Cromo de Fofó perteneciente a un álbum de la colección infantil del autor del artículo, conservado con cariño durante más de 45 años. (Fotografía digital del original / Uso bajo derecho de cita
Cultura

¿Cómo están ustedeeeees?

Cuando la televisión también educaba: homenaje a Fofó en el 50º aniversario de su fallecimiento

Hay un pequeño "experimento" que he realizado muchas veces con mis alumnos de ESO y Bachillerato y que nunca deja de sorprenderme. Consiste simplemente en entrar en el aula con entusiasmo y formular una pregunta que forma parte de la memoria sentimental de varias generaciones: “¿Cómo están ustedeeeees?”. La respuesta no suele hacerse esperar, pues un sonoro “¡¡Bieeeeen!!” invade rápidamente la clase.

Lo verdaderamente llamativo es que la inmensa mayoría de estos alumnos nacieron ya avanzado el siglo XXI y, sin embargo, reconocen el saludo más emblemático del inolvidable payaso Fofó. Esto nos permite comprobar cómo existen determinados referentes culturales y emocionales capaces de trascender el paso del tiempo y de unir a distintas generaciones a través del recuerdo, la emoción y la sonrisa.

Este mes se cumplen cincuenta años del fallecimiento de Alfonso Aragón Bermúdez, Fofó (1923-1976), una de las figuras más queridas y reconocibles de la historia de la Televisión Española. Como niño que fui y como docente que soy, quisiera aprovechar esta efeméride para rendir un modesto homenaje a quien, sin proponérselo quizá de manera consciente, contribuyó también a educar a toda una generación de españoles.

Fofó: mucho más que un payaso.

Para quienes crecimos durante la década de los setenta, hablar de Fofó supone evocar una parte esencial de nuestra propia infancia. Junto a sus hermanos Gaby y Miliki, y posteriormente con Milikito, protagonizó uno de los fenómenos televisivos, culturales y afectivos más importantes de la España contemporánea: los inolvidables Payasos de la Tele.

Pero Fofó fue mucho más que un artista dedicado a entretener. Sus canciones, sus historias y sus personajes transmitían valores que hoy seguimos considerando fundamentales: la amistad, el respeto, la solidaridad, la ilusión, el esfuerzo y la capacidad de afrontar la vida con optimismo.

Nos hacía reír, pero también nos hacía pensar; nos ayudaba a imaginar, a soñar despiertos y a contemplar el mundo con ojos infantiles, es decir, con curiosidad, asombro y esperanza. En definitiva, fue uno de esos educadores emocionales que acompañan nuestro crecimiento personal y permanecen para siempre en nuestra memoria.

Cuando la televisión también educaba.

A menudo escuchamos que la televisión de antes era muy diferente a la actual. Probablemente sea cierto. Pero más allá de la inevitable nostalgia generacional, resulta innegable que determinados programas infantiles desempeñaron una importante función social, cultural e incluso educativa.

Los Payasos de la Tele formaron parte de una televisión que, en una época en la que únicamente existían TVE 1 y el UHF (o “2ª cadena), además de entretener, contribuía a la cohesión social y a la transmisión de valores, actitudes y formas de relacionarse. A través del humor, la música y la cercanía, Fofó y sus compañeros enseñaban a compartir, a ayudar a los demás y, sobre todo, a mirar hacia el futuro con esperanza.

Mucho antes de que expresiones como “Educación emocional”, “aprendizaje significativo” o “competencias socioemocionales” formasen parte del lenguaje educativo habitual, Fofó ya contribuía, desde la televisión, al desarrollo de estas capacidades en el público infantil de la época. Sin embargo, con la perspectiva que nos proporcionan los años, resulta fácil reconocer que muchos de aquellos mensajes favorecían, de forma natural y espontánea, al desarrollo afectivo y social de aquella joven generación.

No deja de resultar significativo que la actual legislación educativa, a través de la Ley Orgánica 3/2020, de Educación (LOMLOE), insista precisamente en la necesidad de favorecer el desarrollo integral del alumnado, prestando especial atención a las emociones.

Salvando las evidentes distancias históricas y educativas, Fofó y los Payasos de la Tele ya intuían hace más de medio siglo algo que hoy la pedagogía considera fundamental: que educar no consiste únicamente en transmitir conocimientos, sino también en formar personas.

Muchas veces he recordado lo que Fofó decía en una entrevista: “Dios me hizo payaso. A veces cuesta salir a hacer reír si estás enfermo. O triste. Pero enseguida hacemos un esfuerzo para que los niños no lo noten y se diviertan”. Esto es algo que los docentes hacemos a diario, pues cuando entramos en nuestras aulas, dejamos nuestros sinsabores y preocupaciones en la puerta y, poniendo nuestro mejor empeño, intentamos que nuestros alumnos no solo aprendan, sino que también disfruten aprendiendo.

Un legado que sigue vivo.

Hay figuras que, con el paso del tiempo, no se desdibujan, sino que parecen adquirir una nueva claridad en el imaginario común. Fofó es, sin duda, una de ellas. Medio siglo después de su fallecimiento, su presencia sigue apareciendo en conversaciones familiares, en recuerdos de infancia e incluso en las aulas.

Quizá ahí resida la verdadera grandeza de Fofó: haber conseguido algo extraordinariamente difícil, marcar un hito en el recuerdo compartido no solo como un artista excepcional, sino como uno de esos educadores que acompañan nuestro crecimiento personal sin que apenas seamos conscientes de ello. Porque educar, en el fondo, también consiste en dejar pequeñas huellas que otros puedan reconocer mucho tiempo después.

Para concluir…

Para mí, este recuerdo tiene además un origen muy concreto: la emoción de rescatar de un cajón un viejo cromo de la época que conservo desde niño. Sostener hoy ese trozo de papel es un viaje inmediato en el tiempo. Un regreso a una infancia en la que la ilusión se medía en tardes de circo, canciones compartidas y cromos intercambiados en el barrio.

Este pequeño homenaje nace, simplemente, de la gratitud hacia quien, desde “la tele”, acompañó la infancia de tantas personas y la hizo un poco más luminosa. Y quizá eso sea lo más importante que se puede decir de alguien: que, al recordarlo, seguimos encontrando algo bueno.

Cincuenta años después, Fofó sigue formando parte de esos recuerdos que uno no necesita explicar demasiado. Basta con evocarlos para que aparezca una sonrisa. Porque Fofó no solo fue un personaje de televisión. Fue, para muchos, una forma sencilla de aprender a mirar la vida con una sonrisa. Y mientras alguien lo recuerde así, seguirá respondiendo, de algún modo, a aquella pregunta que nunca dejó de acompañarnos: “¿Cómo están ustedes?”

Retrato histórico en blanco y negro de Alfonso Aragón Bermúdez, “Fofó” (1923-1976). (Imagen de archivo / Divulgación cultural)
El hombre detrás de la sonrisa: Alfonso Aragón
El cuarteto más icónico de la televisión española: Fofó (izq.) junto a sus hermanos Gaby y Miliki, y su hijo Fofito (abajo). (Imagen con fines ilustrativos / Archivo histórico de Televisión Española)
Monumento en bronce a Fofó en el Parque de El Retiro de Madrid, obra de Juan de Ávalos (1977). El recuerdo del payaso sigue vivo 50 años después. (Fotografía de archivo / Vía pública)

Noticias de Cultura

Ivansan, Reyes Santa y Matraca han sido los elegidos entre 247 candidaturas procedentes de toda España para optar a formar parte del cartel de la sexta edición

El artista canario cerrará el 13 de junio su gira en el Movistar Arena y presentará ""Algún Día"", un tema sobre los amores que permanecen ocultos