no significa liderar los rankings de teletrabajo.

Estamos ante una revolución nueva, la digital, que traerá diferentes oleadas, con grandes oportunidades asociadas, que debemos abrazar. La pandemia ha demostrado que el cambio es ya una constante y que nuestra capacidad de adaptación para afrontar lo que venga es inmensa.

El presente y el futuro son híbridos, fi-gitales y conjugan lo mejor de ambos mundos.

Las ciudades digitales necesitan de tecnología y sostenibilidad para poder ser. El Big data será la herramienta clave a la hora de planificar los entornos rurales o urbanos y adaptarlos al nuevo modelo de trabajo, de turismo y de vida.

El futuro ya está aquí y ha llegado de la mano del teletrabajo, de la capacidad de trasladar nuestra residencia cada cierto tiempo sin cambiar de empleo (el nuevo nomadismo), de los destinos inteligentes y de un cambio de mentalidad en la cultura empresarial que será esencial para abrazar la última revolución humana.

La tercera jornada de la segunda edición de `Conversaciones Condé Nast Traveler´ ha entrado de lleno en esta revolución transversal que se ha acelerado de forma exponencial con la pandemia. Las fronteras entre oficina y hogar, mundo físico y virtual e, incluso, entre urbanitas y amantes de lo rural, se han diluido. Y parece que para bien. Todo ha cambiado… ¿o es que los que hemos cambiado hemos sido nosotros?

Las grandes ciudades ya no son la respuesta a todas las preguntas

Cuando se empieza a vislumbrar un nuevo horizonte post pandemia, toca parar y pensar. ¿Qué ha sucedido en este tiempo? ¿Hacia dónde queremos ir tras este punto de inflexión vital? La respuesta parece estar en una nueva concepción de vivir, de viajar y de trabajar.

Bajo el título `La ciudad no es para mí ´ los expertos en la materia: Carlos Jonay Suárez, consultor de estrategia digital y cofundador de Pueblos Remotos; Nacho Rodríguez, fundador de Nomad City y Raquel Sánchez, relaciones públicas, han puesto sobre la mesa las calves de este nuevo paradigma, así como sus pros y sus contras.

Lo primero de todo, ha sido aclarar la diferencia entre dos términos que son complementarios "pero que no se están fusionando aún", en opinión de Raquel Sánchez.

Teletrabajar supone trabajar fuera de una oficina; no tener que desplazarte a ella a diario, mientras que ser un nómada digital redimensiona el concepto; implica que un trabajador puede desplazarse e ir cambiando de residencia según vayan cambiando su vida o sus necesidades, sin tener que cambiar, necesariamente, de empleo.

"El 73% de los empleados a día de hoy está teletrabajando. ¿Por qué estar en un piso en Madrid cuando, a todos los efectos, puedes trasladar tu residencia a otro destino y planificar acudir a una reunión cuando sea necesario?" ha lanzado esta Raquel Sánchez. La emprendedora ha asegurado, también, que el disfrutar de un entorno de tu elección es un estímulo impagable para trabajar mejor: "Tenemos delante una oportunidad de mejorar nuestra calidad de vida y, por supuesto, nuestra creatividad en un 20% y nuestra productividad en un 12%. La belleza de un lugar de nuestra elección es un poderoso estímulo que no hay que despreciar". Este concepto lo ha bautizado como `trabajaciones´.

Nacho Rodríguez (Nomad City), por su parte, ha señalado el salto cualitativo que se ha vivido este año: "Este año hemos experimentado una explosión del teletrabajo y hemos empezado a romper el estigma que había al respecto, pero aún hay un gran desconocimiento. Teletrabajar no es sinónimo de quedarnos metidos en casa. Podemos hacerlo desde un pinar, desde una playa o desde un espacio de coworking que nos pille más cerca de casa que nuestra oficina".

La cuestión aquí es si las empresas están de verdad preparadas para este cambio de paradigma. ¿Y los destinos?

Carlos Jonay Suárez (Pueblos Remotos) asegura que aún falta un poco para que esta nueva realidad tenga su reflejo pleno en la sociedad. "Se han dado grandes pasos. A principios de 2020 el teletrabajo y el nomadismo digital eran realidades impensables en España. Era algo impensable fuera del mercado americano, pero en apenas una semana de marzo pasamos de un 4,3% de teletrabajadores a un 33%., lo que indica que, técnicamente, es viable".

Su declaración pone de manifiesto que el escollo está en la barrera cultural. Para poder consolidar esta nueva tendencia que, auguran, llega para quedarse, es esencial un cambio de mentalidad entre los empresarios: "Es esencial capacitarles. Los jefes muchas veces no saben dirigir equipos en remoto. Les entra una tremenda ansiedad ante la pérdida de control que supone el teletrabajo y eso es por falta de formación al respecto. Ha llegado el momento de abandonar la zona de confort y los modelos de presencialismo rígido de la revolución industrial y del trabajo en las fábricas", sostiene Nacho Rodríguez.

La confianza es otra de las claves de este nuevo escenario. En boca de Carlos Jonay Suárez: "Para que se materialice el cambio y estemos listos para que estas fórmulas de trabajo lleguen a un porcentaje elevado de la población cosa que calculo se dará en 2 o 3 años - es primordial que los jefes confíen en sus profesionales. Confianza, flexibilidad horaria y capacitación son los pilares".

Nacho Rodríguez introduce una nueva variable: la normativa necesaria. "Hasta la pandemia ni siquiera existían leyes regulatorias al respecto. Han de desarrollarse y han de ser globales, como global es la movilidad de los trabajadores entre los diferentes países".

Respecto a los destinos, el principal escollo que tienen que enfrentar es el de conectividad. En España se están dando pasos de gigante al respecto y existen proyectos de conectividad rural que son modelos a seguir en el mundo. "La conectividad de nuestro país es envidiable, mucho mejor que la de países a los que solemos mirar y tomar como referencia y el proyecto de Elon Musk terminará de aportar las soluciones que faltan", arrojaba Nacho Rodríguez.

Es necesario cambiar el foco para partir de lo local y de la necesidad de entender el mundo rural con sus peculiaridades y necesidades. Cosa que se está poniendo en práctica en uno de los proyectos españoles de referencia internacional con gran éxito que desarrolla Carlos Jonay Suárez: "En Icod de los Vinos, un pequeño pueblo canario, hemos desarrollado un proyecto para impulsar los negocios locales y la actividad económica propia de la zona al tiempo que atraemos talento extranjero. Guías teletrabajadores de todas las nacionalidades han acudido al municipio a ayudar a los emprendedores locales a adaptarse a los tiempos y a resolver sus retos al tiempo que los nuevos visitantes han encontrado un lugar estupendo en el que vivir. Se trata de una colaboración y un enriquecimiento mutuos". Otros proyectos similares desarrollados en países como Irlanda (Work remote) demuestran el éxito de estas iniciativas de apertura a nuevos profesionales y de capacitación a habitantes locales facilitando que no se vacíen los núcleos rurales más aislados.

Como posible inconveniente a estos nuevos modelos de teletrabajo está la gentrificación que podrían acarrear. Aunque en boca de los tres expertos, se trata de un riesgo menor, teniendo en cuenta los beneficios en repoblación, reactivación económica y social y de empleos que se darían.

Los viajes y la cultura empresarial

La aparición del virus y el confinamiento obligó a la digitalización forzosa de las empresas y a implantar el teletrabajo en muchas estructuras laborales. Algunas estaban preparadas, otras tuvieron que improvisar y aprender sobre la marcha. Si las compañías siguen fomentando el teletrabajo dentro de su cultura empresarial, en el momento en que se pueda volver a viajar, será una época dorada para todos los nómadas digitales en acto y en potencia. ¿Están las empresas preparadas?

Para responder a todas las preguntas, la segunda conversación de la jornada ha contado con la presencia de Rocío Abella, socia de Deloitte. Desde su expertise en mundo empresarial y turismo, Rocío ha dibujado un nuevo escenario que incide en la evolución que hemos experimentado las personas, en el giro en valores que hemos vivido con esta crisis y la inevitable fusión de dos universos hasta ahora estancos: el real y el virtual o digital.

"Estamos ante una nueva aventura y ante una nueva revolución de la historia humana que ya no es industrial, sino digital. Una revolución que traerá nuevas oleadas que nos hacen tener que asumir tres cosas: que la realidad es absolutamente cambiante y que ya nada es definitivo; que lo que hoy es importante mañana no lo será y que el motor del cambio estamos siendo las personas", ha arrancado su discurso.

Para esta experta, esta revolución digital ha traído un cambio en nuestros valores y en nuestras aspiraciones: "Somos más diversos, estamos empoderados, nos hemos vuelto más exigentes e impacientes.Queremos otras cosas a las que aspiraba alguien hace diez años; han resurgido los sentimientos, los valores tradicionales, el hogar ha recobrado su importancia como centro de la vida, se ha incrementado la conciencia social e, incluso, nos hemos sentido parte de un colectivo. Hemos visto que las compañías pueden cambiar mucho y muy rápido. Hemos demostrado que podemos afrontar todo lo que nos encontremos", ha asegurado lanzando un mensaje de realidad y de optimismo.

El futuro lo ve híbrido, o como ella lo llama: FIGITAL. Este maridaje entre el mundo físico y el virtual se percibe desde la educación, que combinará fórmula presencial con digital, el ocio y el trabajo. "Las reuniones virtuales, las clases online o la misma interacción social online eran impensables hace apenas un año a este nivel y hemos visto que aportan grandes cosas, aunque el contacto humano es esencial y eso no lo vamos a perder". Tres ejemplos conocidos por todos ilustran su punto de vista. Son los casos de Amazon, Swarowski e Ikea, que han sabido entender rápidamente esta fusión de los dos mundos y adaptar su estrategia al nuevo orden.

Todas estas premisas tiene su reflejo en el mundo de los viajes, y de los propios viajeros, que cada vez tienen más en cuenta el precio, la sostenibilidad y la personalización. Optan por destinos nacionales, cambian la antelación de sus reservas y exigen estabilidad.

"Soy muy optimista con el turismo español y muy orgullosa de cómo hemos encarado los retos este año. Las empresas españolas tenemos que darnos muchísimo valor y seguir por el camino de CUIDAR tanto a nuestros clientes como a nuestro talento, nuestros equipos." ha concluido.

Destinos inteligentes. El teletrabajo como forma de vida

Hablando de teletrabajo, revolución tecnológica y nómadas digitales, un concepto recientemente acuñado sale a la palestra: los destinos inteligentes. Con ellos y de la mano de los mayores expertos del momento en la material `Conversaciones Condé Nast Traveler´ ha cerrado una edición cargada de nuevas ideas, tendencias y, sobre todo, de mucho optimismo hacia el futuro.

Para abordar este último encuentro, nadie mejor que Carlos Romero Dexeus, director de I+D+i de SEGITTUR, José María Ezquiaga, socio fundador en Ezquiaga Arquitectura; Mar Santamaría, cofundadora de `300.000 km/s´ y Raúl López Maldonado, concejal delegado del Área de Ordenación del Territorio del Ayuntamiento de Málaga.

No solo nosotros hemos cambiado. Nuestras ciudades también. Y todavía les queda un largo recorrido para adecuarse a las nueva realidad en su urbanismo, su arquitectura, sus infraestructuras de movilidad. Tecnología y sostenibilidad serán clave en esas nuevas ciudades inteligentes, más justas, más inclusivas y participativas, más digitales y más vivibles.

Lo primero que hay que hacer es definir qué es un destino inteligente. En una aportación conjunta y coral nuestros expertos lo han definido como "Un destino informado que transversaliza el turismo y la planificación; un destino resiliente, capaz de adaptarse a los tiempos, capaz de diversificar y monitorizar las necesidades de sus habitantes y visitantes; un destino capaz de proporcionar autonomía a los que recalan en él para hacer su trabajo o para desarrollar su vida. Un destino capaz de captar talento, además de ser sostenible, accesible y de gozar de buena gobernanza".

Para hacer posible todo ello, destacan la necesidad de abrazar la tecnología y el Big Data. En palabras de José María Ezguiaga, "Los datos nos permiten conocer y poder reaccionar. Aportan visibilidad y transparencia respecto a lo que sucede en un entorno, permite hacer más transversal el turismo y diseñar estrategias innovadoras para mantener la calidad de vida de las ciudades". "Se trata de aprovechar las bondades de estos nuevos usos, manteniendo la calidad de vida de una ciudad, como puede ser Málaga, evitando que se convierta en algo de cartón piedra, que no se gentrifique o deteriore".

Para Mar Santamaría, el urbanismo y el turismo estarán muy pendientes de la tecnología y el big data, ya que "Nos permitirá analizar los impactos positivos y negativos de los cambios que se van a producir en los municipios, compartir esta información-esencial- y mapificar la turistificación, convirtiendo el turismo en algo que nos permite actuar sobre la políticas urbanas y hacer que su impacto sea positivo y bien acogido".

Otra de las bondades que pueden traer los destinos inteligentes es la ansiada desestacionalización, especialmente importante en lugares como Baleares, que gozan de tres o cuatro meses de intensa actividad turística para luego ver reducida su actividad turística de forma sensible.

En palabras de Raúl López Maldonado, los datos, junto a flexibilización urbanística y normativa, llevarán a dar el último paso que falta en lo que a ciudades inteligentes se refiere: "Gracias a la tecnología y a los datos construiremos ciudades con más atractivos, que será tremendamente positivo a nivel urbanístico y a nivel turístico. Para ello es esencial que exista una flexibilización y una regulación que permita que se dé un uso compartido comercial y de vivienda". "Para hacer que la gente se quede en una ciudad y, así, desvincularnos de la estacionalidad, tenemos que atraer talento y generar potencial de infraestructuras que favorezcan espacios de coliving y de coworking".

Carlos Romero Dexeus coincide con estos puntos de vista y apunta a que los destinos están ante una gran oportunidad de construir entornos con buenas infraestructuras tecnológicas para atraer trabajadores de otros lugares y matiza que "la convivencia entre la experiencia vacacional y la laboral es clave. Para ello, hay que construir en las zonas tradicionales de sol-playa infraestructuras tecnológicas y físicas que den experiencias y aporten valor". Esto, asegura, servirá, además, para deslocalizar lugares y talentos.

Los expertos coinciden en que tenemos grandes casos de adaptación tecnológica en España. Destinos como Madrid, Barcelona, Valencia, Málaga o, incluso, Benidorm son buenas muestras de ello y ejemplos para ser positivos de cara a un futuro que ya nos ha alcanzado.

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